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| Nadie menos indicado que el propio autor para hablar sobre su obra. ¿Qué puedo yo decir de mis poesías de amor y de locura? Ellas son, finalmente, pobres flores huérfanas; aunque creyeron haber hallado en mi sombra y en mi soledad, madre generosa, cuánto temor se apodera de mi ánimo, cuántos sentimientos confusos me arrastran, si pronuncian mi nombre. Deseo huir de ellas, cuando las veo venir, hambrientas, a mis pies. Suben por mis huesos como hiedras. Bailan en mi alma no sé qué extraños ritmos. Celebran el amor y la maldad de una manera y un modo que no entiendo, pero que a la vez me complace.
Quise yo ser una buena mujer, una más del montón de las señoras piadosas, mas heme aquí, con mi evangelio torcido y mi canto convertido en escándalo por su culpa. ¡Por su culpa!
Las quiero. Todavía las quiero, sobre todo a la noche. Dicen las palabras que tanto quise decir. Por su vida mi existencia conversa con Dios y con los demonios. Me hacen caer en la tentación de la carne.
Estaremos siempre juntas, más allá de los siglos.
Creo en ellas. Y necesito creer que ellas creen en mí. | |
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Voy sin alas por el mundo. Considero que mi residencia es la patria Iberoamericana donde quisiera que algún día mis versos germinen espléndidos y haga que vuestros corazones se encaminen hacia un nacimiento de virtudes alejando las barreras que destrozan la amistad entre los pueblos.
En mis versos dejo entrever por medio de alegorías, que lo único creíble en el hombre es que pasamos la vida tratando de acrecentar los recuerdos para que nuestra vivencia física no sea olvidada, pero muy poco hacemos porque el bien sea el escudo que brinde protección contra los adversarios que rodean las mínimas acciones que realizamos. Hoy día podemos caminar dichosos por las calles de las ciudades que nos acogen. Mañana, por las mismas aceras, entre llantos que parten el alma; a la morada del silencio. Emprendemos una carrera incontenible devorando con frugalidad no muy largos años para luego terminar en una dimensión oculta.
En mis ofrendas poéticas, el hombre nace a diario en el cálido regazo inexpugnable de la tierra y se marcha de improviso recogiendo sus rastros presurosos donde irremediablemente el adiós derrumba la torre donde se levantaba el pedestal; de su gloria.
En mis entregas líricas, recojo la euforia vital de rayos fulgurantes que atraviesan el límpido azul del cielo, impregnado de energía liberada y hace caminar al mundo en su ruta indetenible y extraña.. En el blanco manto tejido con mis ficciones, abrigo todo el frenético embrujo que se pierde cada mañana cuando la ira cercena el cerebro. Todo lo resumo en versos; pueden hacer el milagro de romper las barreras de conciencias endurecidas y despertar nuevas auroras donde el hombre puede abrir los brazos con libertad y vivir de la grandeza divina en el edén terrenal. Sólo se perenniza el tránsito apurado de la vida, cuando las obras; aunque pequeñas, alguna vez arrancaron la sonrisa agradecida hasta del propio enemigo.
Canto a lo bueno de este valle trágico y ajeno. En mi no caven elogios a la maldad reinante. Sólo así, recibo los primeros rayos del sol plenos de júbilo y algarabía. Canto al terruño lejano, aquel que palpita en mi ser cuando lo evoco sumido en la nostalgia agobiante que da la distancia. Es el bálsamo con sabor a reminiscencias que ha quedado tallada en el árbol de mis mejores años; toda una historia que horada el cimiento donde reposan las más puras remembranzas de un pasado que hurga de vez en cuando en el presente y señala el rumbo del futuro.
El amor desfila en mis versos con toda su real potencia deslumbrante, con sus defectos y bondades que dan origen a las más grandes realizaciones del hombre. El amor es básico y fundamental como vía de escape e impulso que conlleva hacia el logro de triunfos increíbles, con lo que se justifica nuestra sublime procedencia como descendientes de un ser superior y que debemos emularlo aunque tengamos que nacer de nuevo. En "CON LOS OJOS LLENOS DE ILUSIÓN" le canto en poesía a los albores y atardeceres patria de mi infancia, cuna fraterna que fue lo primero que vieron mis ojos niños; y es donde resido y diariamente la contemplo extasiado de afecto maternal. | |
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Recuerda, último libro de Jesús Aller hasta la fecha, supone un regreso al poema, en verso y en prosa, y una nueva y madura incursión en las viejas obsesiones. Asistimos en él a un recorrido por la historia del Universo desde sus mismos orígenes hasta los acontecimientos que nos preocupan hoy. Literariamente, el libro supone un tratamiento poético de materiales tan heterogéneos y difíciles como las ideas cosmológicas o geológicas más recientes, la psicología budista o el discurso radical altermundista. Es un difícil reto, pero al final todas las voces y todos los discursos, y la conjunción aquí también de bellas fotografías, acaban construyendo un libro que destila una extraña y sugestiva unidad.
Frecuenten a este autor. Comprobarán que sus escritos nacen solo de una poderosa necesidad, más allá de la profesión o el entretenimiento. Y prepárense para afrontar, en verso y en prosa, altas dosis de intensidad, ese bien tan escaso hoy día en nuestras letras. No es esto algo que pueda despreciarse. | |
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Sin sombra es un poemario dedicado a la muerte del amor.
Intenta mostrar todas las facetas del poliedro de la pérdida: Pasar página (recomendación inútil y bienintencionada de los cercanos), Guardar todos los objetos (deshacerse de las cosas como si fuera una catarsis), Comenzar una nueva vida (¿es posible la vida más allá de la muerte del amor?), El duelo (el duelo, siempre el duelo, aferrarse a él), El grito: falta ella y falta todo (la desesperación ante lo irreparable), El tiempo de las apariciones (adivinar su figura en la calle, el delirio), Abandonar el duelo (¿el desapego es una traición?), El dolor de la pierna mutilada (el dolor de la ausencia, del vacío), El tiempo del delirio(el dolor produce fiebre, delirio), Escribir la carta de despedida (intento de despedida), Maldecir sus recuerdos (maldecir el mundo, universal e interno), Visitar el cementerio (enfrentarse a la muerte mas desmedida), Tu fantasma me acosa (las apariciones de un alma en pena), Tú que nunca volverás (la atroz confirmación) , Efemérides, aniversarios ( a pesar de todo el tiempo pasa).
Post-scriptum
Post-scriptum es una addenda, un epílogo, el intento de descifrar, la búsqueda de la palabra más allá de la muerte del amor, la constatación de que todo no está dicho, que aún queda una deuda pendiente, los poemas para el cuerpo no fueron escritos. Ha llegado el tiempo de no escribir poemas de amor, de desamor, es el tiempo de la palabra.
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Se dice que los poetas tienen siempre un único tema y que la proliferación temática que nos proponen sólo sería una estratagema para disuadirnos de poner en evidencia su íntima tarea, para persuadirnos de que su quehacer es una labor meramente humana. (...) El destino del poeta consiste en estar atado a un exclusivo dictum, a un único anuncio, a una sola e inefable palabra. Y las otras, las palabras que construyen el poema y los poemas que se suman en un libro y los libros que se multiplican serían únicamente instrumentos para encubrir y a la vez manifestar secretamente -es decir, subterráneamente- dicho dictum, dicha inefabilidad. (...) Precisamente, la poesía,-ésta que no es el poema- consiste en dar testimonio de perseverancias y fervores en la búsqueda de un absoluto. Detrás de las evocaciones, de las nostalgias y de la melancolía que postulan no sólo éste sino todos sus libros, la poética de Bao se erige como demanda, como grito antagónico ante la "tristeza primitiva" que nos acosa; detrás, mucho más atrás de las excusas temáticas persiste la reconstrucción de una memoria.
No emana propiamente de la infancia, su melancolía; tampoco de los chispazos de felicidad, su añoranza. La nostalgia que circula por sus poemas proviene de una ausencia que está más allá de la experiencia y de las apariencias de la vida; proviene de una memoria que nada tiene que ver con lo gozado o lo sufrido. Una memoria ancestral de lo ausente en la naturaleza humana, una memoria de esas "comarcas olvidadas", de ese territorio de donde fuimos desterrados. Las metáforas pueden ser memorias de un infierno terrenal, pero lo no dicho -el otro texto- refiere a un paraíso. A un paraíso por cierto no terrenal y, tal vez, definitivamente perdido. Este es el dictum que atraviesa la poesía de Santiago Bao. El poema -eso que se construye mediante una acumulación de palabras escandidas, aliteradas o rimadas- también está siempre en otro lado: sólo se genera en el acto de percepción, sólo aparece -se manifiesta- en la escucha de un oyente o bajo la mirada de un lector. De allí en más su rumbo es errático, incierto.
Tal vez sea por ese motivo que los poetas -tolerantes o compasivos- nos abundan de palabras para que, por lo menos, una o dos se nos incrusten en el alma. No hay otra; todavía somos demasiado humanos para acceder directamente a eso que ellos se obstinan en cedernos, a eso que ciertamente no puede ser comunicado con palabras: a lo oculto e inaccesible, a lo velado, a lo inefable. Y parafraseando a Bao diremos que ese aflorar de lo inefable es en "Despliegues" una música que brota del fondo de los días, la espuma que derrama el otoño sobre los cántaros de la memoria, el tiempo y la distancia intacta y la luz que encandila el principio del arca de los retornos. Los poemas que componen el poemario son el azogue de esa memoria que revive el desamparo que sintió de niño, esas "tizas de colores de cosas que todavía no se habían ido del todo y se incorporaron a las frías sombras de los desvanes o los sótanos umbríos". Bao quiere abrir las puertas de estos lugares recónditos del alma donde hibernan los recuerdos, y desplegarlos corazón en teclado para compartirlos con sus amigos. Bao es consciente de que en el desierto del dolor moran el olvido y el silencio, de que "siempre habrá cosas que nunca dijimos, que cuelgan del destino como murciélagos de polvo, palabras, larvas de la memoria". Por eso, "Despliegues" es uno de esos "libros en la niebla", una calima de palabras que pretende envolver a todos esos náufragos, "amigos que extravían para siempre la tabla del sobreviviente". Él ya oyó "los truenos sobre el río de la memoria" y anhelante espera a la "lluvia que disipará la última lágrima".
Jorge Saboya / Adrián Arza | |
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Mauricio Bernal Restrepo presenta en este poemario toda una teoría social, desarrollada en diferentes sonetos. La temática es variada, aunque todas las cuestiones confluyen en la reivindicación de la libertad y la dignidad de los individuos humanos, así como de la justicia social para su gente y la paz para su pueblo. Él lo explica de esta manera, como no, por medio de un soneto:
"Gracias os doy mis señores por gesto queredme escuchar
estos sonetos amados que mi alma volátil gestó con placer
algunos de ellos algo alocados seguro os harán conmover
porque esta cabeza que tengo jocosa a veces intenta mofar.
Es mi discurso expresión de un pueblo que quiere soñar
con pacto sagrado que busque la forma de bien compartir
acuerdo sensato que deje la vida querida sonriente cursar
a tiempos de gloria que presto deja la forma de bien dirigir.
Estos mis versos amados a todos vosotros os quiero ofrendar
muchos de ellos poquito discretos es mi deseo podáis digerir
en caso contrario a todas las musas de cierto yo debo culpar.
Contento me siento en este momento por causa tan especial
este compendio que en mí ha nacido feliz terminé de escribir
aquí os lo dejo podáis evaluar y gracias por trato tan fraternal".
Bernal escoge el tipo de estrofa del soneto porque entiende que es el idóneo para su propósito de denunciar el sufrimiento de las personas que padecen en sus carnes los embates de la pobreza, la indigencia, la violencia política, el menosprecio cultural y la injusticia social. Esto insinúa al menos en el soneto titulado "Sonetofilia". Y es que él quiere ser embajador de su gente, como reconoce en el soneto "Anhelo", y pretende proclamar a los cuatro vientos la situación precaria de la población colombiana, sus ansias de paz y concordia social, su orgullo herido de pueblo trabajador y noble y la necesidad de un futuro cercano pleno de felicidad para los más desfavorecidos. | |
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| En estos penosos días todo es duda. Todo es miseria y escalofrío como el perfume déspota que hace que todo se me escape o tema más que el yo, mío, desconocido, pavoroso, inclemente y dócil. Asesino, el poeta, a veces, es un asesino, pueril y misterioso, Caín y esplendoroso. Pero el enamorado es el dócil. Y el poeta el infértil. El que no produce y como el monismo, Dios, crea, destruye, pero crea al fin. Ya no siento nada o todo está poetizado y ya no hay espacio y ya no hay quien escuche, quien grite feroz como la flor original en el vacío. La flor, la única flor: la idea de la muerte hermosa. Sin embargo he vivido y me he trasformado en todo lo que no he querido. Porque todo ha sido pérdida, abandono, desesperación, fruición de aniquilamiento en amor, dádiva o violación... y hoy sólo puedo beber, fumar y tomar lo que no es mío; mujeres que destruyo o finiquito por ahogamiento de coral. Y me gustaría cambiar u olvidar, viajar y respirar, morir o renacer. Ya no me alcanzo para dilucidar el verso que me hizo nacer. El que me hace reparar mi propio o nulo superrealismo. Soy ya una abstracción de mi otro yo, florido, el olvidado y así he escrito el libro que parece estar completo, "Nave ilegal", bajo el seudónimo de Gregorio Block. Esperando se aquilate alguna original inspiración o perdición no mía. Porque ya quiero, o al menos trataré, olvidar eso que alguna vez desvestí como poesía. Todo lo que me hirvió al contemplar la desnudez con mi primera erección ... | |
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El fin de toda la obra y de su parte es también múltiple, es decir cercano y remoto; pero omitiendo sutilezas, digamos brevemente que el fin del todo y de la parte es detraer a los vivos del estado de miseria en esta vida, y conducirlos al estado de felicidad. Finalmente el género de filosofía en que se desarrollan el todo y la parte, es la moral práctica, o sea la ética: porque toda la obra y sus partes no fueron hechas para la especulación, sino para la acción. Porque aunque en algún pasaje el tema se trata en forma especulativa, no es por especular, sino por el obrar; porque, como dice el Filósofo en el segundo de la Metafísica "por sus propios motivos inclusive los prácticos especulan algunas veces".Todos los hombres naturalmente desean saber. La razón posible y real de ello es que toda cosa, de su propia naturaleza impulsada por la providencia, está inclinada a su perfección propia; por donde, dado que saber es la más acabada perfección de nuestra alma y en lo cual reside nuestra suprema felicidad, estamos todos naturalmente sujetos a desearlo. Y ahora decir quiero, así como yo lo siento, qué es gentileza, y de dónde viene, y diré las señas que el hombre gentil tiene. Digo que toda virtud principalmente viene de una raíz; virtud, digo, que hace al hombre feliz en su obrar.
Ese artista convertido en hombre eres tu Roberto Carlos Canto García, que con tu extraordinario talento, te has transformado en ese ángel soñador, que cautivas con tu mirada escrita en la oscuridad, y que resurges de lo más profundo de la adversidad áspera, solo para resaltar que tu hábitat natural, siempre ha sido aquel manantial de luz, que siempre te ha caracterizado.
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En estos momentos donde la materialidad ha eclipsado casi en su totalidad la expresión de la espiritualidad. En este mundo cargado hacia la acumulación de riquezas, la metafísica es cosa de unos pocos. Roberto Canto en estos relatos fantásticos nos sumerge de nuevo en esa parte de la subjetividad humana que es el estar ligado a la inmaterialidad, a la creencia en un ser supremo que da y guía los destinos del universo. Nos regresa a nuestros orígenes. Este presupuesto que se antoja para muchos, parte de un pasado, en Roberto Canto es una flama viva, llena de pasión y de emanación inagotable. El autor aborda estos temas lleno de la fortaleza acumulada a lo largo de los años. Del contacto con lecturas de clásicos de poesía y de la literatura religiosa. Me recuerda a los autores del medioevo español donde la alabanza es una forma de agradar a Dios.
También se asoma a las profundidades de la mente de los humanos y en su relato “El Faraón” nos muestra facetas existentes en una misma persona que es victima y depositario de las almas que habitan en cada uno de nosotros, así el intelectual choca con el tirano y el santo, se solaza en el artista y sufre su propia oscuridad.
Me remite al texto “El lobo estepario” donde Hesse de manera magistral nos muestra a un personaje atrapado en la lucha de sus dos Yo, el hombre y el lobo. Acá Roberto Canto nos muestra cuatro facetas de un mismo ser y Hesse nos dice en su texto “Pobre Harry cree que tan sólo son él y el lobo, no sabe que el hombre es una cebolla de cien telas” Somos muchos durante el día, durante nuestra existencia.
Por otro lado, las reminiscencias del lugar que le ha dado cobijo durante su incipiente existencia, lo ha impregnado del misticismo que conlleva el vivir bajo el manto de la Virgen de la Candelaria. Quilá es un pueblo de magia, la cual se palpa en sus esquinas, en sus aceras, en su gente… Canto se inspira en él y evoca innmumerables recuerdos en honor a su tierra. Es delicioso ir tocando uno a uno de éstos, ya que muestra que la felicidad está al alcance de la mano y por no darnos cuenta la buscamos con denuedo sin saber que habita en nosotros. Está en comprender una a una las pequeñas cosas de la existencia misma.
Dr. Nicolás Avilés González | |
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Palabras al dente.
Al reunir estos versos en un poemario vino a mí primeramente la idea de ordenarlos, pero inmediatamente quise creer, no supe, que aquellas “medidas en porciones” finalmente podrían terminar siendo ingredientes para añadir a gusto en un platillo o inventar una receta que tal vez el lector, corriendo yo con buena suerte, acomode dentro de lo exótico. Como la vida misma, para plasmar derroteros e inquietudes, en cada soliloquio hay un sabor, una probada al dente o aquel aroma inserta en la invención del momento, una sinopsis, una presentación del intervalo, ese pálpito inefable que se movió en mis dedos cuando el alma aderezaba un no ser yo. En cada momento que fui alma y piel en ingredientes, ignoraba si aquellas proporciones podían ser o no accidentales para una final fusión; me llevaron puede que sin quererlo y queriendo a la vez, a lo inasible, ahora a la feliz degustación de haber intentado una búsqueda para engendrar sabores, que por texturas llevan las de un alma tan ligada a su tierra y sus costumbres, las de un tiempo tan extremo e incertidumbres, y las de aquella cortedad ligada a la eterna magnitud de cada tiempo. De mi parte lo incompleto y en lo insólito sería decidir por lo contrario ya que afortunadamente un escritor es casi siempre fabricante inconforme. Quizá la suerte me permita intentar la imagen, la apariencia de aquel chef que quiso no perjudicar aún más una receta con nuevas volteretas y dejarla reposar; así el propio comensal decida, si se atreve a juzgar (por favor, no tan severamente), si es o no grata al paladar. Por lo pronto me limito, como el ama de casa que también me habita, valerme de este puchero pletórico de mar, islas, ríos y palmeras, de sentimiento, amor y dolor, para entrar en sus casas y dejarles sobre las mesas de sus ojos, este No soy yo, aunque tal vez puede y no deje de ser todo lo contrario.
María Eugenia Caseiro
Ciudad de Miami, enero 2008 | |
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| La poesía de Susana Cattaneo es una transcripción en palabras de los sentimientos primordiales de todo individuo en su condición de ser humano. Es el relato de un enfrentamiento vital, íntimo y sincero con su circunstancia existencial, que en "Musgo en el sol" se traduce en un cara a cara con el dolor que producen en el corazón las heridas del paso inexorable del tiempo y, sobre todo, con la angustia que genera en el espíritu su consecuencia insoslayable: la muerte. Como dice Yadi María Henao, Susana Cattaneo "descifra la geografía de lo innombrable". Sí, ella misma reconoce en un poema de este libro que afronta el acoso de "los muros que esperan la noche para entrar al vacío", de "las nervaduras de los visitantes oscuros", de "los barcos que parten con proas de leche y pies sin sandalias", de los "muertos intranquilos desde tumbas de arena", de los "búhos en vigilia con pupilas de azúcar", de la "estrecha calle de la ventura tapiada de esperas", del "brillo de lagos que invaden sequías" y de "la sed teñida de aguas negras". Ciertamente su empresa se antoja titánica, pero al final resulta victoriosa, porque logra sacudirse la zozobra de una soledad atávica y la frustración de una poquedad "mensajera de agonías que teje velas de navíos anclados en un lugar sin tiempo. | |
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| Para Juan Pedro Cerrato, la poesía más que literatura es un sacerdocio, una actitud ante la vida. A los 40 años creyó que estaba preparado para escribir un libro, y de ahí salió su primer poemario "Sentimiento de soledad y belleza" que ha publicado en Internet. Sus poemas cortos -extraídos de este libro- se refieren a paisajes marinos, guijarros, cruces de piedra de los caminos, barcas, casas abandonadas árboles y ramas, lagartijas... Todo lo que le sirve para expresar su meditación sobre las esencias de los seres y las cosas. | |
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María Victoria escribe a partir del repentino fallecimiento de sus abuelos, Zoraida y Cayetano, para restaurar la palabra en donde la palabra está herida en su ser.
Su poesía obra como un llamamiento: es la ausencia o la herida que deja en nosotros la muerte, es la muerte que conlleva decir el propio nacimiento. | |
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La intervención del deseo de la creación literaria no es un dato nebuloso, abstracto, sino que es una de las raras nociones que permiten iluminar una forma de producción. Esto lo vio con claridad René Char quien en uno de sus aforismos define al poema como "el amor realizado por el deseo que ha seguido siendo deseo".
"Al ojo de un cormorán" de Miriam Fuentes acuerda en lo medular con esta poética en tanto el texto está vertebrado por la tensión amorosa. Edificado en los límites de un eros harapiento, anhelante, la búsqueda del objeto amado se invierte a la hora del encuentro: "Sin herirlo lo dejo /insomne /con la experiencia y el mañana/Me voy porque cada día es uno/creyendo de antemano/que las presencias difícilmente cicatricen/al ausente/ y que de ningún modo renunciaré al ojo de un cormorán". En toda escritura de género debemos rastrear la "doble voz". Hay una voz en sordina que deja en la superficie textual las marcas de un sujeto que disuelve una identidad social sobrecargada de mandatos y deberes para proyectarse en otra distinta que es básicamente reformulación (Alicia Genovese). Como mujer Fuentes torsiona el discurso dominante y hace de la representación un campo de batalla donde se enfrentan dos cosmovisiones la femenina y la masculina. Situacional iconoclasta, la mano que se niega a escribir con una pluma-pene inscribe un palimpsesto que brota de ese "continente negro" que es "Instintivo movimiento/hendidura y preguntas/tantas preguntas por desesperar/¡Urdir interrogantes es cosa mía/".
Este extenso poema que por ciertas marcas parece responder al género epistolar nos recuerda la simetría pasional de la monja portuguesa. Pura tensión de flecha lanzada hacia un ausente, paradójicamente revierte su tropismo en boomerang: la búsqueda del amado invierte su dirección y deviene introspección, desnudamiento de un yo enamorado, inquisitivo, polémico. | |
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La poesía en Hispanoamérica ha tenido en casi todo su desarrollo la marca del grito, la marca de la urgencia, este llamado fue un pedido de atención al lector, al hombre hispanoamericano, para que abra sus oídos y su corazón a una realidad que no debe dominarlo. Quienes hemos vivido en este Norte argentino, donde campea la resignación, difícilmente podamos escribir una poesía ajena a ese grito.
Miriam Fuentes en este poemario no solo demuestra que se hizo cargo de las tensiones humanas, sino que además ha encontrado un modo original e intenso de decirlo.
Este poemario puede definirse como poesía de la cornisa, aquí los hombres y las mujeres aparecen como eternos equilibristas en el circo del mundo, acosados por la contingencia en un mundo injusto y decadente. El referente es un espacio de la realidad con pájaros, árboles y mangos, que se presentan en el poema a través de imágenes caóticas y en mutaciones permanentes.
La palabra, entonces es el reflector que desnuda los detalles, construye, colores y sonidos que se apiadan del mundo, lo comprenden, lo aman y lo padecen.
Gatos, palomas y lagartos pueblan este libro, con su valor de referencia, pero también como símbolos del movimiento, de la vida y del deseo. Ratas, mariposas y moscas son también elementos de imágenes que sorprenden y de una adjetivación para nada convencional. La voluptuosidad y el hedonismo que saturan el texto no alcanzan para ocultar la enorme soledad del yo, que ve al otro como una angustia que acosa y como una realidad insaciable. | |
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Miriam Fuentes nos sorprende con este poemario, escrito a impulsos de una necesidad perentoria de participar a los lectores la intensidad de los latidos de su corazón, la grandeza de su amor a la madre tierra, la infinita alegría por la suerte de vivir, la esperanza en la magnanimidad de los seres humanos y su visión íntima y entrañable del mundo. Según la propia autora, el libro no satisface todas sus perspectivas de logro poético. Responde a su espíritu femenino de urgencias, razón por la cual puede parecer irregular y carente de mordiente, como si le faltara dar un giro o alcanzar el punto justo de retorcimiento y corrupción. Esta apreciación de la poetisa es consecuencia de su eterno descontento con los resultados de su actividad creativa, del obsesivo afán de autocorrección, pero no se corresponde con el tenor de los treinta y cinco poemas que componen la obra. Porque los textos que Miriam Fuentes presenta en "La giralda" son genuinos diamantes poéticos de muchos quilates. Traslucen sinceridad y espontaneidad a raudales. Y son la muestra de una poética auténtica y peculiar. "Soy una gota original" afirma la autora en el último verso del poema "El temporal". Y, también en el último verso del poema "De ver tantos sombreros", añade: "Agua fresca para los que caminan". Indudablemente lo es. Aún así, reconoce que afrontó su tarea creadora entrando con la boca seca al dominio del viento, poniendo de manifiesto la dificultad que entraña abordar la realidad de la propia conciencia. Con todo, lo cierto es que su fuerza interior venció los embates del ciclón de las pulsiones, el temor y la incertidumbre, y manó un torrente de extraordinarios versos. A veces son bocanadas de espanto; a veces, pálpitos de libertad sin mesura; a veces, globos de colores pinchados; a veces, alas rotas de mariposa; otras veces, estertores de una muñeca de trapo abandonada en una esquina del desván; otras, súplicas al viento; otras, brindis al fuego de los besos futuribles; otras, apretones de manos; otras, esquelas de sueños agostados; y otras, lágrimas vertidas a un papel en blanco. En fin, Miriam Fuentes ha cumplido su palabra, y ha sido esa giralda que nos ha mordido los corazones desde el suburbio, tal y como prometía en los versos del poema "De ver tantos sombreros". | |
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Esta mujer de ojos lejanos llegó desde el asfalto y se quedó en Vespucio, el pueblito del tártago. Puso su corazón sobre la tierra.
Y renació "preñada del verdor del abismo, del polen del follaje" cantando su amorosa canción.
No hay nada frío en ella, nada superficial. Es una poesía que se derrama como un jugo de granadas en los labios, como rocío o sangre," sol madurando el monte", intensa, visceral.
El suyo es un lenguaje carnal y desgarrado, "empapado del sexo de, sudado de aguacero, saliva conjugando los huecos y los labios".
Y "para que lo poco no nos baste" juega con palabras "parecidas a cuchillos brillantes".
Es un torso desnudo de mujer interpelándonos, con "una mirada inquisidora y ardida, furiosa de pena hasta la realidad".
Nos habla de mujeres en la noche, con su "alcancía silenciosa de entrepierna", de Pedro, el ferroviario, el que" guardó recuerdos en su saco como boletos inauditos que vendió" y ahora tiembla, con un telegrama de despido entre las manos.
Ha "perdido detrás del cementerio ser heraldo d peligrosas inmundicias". Le pesa "lo que duele en los zapatos de otros".
Usa de la severidad y la ironía, pero sus ojos como los de los ciegos, mas que mirar parecen ir palpando a los seres. Sabe que detrás de las mascaras habita la materia dolorida, despojos, cielos rotos, huecos de soledad. Y ella les va lamiendo la tristeza como un perro a su dueño.
Pero también celebra "las voces de la aurora", los fuegos que se encienden en los ojos de un niño, la rama desnuda del lapacho en flor.
Canta "la condena de esta maravilla".
Camina con "la piel húmeda como un rezo... tapándose los dientes para cuidar los besos", alucinada y tierna. | |
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"El árbol de la memoria" es un conjunto de poemas producto de distintas épocas en publicaciones de diferentes libros de Guillermo Ibáñez, quien afirma:
"La edición conforma un corpus y es definitiva, después de sucesivas correcciones, a mi entender necesarias, para esta antología que en cierta forma es, en su totalidad, mi trabajo poético hasta el año 2000". La reunión de poemas de las distintas etapas de la obra de Guillermo Ibáñez se hacía necesaria. En las condiciones de conocimiento por parte de los lectores de poesía en Argentina, nada más proclive al error que conocer a un poeta por sólo un libro o un par de libros. Más aún en el caso de Ibáñez, que se trata de un poeta complejo cuya obra posee un desarrollo no lineal, caracterizado por recurrencias y superposiciones; que además, la suya está parcialmente dispersa en publicaciones y volúmenes colectivos.
Por su fecha y lugar de nacimiento, nuestro poeta debió haberse adherido a los parámetros del creacionismo o, mejor aún, del cotidianismo. Con el primer nombre hemos preferido designar a la corriente que suele identificarse como "Segunda generación vanguardista", o "Vanguardia surrealista". Pero nuestro apelativo connota inequívocamente para mayor claridad la relación de estos poetas con las teorías de Vicente Huidobro: "no cantéis la rosa, poetas/hacedla florecer en el poema", que sirvieron de principio rector para la corriente y la distinguieron del vanguardismo primigenio, que otorgaba a la poesía un papel más restringidamente celebratorio.
G. Ibáñez nace en Rosario en 1949. Al llegar a la adolescencia, cuando empiezan a dársele los primeros poemas, termina de florecer el creacionismo rosarino, ciertamente algo atrasado con relación a movimientos porteños como el invencionismo de Edgar Bayley o su posterior decantación en los poetas de "Poesía Buenos Aires", liderados por Raúl Gustavo Aguirre. Para entonces, autores como Aldo Oliva, Alberto Carlos Vila Ortiz, Rafael Ielpi, Elena Siró o Armando Raúl Santillán -precedidos de Rubén Sevlever, que hace de nexo con la sensibilidad anterior, la de la Generación del 40-, ya están publicando revistas literarias, y dando a conocer sus primeros libros.
Pero simultáneamente otros poetas, de la misma o parecida edad que él, circulan por bares y foros culturales de la ciudad, defendiendo una sensibilidad distinta: si los anteriores se han beneficiado con la democratización cultural aportada por la bonanza económica que aprovechan los sectores medios y humildes, éstos viven esa democratización como natural, y proyectan los valores antes privativos del libro a los géneros despreciados de la historieta, la canción, la novela policial y de ciencia-ficción; y odian el tuteo en la narrativa (aunque difícilmente se animarán a suprimirlo de la poesía). La corriente que van a generar ha recibido nombres como “cotidianismo”, “coloquialismo” o “generación del70”
Eduardo D´Anna
En la misma medida en que lo han hecho otros autores, la obra de Ibáñez, todavía sigue situándose -como la de tantos poetas rosarinos- en ese lugar lateral que caracteriza a los textos «inapropiables», para los aparatos culturales dominantes. Pero esa marginalidad (o excentricidad, o incluso excesividad), respecto de tales aparatos, tal vez sea el lugar que mejor le cuadre a una poesía como de este poeta, puesto que su lenguaje y los asuntos que trata, difícilmente podrían ser recuperados por una perspectiva que consagra lo obvio y lo común".
Roberto Retamoso | |
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"Voces de la palabra" lugar de aserción, de la interrogación o interrogación de la aserción misma. "Sombras sonoras" metáfora que circula como un río (siempre el mismo, siempre otro), que se baña en su propio reflejo creyendo encontrar al Padre, al otro, a Narciso...
Búsqueda de un tiempo primigenio edénico donde "El hombre ha descubierto/la voz que lo hermana/escucha desde lejos/entiende la distancia/El hombre es todo voces/silencio, todo
alma".
Pero también la palabra desprendida como de un pentagrama cósmico "Miro/desaparece Maya/pero lo sólo visto/no ilumina el
centro"; la caída, las infinitas imágenes especulares siempre otras, distintas de esa letra original olvidada, enterrada en su propio lecho, la mirada, mirada desde otra orilla, la caída, la enajenación de la propia subjetividad.
"El uno/ ido en otredad /no se alcanza/ nunca más"
La grieta como marca original de la caída, brecha por donde transitarán las palabras una detrás de otra, reflejo del reflejo como gesto agónico en su doble acepción: tensión del hombre con su palabra y como vano intento de una (descentrada) esperanza:
"esa imagen/estimado Freud/ es insuperable/. Sin espejos y despojo/ todo el inútil/."
Pensar la palabra como cuerpo viviente, como zoon de acuerdo a la concepción platónica: La palabra como pulso, ritmo del universo, floresta y floración: arbórea escritura donde la dicho está siempre por decirse y siempre por olvidarse. Poesía de soledad o de comunión, al decir de Octavio Paz: ¿dónde el límite del gesto y el acto del poema?. Palabra casi secreta, casi inaudible, madre de todas las palabras que trama su propia figura que forma una constelación donde la voz íntima se esparce en ecos y resonancia donde la voz se multiplica hasta parecerse a sí misma pero esta vez dicha por el otro.
Comulgar con el paisaje es en "Sombras sonoras", comulgar con la palabra, asistir desde la palabra al nacimiento del poema, contraponer el devenir "humano, demasiado humano", al misterio de la rosa "que esta en su eternidad y no en sus palabras" como dirá Borges.
"Las voces de la palabra- Sombras sonoras", recorrido de la mirada, de la voz serpenteando en cada poema como variación, como fragmento de una misma partitura; sombra chinesca que se agiganta y empequeñece, pero siempre sombra de la sonoridad, imagen de la sombra que asombra en voces palabras.
Ana Victoria Lovell | |
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La poesía de Gabriel Impaglione está marcada por un profundísimo respeto hacia los demás, o sea, hacia aquellas personas nombradas en los momentos de dolor y de desasosiego. Las vidas trazan una espiral de recorridos en su obra, que es -definitivamente- relevante, porque es humana.
La muerte es una presencia visible en sus versos. También las historias políticas, los sucesos mal nacidos que dejan desamparados a los hombres, las mujeres y los niños. Y además el amor, la claridad de los sentimientos.El mundo se instala en sus poemas que tienen, casi invariablemente, la calidad de una doctrina. Como los versos generosos de Pablo Neruda, sus poemas entran en la vida de todos los lectores.
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En este libro, en su profunda poesía, se nos describe en imágenes bellísimas o trágicas la vida del habitante natural de las tierras fueguinas: sus representaciones, sus creencias, sus formas de ver la realidad. No sólo es un libro para salir de nuestro mundo e intentar entrar en el de ellos, es un libro en busca de la sabiduría de quienes vivían tan pegados a la naturaleza y a sus apariciones sin huellas. Un aporte a la comprensión de todos esos mundos que fueron desapareciendo a medida que llegaba el hombre blanco.
Osvaldo Bayer
Un libro que le habla al pensamiento y al corazón de sus lectores. Un libro a contracorriente de las modas más urbanas de la pequeña escena poética. La construcción de un mundo y la fidelidad de quien lo escucha. Homenaje de un poeta cuya alma oye el alma grande de un pueblo al que persigue y ensueña. Un indio del norte, diría Lola Kiepja, a quien sus cantos han llegado, y lo acompañan en la dulce intemperie de la poesía.
Diana Bellessi | |
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| En esta obra Mario Meléndez nos ofrece su percepción del mundo. Mira las cosas, y hace que las cosas oscuras, fúnebres, enormes, sean luz. La luz de su mundo, de su poesía. Es franco consigo mismo, con nosotros, con el lenguaje. Dice las cosas que hay que decir, con absoluta astucia, con un aire de suficiencia, como que con su trabajo podemos salvarnos. Yen verdad, nos salvamos. Su forma expresiva es directa, o sea, en ella late lo que algunos han dado en llamar la direccionalidad del discurso, consistente en desusar las imágenes crípticas para asumir, inclusive, el lugar común, como un recurso nuevo y establecido que asombre. Este recurso es la metáfora insólita. El discurso de Meléndez es inaudito para muchos, pero siempre deja una dosis de enorme bifocalidad, de aquello que el lenguaje tiene en su matriz, pero que no todos podemos usarlo siempre, que es la connotación sobre el hecho denotativo. El enfoque de los temas sobre la unidireccionalidad pasa por todos los subtemas que sus imágenes entregan a lo largo de cada poema. Meléndez, por lo general, se aferra a un sentido primero que es la autocontemplación desde el poeta grande hacia el aprendiz, para terminar hablando del mundo en su substancia. | |
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La poesía es la maestría de decir el silencio, llegada inicial, abierta a lo que nadie dijo, aventura sin edad que conjuga el asombro con la experiencia renovada. El presente poemario culmina inauguralmente una extensa profesión de la palabra. Vivir, sobrevivir entre palabras, es el trasfondo de una escritura que alcanza de manera natural unidad de ritmo y precisión semántica. Si la poesía debe contar y cantar, estos poemas ponen el acento en el vivir humano con todas sus vicisitudes, desde lo más sencillo hasta las vastas reflexiones. Sería inconcebible sin un sujeto real de quien podemos adivinar su identidad, coordenadas y circunstancias.
La duración, el amor, la amistad, el instinto, la historia, la dimensión de lo social y el milagro cotidiano, son los temas disímbolos que transitan este libro. Más que ante un primer poemario estamos ante la decantación de una vida vivida, personal y literaria.
Exploración de asuntos y distancias, estos poemas indagan misterios que emiten sus señales en el tiempo. La conciencia los interpreta y cada vida desarrolla su lectura. El poema construye una apuesta de sentido a la existencia porque la salvación no está fuera sino dentro del sujeto que redime al absurdo. Laberinto y salida son producto de la persecución, acecho metafísico de la inaceptable finitud. Si preguntamos por qué un ser ajeno nos refleja en el espejo diario, la respuesta es algo más que la mera suma de acciones y renuncias que han labrado nuestro rostro siguiendo pautas desconocidas.
Desde la infancia temprana enfrentamos la radical interrogación de la nada. A merced de su imperio la pérdida fatal nos marca para siempre. Pero no es lo mismo contemplar un cadáver que ser testigo y protagonista de la lucha con la muerte. La agonía es un drama eterno, insoportable. Cataclismo de carne, incendio de entraña equina que no logra sofocar una lluvia de crines desesperadas, la muerte es animal. Sin sábanas, sin rezos ni drogas piadosas, el cuerpo vivo en carne viva se abre para alojar el sol nocturno de la muerte, cuyo deslumbramiento se graba incandescente en la memoria. El animal que somos sabe que va a morir y construye con arte y vida un testimonio tramado sobre el rescate de una trascendencia siempre fugaz. Una mirada amorosa recorre este poemario
"sin otro más allá que el robado al instante", creando una épica de lo cotidiano. Un humanismo a escala doméstica elude retórica e ideología para cobijar cualquier manifestación, porque nada de lo humano le es ajeno.
Iliana Godoy
El presente poemario arroja luz sobre piedras veladas por la cortedad de visión de los hombres de nuestro tiempo. Eduardo Molina y Vedia se habita a sí mismo y desde ahí busca penetrar en otra realidad para comprender lo que la vida significa. Se sumerge en la búsqueda a partir de la imagen infantil de una yegua insolada que parece la propia metáfora de la infancia, una patria que nunca puede ser abandonada del todo. Volvemos a ella o la miramos desde la lejanía de los años, e intuimos que la llevamos tatuada por siempre en el alma. Tiempo, recuerdos, memoria. Los afluentes de este río poético nos pulsan las cuerdas dormidas para integrarnos a una sinfonía de palabras que baña cada página. | |
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Si la poesía y la narrativa respondieran a parámetros equivalentes, yo propondría este subtítulo para las OC de Rolando:
novela de iniciación.
Es que, precisamente, y en tanto relato, se han puesto en marcha fragmentos de una historia personal, se ha establecido un diálogo con padres, novias, abuela, maestras, se han recorrido los espacios y las modas que cifraron un aprendizaje y una pertenencia adolescente. Pero el tema excluyente es el de las relaciones humanas.
¿Cuánto de seducción habrá en esta escritura? Por lo pronto, no la habitual, no la conocida y devaluada; y, desde luego, no parece casual la insistencia de su autor por licuar cualquier mirada complaciente. Dentro de un esquema donde el chiste, la ocurrencia y lo caricaturesco se despliegan con desigual fortuna, y más allá de los procedimientos que, consciente o inconscientemente, Revagliatti hubiere incorporado, una sombra deseada sobrevuela sus textos: la del lector estupefacto.
("Un globo ocular estupefacto", así concluye uno de los poemas, pág. 17)
(...) Mediante la vena amatoria, Revagliatti ensancha su registro desde lo que podríamos llamar su orilla más convencional hasta su ampulosidad más fervorosa. Subordinado al discurso coloquial (peripecial y/o lúdico) el tema del amor frecuenta su poesía, particularmente en las secciones
"El fotógrafo cargado" y "Espasmitos espantosos":
"Como": Qué bueno que el amor/ se imponga en el poema/ qué bueno que qué bueno/ yo te poemo como te amo/ te poamo (pág. 84).
"¿Tropezón?" (estrofa final): No me embauqués/ cuando no sea tu propósito hacerlo/ desprestigiáme de a poco/ ante mí/ prestigiáme de golpe/ tropezáte conmigo una vez/ que después siempre (pág.87).
"Obras completas en verso hasta acá" es un magnífico ejemplo de su forma de entender la poesía. En el poemario abunda "el sarcasmo, la ironía, el humor falsamente ingenuo, la burla, el trastocamiento... ES una atrevida apuesta literaria que huye del "espectro de la mediocridad, de la perduración en la repetición y del conformismo del gimoteo". Revagliatti prefiere desplegar el tránsito de los personajes de sus textos por las pasarelas de sus vidas, más que presentar las anécdotas que pueblan las mismas. El poemario está constituido por 4 secciones, a saber:
"Los papás queman", "El fotógrafo cargado",
"Espasmitos espantosos" y "El cirujano poetón".
En "Los papás queman" se perfila una época (los '50 y '60), las tiendas Harrod's y su descripción enumerativa, los paseos familiares, las preferencias infanto-juveniles, la consolidación de la sexualidad (complejo de Edipo mediante, ineludible), las posibilidades de nombrar la nostalgia (con no poca crudeza). El título de este capítulo, codificado por mi burdo intento de dilucidación personal, sería:
"Los papás cogen".
Pero hay joyitas como esta:
Diana Dors/ acerca sus tetas de nácar/ a mi sopa/ ¡Yeeeeeah!... Diana (pág.18).
"El fotógrafo cargado" alude a un extraño personaje en el poema inicial e inmediatamente comienzan a aparecer los nombres de unas señoritas de linaje vario. Ahh, las pasarelas del ojo poético..., niñas: esplendorosas como Constanza, inconsecuentes como Ana, instantáneas como Nora, anheladas como Eliana M. Cada una con su estereotipo, configuradas por un decir que las vive y reinventa.
...toda que es toda/ que si usted no la ama ni la deja/
es que ni la critica/ es que ni es/ usted/
y ella sí/ ella es toda.
(fragmento de "Constanza", pág. 36)
De "Espasmitos espantosos" habíamos adelantado algo. En este bloque de hacer el amor se trata. (El yo poético, fuertemente presentificado, no iba a perderse tamaña oportunidad, esa "graaan aventura", como reza uno de los poemas.)
Transcribo una curiosidad gramatical donde con eficacia se enlazan 6 verbos consecutivos:
...me toca saludarte/ emocionarte/ dejarte haciendo que te vayas.
La serie "El cirujano poetón" que cierra el volumen, a diferencia de las anteriores, ofrece una diversidad temática. Destaco especialmente
"La musa merodeadora" y "A la nostalgia", poemas donde lo poético logra una fuerte impronta existencial.
Otros textos apuntan a desestructurar el sentido con un trabajo directo sobre el lenguaje tal como se ve en
"La dexyuprilora" y "Cirú". El extenso y arrollador poema surrealista
"Mil novecientas ochenta y cuatro" responde a esta última propuesta.
José Emilio Tallarico.
Epílogo de "obras completas...",
(Texto adaptado por Adrián Arza) | |
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Con sus manos urgentes, acaba de encender el fuego, para la eterna fiesta de la fama evocando la madera multiplicada, el nido, las hojas, la memoria del pájaro. Él, enciende a dentelladas la fogata, se arrima, se coloca cerca, revuelve los olores del café con su último poema "Los sin Tierra".
Él busca el calor de otras hogueras y escribe a galope de desbocado, sin que nadie lo detenga. Acuñando todos los cielos, en sus dedos acerca mares, va de Barcelona a Brasil con la misma velocidad e intensidad. En su territorio crujen; llaves, trenes, asombros, callejones, y un viento que nos trae el olor del pan caliente, un teclado de leños resistiendo a las primeras lluvias.
Él tiene en sus manos la poesía, como a una mujer caminando por un húmedo bosque encantado. A esa suave piel, la acaricia bajo las circunstancias de los signos, porque sabe decir la palabra que lo habita, porque empieza a tener la certidumbre de una tarde de bermejas ciruelas, la certeza morada, que nos imprime como sello la locura, Marcelo a mano alzada, ha comenzado su safari, con la complicidad de una paloma mensajera, va descalzo en infinitas interiores, comparte los leños, a la misma hora que los amantes se encuentran bajo la misma mirada de un ángel. Ahora ha remontado vuelo, libre, planeando alto, más arriba de las luciérnagas, y en sus alas la belleza y la memoria del pájaro.
Miriam Fuentes, poeta salteña
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Luego será mañana (en otra habitación) se escribió el 16 de abril de 2006, casi siete días después de la desaparición de Claude Esteban y tres días antes de su cremación. Los poemas aquí vertidos deben su existencia a los versos del poemario
Quelqu´un commence à parler dans une chambre, publicado por Flammarion en 1995.
Cuando Jean-Michel Maulpoix le comunicó a la autora la muerte de Claude Esteban ésta se encontraba en plena relectura de su obra, tomando algunas notas para la preparación de una ponencia sobre su poesía que presentaría en un Congreso dedicado a este poeta, ensayista, traductor y, sobre todo, gran persona, que la Universidad Paris X-Nanterre organizaba desde hace varios meses.
En diciembre de ese año iba a conocer personalmente a Claude Esteban. Por desgracia esto no fue posible. Ni Paris, ni Nanterre, ni ella misma pudieron entonces, ni podrán estrecharle la mano ya nunca, pero su voz sí estará presente, ahora y siempre en el corazón de quienes le conocieron.
Luego será mañana (en otra habitación) es un homenaje al poeta, a su poesía. Por ello Ángela Serna ha querido dedicar las páginas pares a sus versos, incorporando en las páginas impares esos otros versos que, sin saber cómo, le visitaron un 16 de abril, casi siete días después de su desaparición y tres días antes de su cremación. Desde el 19 de abril de 2006, el cementerio Père Lachaise acoge sus cenizas. Descanse en paz. Este poemario es un brindis a su recuerdo, en el que Ángela Serna nos ofrece un sorbo elegiaco en su honor, una andadura íntima por la vida y por la poesía, a la que podemos dar comienzo con esas palabras suyas tan hermosas con las que clausuró
Quelqu´un commence à parler dans une chambre:
Tu étais si belle dans le matin
que j´ai cru que je n´allais pas mourir. | |
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Utilizando las alas de la imaginación que sólo pueden ser otorgadas por la poesía, María Elena Solórzano sigilosa se introduce al estudio de la pintora, la mujer de vanguardia y la amante que fue Frida Kahlo. Observa cómo sus manos trazan ágiles vuelos, ella misma es una mariposa que revolotea dentro de un vergel pletórico de colores, aromas, sabores, plantas y frutos.
Desde la poesía de Solórzano, Frida al igual que las mariposas, sufre una metamorfosis: pasa de ser la protagonista de una historia de dolor sublimado en la pintura, para convertirse en la libertad y la belleza mismas. Es mariposa y bruja oficiante de un vuelo gozoso.
En cada uno de los 37 cantos que componen este poemario, la escritora logra una insólita empatía con la pintora y la celebra más que como a un icono femenino del siglo XX. Solórzano pinta los sueños que Frida seguramente tuvo. La obra recrea la atmósfera del estudio de Frida cuando a solas, deja volar su imaginación y su pincel.
El sentido estético y el oficio de María Elena Solórzano como poeta, están presentes en
Fridamariposa. Es por ello que el poemario en conjunto, puede ser leído desde distintas dimensiones simbólicas y representa una muestra de la madurez de la autora.
Estela Guerra Garnica
Frida Kahlo utilizó la imagen de la mariposa por su múltiple simbolismo, lo cual posibilita diferentes lecturas e interpretaciones de su obra. La mariposa ha sido tomada como símbolo de libertad, de fragilidad, de encarnación de diosas y entre los mexicas eran sagradas, en las leyendas celtas se les mencionan como encarnación de hadas, también son mensajeras divinas o de presagios de bienaventuranza. Representan la liviandad y así les llaman a las mujeres que venden su cuerpo. Las mariposas negras anuncian la muerte.
Frida, pintora mundialmente famosa, fue como una mariposa: frágil y bella. Siempre le rondó la muerte, el infortunio. Convirtió su sufrimiento en arte y en su lecho de dolor se pintó a sí misma, para lo cual hubo de colocar un espejo encima de su cama y trabajar en un caballete adaptado a sus posibilidades de movimiento. Con todo, tuvo la fortaleza de volar con la imaginación,de cantar a la vida, de minimizar el deterioro físico cubriendo sus lastimadas carnes con hermosos vestidos típicos de México y de vivir intensamente. Fue una mujer de vanguardia que jugó a ser hombre y mujer y que buscó con ansiedad la otra mitad de su ser. María Elena Solórzano confiesa: "Todas las mujeres tenemos algo o mucho de Frida y queremos levantar el vuelo como las mariposas para probar todos los néctares y sentir esa libertad que nos da el sentirnos suspendidas en el suave viento de la vida o llevadas por las fuertes ventiscas cuando se desata una tormenta". No duda en reconocer que al realizar la obra sintió la primera frustración de Frida al enfermar de polio, la soledad, el afán de saber y de igualar a los varones más brillantes, el accidente que sufrió y que la dejó más lastimada e inútil que antes, esa sensación de sabernos polvo (nada), su determinación para vivir, su gran amor por Diego y la agonía de sus últimos días, que fueron terribles. Y todos estos sentimientos los vierte en latidos a los versos que conforman
Fridamariposa.
María Elena Solórzano/Adrián Arza | |
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Juegos de la memoria, poesía para
despertar al dormido, fosforescencia hecha palabras para encontrar la llave que
destrabe los cerrojos del olvido. Este libro nos desafía.
El ser del hombre habita en su memoria, casa de la existencia donde el recuerdo
es ese peregrino que necesita errar, vagar incesantemente para encontrar lo
perdido. Errancia perpetua en el poeta donde la creación -el gesto mismo de
crear- se convierte en otra forma de recordar, de despertar a la vida aquello
que siempre está en pugna con uno mismo. Y se resiste. El crear posibilita,
también, infinitas reconciliaciones. Como el recordar, que nunca es exactamente
aquello que sucedió. La memoria tiene sus juegos. Sus reglas intencionales y
desconocidas. Ningún olvido es casual. Recordar nos permite, al igual que el
crear, darnos cuenta que no hay clausura de la existencia, que siempre
habitaremos en el poema general del universo que es mucho más que el revés del
poema que leemos. Poema que se inscribe en un territorio otro impredecible y tan
real como el juego de los espejos, calidoscopio del pensamiento en la mirada.
Al mismo tiempo que un poeta escribe, le está prestando la mano, su voz, a
tantas voces y manos desconocidas que vagan por la tierra, por su mundo, que son
de todos y no admiten gobierno. En esa elección de vida, que es militar para la
poesía, aceptando la elección que le precede (porque la poesía es anterior al
poeta) el hombre testimonia el canto y el llanto de su tierra, de los otros. Hay
un punto en que su ductilidad es tal que una palabra respira el aroma de una
magnolia o un río incesante corre por la cadencia de su poema. Así va
apareciendo la historia de un poeta, de su patria, acariciando la tierra y la
existencia misma. Así nos desafía Reynaldo Uribe a pensar el mundo. Su firme
militancia por la vida le ha dado, entre otras cosas, la posibilidad del
pensamiento agudo, profundo, y esto aparece en la estructura general de sus
poemas por lo cual es algo mas que poesía escrita -palabra aferrada al papel-,
es palabra liberada de sus prisiones y devuelta al mundo con dignidad
resignificada.
Mónica Muñoz | |
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Heinrich Böll decía, refiriéndose a la situación de los escritores alemanes de posguerra: “Se debiera saber algo que es mucho más atinado, es decir: la búsqueda de un lenguaje habitable dentro de un país habitable”.
Una definición, que hoy continúa vigente en nuestra sociedad. “La generación más reciente tiene que trabajar con empeño, tiene que hallar la salida, tiene que hacer habitable este país también en el plano de la literatura. Un país es habitado y habitable cuando uno puede sentir nostalgia por él”.
Y yo pregunto, ¿quién puede añorar la última década de nuestro país? Pero tanto ellos (los sobrevivientes de la segunda guerra) como nosotros, hemos dejado —porque era nuestro deber para las futuras generaciones— testimonio del horror.
“A los que no pudieron escribir su último poema”. Así comienza resistencia, de Reynaldo H. Uribe: con una dedicatoria despojada de todo artificio; el destinatario implícito es el ausente.
El título coincide con el tema central de la obra: la “resistencia” que surge de parte del hombre aislado por la represión frente a una sociedad no elegida que lo oprime y margina; como contrapartida está la búsqueda, a veces infructuosa y otras desesperada, por rescatar la dignidad humana.
Este tema se desarrolla mediante dos ejes semánticos contrapuestos: individuo versus sociedad, que corresponde a la oposición eros-tanatos.
Los motivos que representan esa sociedad deshumanizada serán entonces: la corrupción (“No hay / un solo rincón / uno / donde la lágrima / permanezca intacta / limpia /ella”); el exterminio (“que devora los últimos poemas”), el amor degradado (“alguien quiere / que el amor / sea una rata...”); el poder (“cuidado nuevos dioses / con programar amaneceres...”).
En contraposición, aparece el segundo eje semántico representado por los sentimientos más íntimos de la condición humana: la lucha (“se puede / aún / resucitar el sol”); los sueños (“los sueños / de hoy / son pájaros / sin cielo”); la tristeza (“cuando vea una rosa / y esté solo”).
Poesía nominal, libre de toda retórica, utilización precisa de la síntesis. Emplea un lenguaje desgarrado, ícono de esa realidad. Intenta desde el plano de la escritura plasmar la represión vivida cotidianamente; para esto se vale de imágenes expresionistas como “alguien quiere que el amor sea una rata...” o “no sé / si prostitución / es abrir las piernas / o cerrar los ojos”.
Tal vez uno de los hallazgos más sorprendentes de resistencia es que en ningún momento menciona el referente real, sino que está implícito en cada palabra o frase del poemario. No hay protesta fácil sino un reclamo justo del hombre hacia el hombre.
Esta segunda edición significa, en este caso, mucho más que una cantidad de volúmenes vendidos; implica a un lector, a un coautor que ha sobrevivido, que ha elaborado su propia “resistencia”.
Ana Victoria Lovell | |
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Casa de vidrio es un poemario de Reynaldo Uribe. "Arte poética" inaugura la serie y presiona como el manifiesto lírico de quien ha rozado tierra firme y apuesta a defender ese lugar: Yo llevo tranquilamente / mi alma en un plato / al almuerzo de los años futuros. ¿Qué características rodean dicho lugar? Quizás el del cuartito de atrás -la metáfora le pertenece- donde las herramientas familiares potencian los trabajos más gratificantes. Allí se alimenta la resistencia. Resistencia a la intemperancia de una época, donde el ruido del mundo ha ensordecido la voz de las utopías. Resistencia a no dejar de ser uno mismo.
Parece oficiar como portada y cierre de los poemas que le suceden, y nos invita a un recorrido por sucesivas etapas o estaciones existenciales que se insinúan en el resto de la muestra lírica.
Su imagen poética dominante concentra el croquis de un proyecto ético. El alma=plato es una invitación, es circular como la amistad, proscribe la arista -siempre mezquina y discriminatoria-, tiene un centro, pero está abierta y disponible. Aparece como un exorcismo de todas las formas de la muerte.
Enhebran el resto de los poemas un mismo vibrar: la emoción se hace palabra, pero cuando lo visceral presiona busca la sentencia más clara. Ausculta sin concesiones, pero manifiesta con parsimoniosa calidez. Da vuelta en sus pensamientos pero no revuelve una retórica.
Su imaginación roza lo visionario, pero urbaniza sus escenarios significativos. Esta urbanización visionaria tiene un centro simbólico, la "casa materna", ese Paraíso perdido donde se respiraba la inmortalidad, que es sólo un apunte fugaz en el recorrido azaroso del existir humano como constante expulsión, hasta enfrentarnos con los límites del último umbral ("El riesgo de lo vivo").
Entre estos dos hitos -Paraíso perdido y "último umbral"- está la intemperie de las calles ciudadanas ("Otoño", "Poeta por la ciudad") en cuyas veredas se acumulan el saldo, lo descartable, el olor y el detritus de la soledad que es igual en todas las esquinas del mundo, cuando las ensombrece alguna injusticia.
En esta polis de los desesperados, desestimada por apresuramiento de los que tejen lazos en la polis de los satisfechos, la acumulación cierra toda garganta: Las palabras caídas / mientras tanto siguen allí en la alcantarilla / tapando las hojas secas que caen tapando / a las palabras que caen y nadie / está dispuesto a recoger. ("Otoño")Aquí aparece una figura fundamental: el testigo. El poeta alude sin estridencias a una misión, la de ser un militante de la memoria, porque puede reconstruir "ventanas" entre el ahora y el mañana ("Los testigos").
El mapa de la ciudad es una manera de situar y sitiar su morada, que no es sino el recinto de otro límite: "el espejo", duplicación del rostro y de su historia ("De espejos, poemas y suicidios"). La instancia del "espejo" es el tópico donde confluyen todas las preguntas.
Pero no deja de lado otros elementos protagónicos: los conspiradores, los monstruos, los fantasmas que anidan en la sombra o aparecen en distintas formas de opresión. Sólo el amor es el paliativo y el alimento de la resistencia. Porque amar es conspirar o respirar juntos, la forma más consistente de vibrar al unísono, de consolidar la fuerza.
Pero en este forcejeo entre esa plenitud amorosa -última y cristalizada trinchera de la resistencia- y la intemperie, donde asedian la soledad, la incomprensión, los fantasmas, los conspiradores, hay una tensa espera ("Alguien"). "Alguien" es un anónimo y azaroso paladín de la esperanza, "alguien" que pueda reemplazar al centrofoward que murió al amanecer, tomar su lugar y dar con la jugada certera que revierta la derrota de la justicia.
Reynaldo Uribe arquitectura sus imágenes con símiles de la construcción urbana: ciudad, calles, casa-morada, espejo, ventana, cerrojo, umbral. El lector percibe que es convocado a un recorrido que no le es ajeno, es su propio transitar desde el mundo hacia su soledad. El poeta señala al espejo como testigo o como barrera infranqueable, a la ventana como bisagra para pivotear entre la memoria y el futuro, pero sintetiza en la imagen del cerrojo tenaz ("Cerrojos") sus propias posibilidades liberadoras: encontrar la llave extraviada que se parece a una palabra.
Inés Santa Cruz
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Amórfor es un libro que se ampara en el acto puro de quebrantar o de cambiar algo mediante la ejecución. No hay nada pasivo. Porque no se entiende la ley o porque no se ve el límite de proseguir. Las consecuencias. Para este caso pecado y pureza son sinónimos absolutos. En esa mal entendida pero vital liberación que implica infringir una ley, humana o divina (para todo lo que no entendemos), por el "simple" hecho de ser naturaleza en naturaleza. O alguien le va a decir a una rara mariposa: Espérame en esa flor que voy a traer la cámara para tomarte una foto. Todo lo posible la naturaleza lo permite. Vivimos en el mundo imaginario y no en el real. Los versos están tan medidos que se tornan desafiantes para la forma en que pueden verse. Es mi manera de mostrarle al mundo que no hay nada que germine en nuestra mente y que no sea posible de realización. Y esto porque el estado de pensar también es una acción natural. De la naturaleza. De la filosofía si se quiere. | |
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El conjunto de poemas que he titulado Facción de imperdido al arte resuma en el descontrol. En ese orden "aparente" que nos envuelve por reconocimiento. En la pérdida de ese orden para ver otros. Se revela la probabilidad de ya no creer en nada. Ni en vida ni en muerte. Se desarrolla las antípodas de nuestra especie para ver por los ojos de otros hombres más distantes, más fuertes, más imaginarios que nosotros. En camino a la última guerra, el sempiterno atardecer. Y tal vez alguna lograda libertad.
La escenografía de espejismos que articula Facción de imperdido al arte enfatiza la batalla contra las sombras de una mecánica impuesta por códigos inútiles, por ineficaces programas que sólo recortan los innumerables puntos de mira ante una realidad asfixiante y caduca. El libro invita al lector a ser partícipe de un esquema liberador de potencias interiores para derrocar la falsa validez de lo visible, para celebrar nuevamente la contradanza frente al fuego y los elementos, para por fin "revivir el inconsciente una y otra vez
atropellado". Chrystian Zegarra
Un mundo de violencia verbal atraviesa el libro de principio a fin... El poeta sufre y ese sufrimiento lo hace escribir los poemas que ha escrito y que nos conmueve, precisamente, porque luchar por la justicia forma parte de una moral o de un estilo de vida que permite transformar las cosas a imagen de lo
deseado. Enrique Verástegui
Salomón Valderrama Cruz es un poeta 'víctima' del torrente, de la incontrolable inundación en que nada, se hunde, traga agua, palabras, barbotea y se deja arrastrar por la visión desesperada de decirlo todo. Saludo a un nuevo poeta... que ya era hora de relevar la guardia. No es egoísta, sino generoso como su propio vendaval poético, incluye en el anaquel de su historia a todos los que puede -quiénes algún día se felicitarán y tendrán que estar a la altura de ese honor. Sigue soñando poesía, poeta, me has alegrado la
vida. Cecilia Bustamante | |
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Silencios es una introspección caleidoscópica en la conciencia del autor, que se revela en una expresión poética de su interpretación del mundo. Es un diálogo íntimo con los seres inertes, esos seres sin vida que forman parte de nosotros mismos, y que es necesario mirar, sentir y pensar para conocernos mejor. Así, por ejemplo, un viejo zapato informe tirado en la esquina de una acera es algo más que cuero amorfo, es la manifestación del sin sentido de un objeto inútil. Sugiere la soledad y el abandono de quien ha perdido su pareja, aunque también nos permite imaginar las veces que fue charol en el que se miraba la luna. Una concha vacía que arriba a la playa es una tumba en el cementerio de las conchas, mas pronto se convierte en el hogar de un cangrejo solitario. Una pequeña piedra perdida en cualquier camino es ciertamente insignificante; pero, cuando la luna se refleja en su piel mojada por el rocío, se torna en una luciérnaga de plata que titila con luz trémula. Un piano abandonado en una casa deshabitada es como un ataúd guardado en un mausoleo, es la muerte que desola el cuarto de la música. Y si quisiéramos hablar con ellos, su respuesta sería el silencio. El silencio de una boca abierta en forma de puntera rota que esconde una lengua abarquillada y muda. El silencio que presagia la presencia de un cadáver. El silencio de quien perdura hundido en el barro o a golpes de puntapié. El silencio de una sonrisa de hielo, la misma que esboza el piano que muestra una dentadura perfecta e impoluta, que no es sino la mueca de una calavera.
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Cartas a Fan es la expresión poética de los cinco estadios de una experiencia amorosa vivida desde la distancia.
El salitre en la piel, las brumas de la ausencia, el tuétano de los huesos hecho lumbre, la horma del zapato de una ola y la suavidad de los pétalos de la margarita del reencuentro podrían ser los nombres de estos estadios. | |
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