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Poemalia es el espacio virtual de nuestra particular biblioteca de poesía. Se trata de una propuesta bibliográfica insólita, que ha sido posible gracias a la inestimable colaboración de numerosos poetas y poetisas que han aportado generosamente sus libros, tanto editados como inéditos, para que los visitantes de poemaria.com puedan disfrutar con su lectura.

Tú mismo, intrépido prosélito de la poesía, puede que te encuentres en condiciones de enviarnos uno o varios poemarios acabados. No importa que no esté o no estén publicados. Lo/ los leeremos con mucho gusto y, si procede, lo/ los incluiremos en el rol de títulos de Poemalia.

Si deseas hacerlo, no tienes más que remitir los textos a la cuenta de correo: poemalia@poemaria.com

 

Nadie menos indicado que el propio autor para hablar sobre su obra. ¿Qué puedo yo decir de mis poesías de amor y de locura? Ellas son, finalmente, pobres flores huérfanas; aunque creyeron haber hallado en mi sombra y en mi soledad, madre generosa, cuánto temor se apodera de mi ánimo, cuántos sentimientos confusos me arrastran, si pronuncian mi nombre. Deseo huir de ellas, cuando las veo venir, hambrientas, a mis pies. Suben por mis huesos como hiedras. Bailan en mi alma no sé qué extraños ritmos. Celebran el amor y la maldad de una manera y un modo que no entiendo, pero que a la vez me complace. Quise yo ser una buena mujer, una más del montón de las señoras piadosas, mas heme aquí, con mi evangelio torcido y mi canto convertido en escándalo por su culpa. ¡Por su culpa! Las quiero. Todavía las quiero, sobre todo a la noche. Dicen las palabras que tanto quise decir. Por su vida mi existencia conversa con Dios y con los demonios. Me hacen caer en la tentación de la carne. Estaremos siempre juntas, más allá de los siglos. Creo en ellas. Y necesito creer que ellas creen en mí.
ACOSTA AGUAYO, Delfina Elizabeth VERSOS DE AMOR Y DE LOCURA

 

El título de este poemario, Lamentos y ecos urbanos, es absolutamente significativo del contenido del mismo. En él, Julio César Aguilar desnuda la realidad de los individuos modernos que habitan en las macro-urbes, esa realidad desoladora, enajenante y artificial que se despliega en un ámbito espacial de moles de cemento, rascacielos de titanio y edificios de cristal y que se vertebra en arterias de asfalto, calles empedradas y aceras adoquinadas, esa realidad deshumanizante en la que los hombres y mujeres pululan en un desconcierto de soledades, en la incertidumbre de la incomunicación y en el absurdo de una existencia de gallina ponedora, de perro guardián, de loro vocero o de hormiga laboriosa y se agolpan en el muro del progreso en un amasijo de vidas reunidas por idéntico infortunio y similar negro presente. La ciudad se presenta como un cosmos hermético, asfixiante, gélido y anónimo, como un desierto alquitranado de nihilismo, mientras que el sujeto humano se descubre como un ser ínfimo, desvalido y lastrado de impotencia, como un soldado desarmado en medio de una continua refriega, como un ruiseñor que trina y muere en cualquier suburbio. Eso sí, precisamente por esta consciencia de humanidad precaria que anonada al urbanita, por el reconocimiento de su insignificancia, por la necesidad de autosuperación que le es propia a éste, Julio César Aguilar entorna la puerta de la esperanza y afirma creer aún en la bondad de los seres humanos, en la magia del universo, en la grandeza de la vida y en la verdad de la poesía.

ADRIÁN ARZA

AGUILAR, Julio César LAMENTOS Y ECOS URBANOS

 

Voy sin alas por el mundo. Considero que mi residencia es la patria Iberoamericana donde quisiera que algún día mis versos germinen espléndidos y haga que vuestros corazones se encaminen hacia un nacimiento de virtudes alejando las barreras que destrozan la amistad entre los pueblos.

En mis versos dejo entrever por medio de alegorías, que lo único creíble en el hombre es que pasamos la vida tratando de acrecentar los recuerdos para que nuestra vivencia física no sea olvidada, pero muy poco hacemos porque el bien sea el escudo que brinde protección contra los adversarios que rodean las mínimas acciones que realizamos. Hoy día podemos caminar dichosos por las calles de las ciudades que nos acogen. Mañana, por las mismas aceras, entre llantos que parten el alma; a la morada del silencio. Emprendemos una carrera incontenible devorando con frugalidad no muy largos años para luego terminar en una dimensión oculta.

En mis ofrendas poéticas, el hombre nace a diario en el cálido regazo inexpugnable de la tierra y se marcha de improviso recogiendo sus rastros presurosos donde irremediablemente el adiós derrumba la torre donde se levantaba el pedestal; de su gloria.

En mis entregas líricas, recojo la euforia vital de rayos fulgurantes que atraviesan el límpido azul del cielo, impregnado de energía liberada y hace caminar al mundo en su ruta indetenible y extraña.. En el blanco manto tejido con mis ficciones, abrigo todo el frenético embrujo que se pierde cada mañana cuando la ira cercena el cerebro. Todo lo resumo en versos; pueden hacer el milagro de romper las barreras de conciencias endurecidas y despertar nuevas auroras donde el hombre puede abrir los brazos con libertad y vivir de la grandeza divina en el edén terrenal. Sólo se perenniza el tránsito apurado de la vida, cuando las obras; aunque pequeñas, alguna vez arrancaron la sonrisa agradecida hasta del propio enemigo.

Canto a lo bueno de este valle trágico y ajeno. En mi no caven elogios a la maldad reinante. Sólo así, recibo los primeros rayos del sol plenos de júbilo y algarabía. Canto al terruño lejano, aquel que palpita en mi ser cuando lo evoco sumido en la nostalgia agobiante que da la distancia. Es el bálsamo con sabor a reminiscencias que ha quedado tallada en el árbol de mis mejores años; toda una historia que horada el cimiento donde reposan las más puras remembranzas de un pasado que hurga de vez en cuando en el presente y señala el rumbo del futuro.

El amor desfila en mis versos con toda su real potencia deslumbrante, con sus defectos y bondades que dan origen a las más grandes realizaciones del hombre. El amor es básico y fundamental como vía de escape e impulso que conlleva hacia el logro de triunfos increíbles, con lo que se justifica nuestra sublime procedencia como descendientes de un ser superior y que debemos emularlo aunque tengamos que nacer de nuevo. En "CON LOS OJOS LLENOS DE ILUSIÓN" le canto en poesía a los albores y atardeceres patria de mi infancia, cuna fraterna que fue lo primero que vieron mis ojos niños; y es donde resido y diariamente la contemplo extasiado de afecto maternal.
ALCÁNTARA LÉVANO, Fidel CON LOS OJOS LLENOS DE ILUSIÓN

 

Recuerda, último libro de Jesús Aller hasta la fecha, supone un regreso al poema, en verso y en prosa, y una nueva y madura incursión en las viejas obsesiones. Asistimos en él a un recorrido por la historia del Universo desde sus mismos orígenes hasta los acontecimientos que nos preocupan hoy. Literariamente, el libro supone un tratamiento poético de materiales tan heterogéneos y difíciles como las ideas cosmológicas o geológicas más recientes, la psicología budista o el discurso radical altermundista. Es un difícil reto, pero al final todas las voces y todos los discursos, y la conjunción aquí también de bellas fotografías, acaban construyendo un libro que destila una extraña y sugestiva unidad.

Frecuenten a este autor. Comprobarán que sus escritos nacen solo de una poderosa necesidad, más allá de la profesión o el entretenimiento. Y prepárense para afrontar, en verso y en prosa, altas dosis de intensidad, ese bien tan escaso hoy día en nuestras letras. No es esto algo que pueda despreciarse.

ALLER, Jesús RECUERDA

 

Recién terminada la guerra, un hombre al que arrastran dos perros dálmatas, camina por una ciudad devastada. Atravesar una calle para escapar de su casa lo hace sólo un muchacho, pero este hombre que recorre las calles todo el día, no es más un muchacho y no escapa de casa. Es Torino la ciudad devastada y el hombre al que arrastran los perros, se llama Cesare.

Quien recuerda es mi padre, todo esto me ha dicho y no habla italiano, usa, pausado, el dialecto que, lo mismo que las piedras de estas colinas, es tan escabroso que veinte años de idiomas y océanos diversos no le han hecho un rasguño, se recuerda un muchacho, partisano de Ghío, escapando, y recuerda también a su padre que buscaba las trufas, y al amigo perdido, porque el hombre sólo escucha la voz antigua que sus padres, en el tiempo, han oído, clara.

Cada vez que leo a Pavese vuelven los perros, la ciudad devastada, los partisanos de Ghío, la guerra, mi padre que recuerda, la voz que un día detuvo el padre de mi padre y cada uno de los muertos de la sangre. Porque decir Pavese es también nombrar la muerte, los muertos que heredamos, la propia muerte, su presencia constante en la memoria.

Finalmente, decir Pavese es también hablar de aquel poema-relato del que él hablaba, el poema que viene a contar las historias que no pudimos narrar, aquellas que escuchamos de niños, para que después, cuando se vuelve, como yo, a los cuarenta años, se encuentre todo nuevo, todo de nuevo, en la memoria.

María Teresa Andruetto
ANDRUETTO, María Teresa PAVESE / KODAK

 

En el primer libro de Juan Arabia -muy personalmente lo digo- creo advertir destellos de esa voz que elevará luego, enriqueciendo el género con versos nuevos, similares muchos de ellos a los que aquí presenta al lector. Ello quiere decir que aquí, en este volumen, el lector ya podrá apreciar la presencia sacudidora y sorprendente de algunos hallazgos que le debemos al autor; que le deberemos para siempre. Es verdad que todo primer libro acusa influencias visibles, contaminaciones y condescendencias de las que el joven autor es el único culpable; pero también es cierto que aquí, en Canciones del Gólgota, si sacudimos bien la coladera, para que retenga ripio y otras imperfecciones, en el fondo del cubo veremos brillar más de un fragmento de aquello que buscamos al abrir un libro de poesía. En tren de minería literaria, hay aquí una buena veta, la de Arabia, que promete ensancharse pronto: nos queda el privilegio de ser los primeros en leer los primeros versos de este autor, que ha agregado al mundo un objeto que antes no existía, el libro que tenemos en las manos, y algunos mundos más, que son aquellos que él habita.

En principio, vemos que Arabia no se propone escribir como un período de la historia literaria, sino como un poeta, y ello, además de un sano ejercicio de ortodoxia poética, ya es un rasgo de plena originalidad, visto lo fácil que caen en la tentación de ser "contemporáneos a ultranza" muchos de sus compañeros de generación, simplemente porque algunas razones, definitivamente extrapoéticas, parecen imponer esta condición, más propia de la moda que de la letra. Es un primer rasgo de valentía, además de originalidad. Aunque no es lo más importante del volumen, no quise dejar de destacarlo, por lo desgraciadamente inusual y por todo lo que nos dice sobre el autor de estos versos.

En segundo lugar, pero no por ello menos importante, se comprenderá fácilmente, están los rasgos apreciables en la versificación libre de Arabia, donde las palabras surgen de una cosmogonía que está haciendo propia, suya, diseñando los rincones y las profundidades de un universo particular. Este mundo virtual que habita Arabia está en permanente construcción, en continua expansión y modificación. Es un cosmos dinámico, no pasivo, sino continuadamente transformado por la misma escritura que lo expresa; tenemos la certeza de comprenderlo, de haberlo comprendido, casi, al cabo de varios versos que hemos leído; pero ya, a la vuelta de página, nuestro nuevo autor nos brinda un paraje nuevo, introduce flamantes modificaciones en aquello que creímos acabar de abarcar con la lectura y de esta habilidad, principalmente, vienen esas sorpresas que salpican la lectura hacia lo hondo de Canciones del Gólgota. Verso a verso, como era previsible, encontramos esta similitud o aquella otra con algo que ya leímos en diferente sitio; pero separando dentro del mismo verso o del mismo poema esta capa de disfraz, lo que podemos ver claramente es el tratamiento personal que el autor le ha dado a un concepto o una forma que le ha brindado otro. Allí nos embosca una nueva conceptualización que es genuina y propia de Arabia; está entera, evidente, o tenemos de ella un gran vestigio; seguramente, en su segundo libro la veremos más nítida, si es vestigio o evidencia mediana en éste, pero aquello que es nuevo y propio ya del autor se ofrecerá engrandecido y caminará sin duda con pasos todavía más firmes que los que da ahora.

Un tercer aspecto, a tomar en cuenta en este inicial Canciones del Gólgota: trasunta sinceridad. El autor no miente: siente y escribe cuando siente y quiere escribir. No se impone hacerlo, porque vaya a desear escribir perentoriamente un poema. Para Arabia no hay intención o imposición de escritura; este defecto o pecado mortal del género, al que bien podríamos denominar "alevosía seudopoética", que lleva a tantos a forzar la pluma cuando nada hay para decir, da por resultado cuerpos muertos, quizá bellos -si al delincuente literario le dan las mañas- pero exangües, carentes de la más mínima chispa de vida. Es por ello que en lo escrito por Arabia, aunque se noten imperfecciones, todo se muestra como la expresión de lo vivo, que puede ser sufriente -de hecho, así se muestra en buena parte del corpus del libro- pero nunca enfermo por el vicio de escribir sin tener nada que decir, o nacido muerto por la misma causa.

Como dije antes, estas pobres glosas de lo hecho por Arabia en este libro, al contener el volumen genuinas muestras de poesía, no pueden siquiera reflejar a medias de qué se trata Canciones del Gólgota, pero quizá le den alguna orientación o pálida descripción al lector -no el mapa de caminos que él mismo va a construir, seguramente-. Pero si atinan mis palabras liminares a ratificarle que yo, como él, he gozado al encontrar muestras claras del auténtico metal de que está hecha la poesía -entre tanta falsificación al uso, en nuestra lengua y en otras- en este primer libro, estas glosas habrán servido de algo, además de tener el honor de haber acompañado la primera edición, de la primera obra de un poeta de verdad. 

¿Qué mejor, para un lector de poesía, que tener el privilegio de escribir sobre aquello que más le gusta, una vez que lo ha encontrado?

LUIS BENÍTEZ

ARABIA, Juan CANCIONES DEL GÓLGOTA

 

Azul de niebla es la revelación del descubrimiento del lenguaje de las piedras, del misterio íntimo que se oculta tras los festones de bruma que envuelven el alma de la autora y del crepúsculo índigo donde penden las gotas de rocío que por la noche reposan en las palabras de cualquier poema; revelación en la que Gaby Arce Muñoz confiesa que anhela ser la estela de una estrella fugaz, trascender los límites del tiempo y quebrar la línea del horizonte cósmico desgarrando nubes de silencio, atravesando cielos insólitos, sumergiéndose en los abismos de los agujeros negros, penetrando en la entraña de los rayos de luz, recorriendo el dominio de la realidad inefable y abrazándose a Dios; revelación, en fin, que concluye con la confidencia de su propósito de regresar al universo de lo cotidiano transformada en cielo azul de primavera, en lluvia que riega esperanzas, en copos de nieve que entierran soledades, en plaga de luciérnagas que alumbran los caminos de la felicidad y en versos que cantan al amor. 

ADRIÁN ARZA
ARCE MUÑOZ, Gaby AZUL DE NIEBLA

 

Sin sombra es un poemario dedicado a la muerte del amor.

Intenta mostrar todas las facetas del poliedro de la pérdida: Pasar página (recomendación inútil y bienintencionada de los cercanos), Guardar todos los objetos (deshacerse de las cosas como si fuera una catarsis), Comenzar una nueva vida (¿es posible la vida más allá de la muerte del amor?), El duelo (el duelo, siempre el duelo, aferrarse a él), El grito: falta ella y falta todo (la desesperación ante lo irreparable), El tiempo de las apariciones (adivinar su figura en la calle, el delirio), Abandonar el duelo (¿el desapego es una traición?), El dolor de la pierna mutilada (el dolor de la ausencia, del vacío), El tiempo del delirio(el dolor produce fiebre, delirio), Escribir la carta de despedida (intento de despedida), Maldecir sus recuerdos (maldecir el mundo, universal e interno), Visitar el cementerio (enfrentarse a la muerte mas desmedida), Tu fantasma me acosa (las apariciones de un alma en pena), Tú que nunca volverás (la atroz confirmación) , Efemérides, aniversarios ( a pesar de todo el tiempo pasa).


Post-scriptum

Post-scriptum es una addenda, un epílogo, el intento de descifrar, la búsqueda de la palabra más allá de la muerte del amor, la constatación de que todo no está dicho, que aún queda una deuda pendiente, los poemas para el cuerpo no fueron escritos. Ha llegado el tiempo de no escribir poemas de amor, de desamor, es el tiempo de la palabra.

ARIAS BEASKOETXEA, Enrique SIN SOMBRA

 

Cuando le preguntaron a una poeta por su biografía tan solo dio la fecha y lugar de su nacimiento, afirmando que “el resto es literatura”.


Frente a la tentación de construir biografías deformadas por la leyenda, construidas para adornar, engalanadas para la propia vanidad.


Buscar los viejos papeles guardados en cajas polvorientas, las fotografías desvaídas, los olores guardados en los rincones de la memoria, las imágenes aleatorias, la luz engañosa de ciudades visitadas, las palabras dichas para otros oídos, las habitaciones que un día nos dieron refugio, descanso, mal dormir, amor y dolor, las presencias intuidas…


Imágenes recurrentes que vuelven con más intensidad que cualquier accidente vital, imágenes exentas de la pesadilla existencial, sueños, deseos, apariciones, cosas que nunca se dijeron, espejismos que nos dieron la mano y nos salvaron.


Estancias, habitaciones, lugares, imágenes que por azar o descuido la memoria guardó con una impresión profunda, seña, marca, huella...

ARIAS BEASKOETXEA, Enrique ESTANCIAS

 

Escribir sobre lo inefable es tarea insensata, causa perdida y sin embargo qué otro fin podemos pretender. Como los exploradores enviados a continentes aún no cartografiados, con una brújula, el sol como referente y un cuaderno de campo donde registrar sus descubrimientos.
Sabedores que las montañas, el desierto, el oasis, las pistas de nómadas apenas pueden dar unos puntos de referencia pero nunca describir, relatar el inmenso territorio, el continente y lo contenido.
Sólo el viajero conoce el frescor del amanecer, el deslumbramiento, el desasosiego ante la pérdida, la emoción del descubrimiento.
Intentar escribir sobre lo sutil, sobre lo que no puede ser dicho con claridad, sobre la esencia inaprensible...
Sólo el amante y la amada, el tiempo extasiado, el espacio resguardado.

Se dice que el dios Shiva y amada la diosa Parvati gozaron todas las noches del amor durante mil años. Y aquel apenas pudo exclamar:
¡Todo lo que se puede anhelar está en ti, Parvati!
¡Tú eres el único fin que el hombre debe alcanzar!
ARIAS BEASKOETXEA, Enrique SI TODO FUERA DICHO

 

En el Pacífico es una obra que nació tras la evidencia de un pasado lejano en el que varios personajes se vieron involucrados en una bella aunque cruenta historia de amor, un amor sin precedentes, con tintes de leyenda, una relación envuelta en una membrana de miedo silenciado, sólo patente en la entrega absoluta de la protagonista. Es una obra que nace debido a la urgente necesidad de luz.


El poemario está dividido en tres partes. La primera parte, titulada Las piezas, presenta a los personajes y muestra sus primeras acciones. Son pinceladas que aparecieron en sueños y fueron salpicadas en unos poemas que evocan amargos y hermosos recuerdos. Son versos escritos con un inquietante apremio: “Tuve que escribir lo sucedido./Fue preciso./Fue apremiante”

En la segunda parte, El puzzle, las emociones afloran con una alarmante facilidad aunque algunas de las rimas son mucho más concretas. Es aquí donde el sentimiento amoroso ocupa su merecido lugar, es aquí cuando comienza a vislumbrarse la esperanza de un encuentro venidero, a pesar de los impedimentos existentes y del paso del tiempo. Son poemas que ahondan en certezas descubiertas forzosamente. Me parece oportuno destacar el poema Desierto azul, que es una visión en la cual un unicornio con un cuerno central y dos astas laterales, transmite su mensaje milenario: “Ese hombre que vino del principio/ es la mujer que ahora eres tú.” 


La tercera parte de En el Pacífico, que lleva por nombre El cuadro, es una explosión de color, de pasión, de ternura y de dulce entusiasmo. Es el amor en toda su magnificencia y esplendor: “Despertaron a la noche de verano/ y desayunaron caracolas frescas/ con esencias de flores australianas.” 


Si tuviera que definir el poemario con un único adjetivo, diría que es una obra balsámica.


María José Arques Cano

ARQUES CANO, María José EN EL PACÍFICO

 

En "Versos pretéritos" Roberto Attias trasluce la sinceridad desgarradora de quien se ve atrapado en el flujo sinérgico de la temporalidad - en el embargo de la inexorable contextura antero-posterior de la realidad- y siente que está obligado a verterla en versos que desvelen las manifestaciones del pálpito de esa realidad desgranada en vivencias inefables. Por eso nos promete traer todos los otoños bandejas rpletas de hojas amarillas, "una sonrisa empapada de vientos", "una amapola blanca", "una canción de cuna" y "un pájaro herido de lluvias nocturnas". Por eso se esfuerza en liberar mariposas todas las primaveras y en estampar en sonrisas la alegría de los campos de trigo que se convertirá en el pan de cualquier niño o niña. Por eso llorará amores malogrados, desparramará chorretones de melancolía y vertebrará un futuro que desborda abismos de amor. Y a fe que lo consigue en este poemario.

NICOLÁS ZIMARRO

ATTIAS, Roberto VERSOS PRETÉRITOS

 

Se dice que los poetas tienen siempre un único tema y que la proliferación temática que nos proponen sólo sería una estratagema para disuadirnos de poner en evidencia su íntima tarea, para persuadirnos de que su quehacer es una labor meramente humana. (...) El destino del poeta consiste en estar atado a un exclusivo dictum, a un único anuncio, a una sola e inefable palabra. Y las otras, las palabras que construyen el poema y los poemas que se suman en un libro y los libros que se multiplican serían únicamente instrumentos para encubrir y a la vez manifestar secretamente -es decir, subterráneamente- dicho dictum, dicha inefabilidad. (...) Precisamente, la poesía,-ésta que no es el poema- consiste en dar testimonio de perseverancias y fervores en la búsqueda de un absoluto. Detrás de las evocaciones, de las nostalgias y de la melancolía que postulan no sólo éste sino todos sus libros, la poética de Bao se erige como demanda, como grito antagónico ante la "tristeza primitiva" que nos acosa; detrás, mucho más atrás de las excusas temáticas persiste la reconstrucción de una memoria.

No emana propiamente de la infancia, su melancolía; tampoco de los chispazos de felicidad, su añoranza. La nostalgia que circula por sus poemas proviene de una ausencia que está más allá de la experiencia y de las apariencias de la vida; proviene de una memoria que nada tiene que ver con lo gozado o lo sufrido. Una memoria ancestral de lo ausente en la naturaleza humana, una memoria de esas "comarcas olvidadas", de ese territorio de donde fuimos desterrados. Las metáforas pueden ser memorias de un infierno terrenal, pero lo no dicho -el otro texto- refiere a un paraíso. A un paraíso por cierto no terrenal y, tal vez, definitivamente perdido. Este es el dictum que atraviesa la poesía de Santiago Bao. El poema -eso que se construye mediante una acumulación de palabras escandidas, aliteradas o rimadas- también está siempre en otro lado: sólo se genera en el acto de percepción, sólo aparece -se manifiesta- en la escucha de un oyente o bajo la mirada de un lector. De allí en más su rumbo es errático, incierto.

Tal vez sea por ese motivo que los poetas -tolerantes o compasivos- nos abundan de palabras para que, por lo menos, una o dos se nos incrusten en el alma. No hay otra; todavía somos demasiado humanos para acceder directamente a eso que ellos se obstinan en cedernos, a eso que ciertamente no puede ser comunicado con palabras: a lo oculto e inaccesible, a lo velado, a lo inefable. Y parafraseando a Bao diremos que ese aflorar de lo inefable es en "Despliegues" una música que brota del fondo de los días, la espuma que derrama el otoño sobre los cántaros de la memoria, el tiempo y la distancia intacta y la luz que encandila el principio del arca de los retornos. Los poemas que componen el poemario son el azogue de esa memoria que revive el desamparo que sintió de niño, esas "tizas de colores de cosas que todavía no se habían ido del todo y se incorporaron a las frías sombras de los desvanes o los sótanos umbríos". Bao quiere abrir las puertas de estos lugares recónditos del alma donde hibernan los recuerdos, y desplegarlos corazón en teclado para compartirlos con sus amigos. Bao es consciente de que en el desierto del dolor moran el olvido y el silencio, de que "siempre habrá cosas que nunca dijimos, que cuelgan del destino como murciélagos de polvo, palabras, larvas de la memoria". Por eso, "Despliegues" es uno de esos "libros en la niebla", una calima de palabras que pretende envolver a todos esos náufragos, "amigos que extravían para siempre la tabla del sobreviviente". Él ya oyó "los truenos sobre el río de la memoria" y anhelante espera a la "lluvia que disipará la última lágrima".


Jorge Saboya / Adrián Arza
BAO, Santiago DESPLIEGUES

 

Los textos que vienen a estas páginas de la mano del poeta Carlo Barbarito entablan diálogos anteriores al lector que ahora los visita. Otro tanto ha ocurrido, un buena medida, a lo largo de la obra de este autor argentino, de hondo aliento humanista, y dolorida, sincera, precisa visión del hombre y su complejo entorno.

Son diálogos con otros creadores, citas en la memoria que darán lugar al entramado de percepciones, interpretaciones, nuevas maneras de abordar sucesos ajenos, que también son propios y, en suma, universales. En el trayecto marcado por estos poemas estarán entonces, los ecos de un músico: John Cage, de un escritor: Marcel Proust, y de varios artistas plásticos: Frida Kahlo, Rothko, Ernst, Hopper, Motherwell, Klimt y la fotógrafa, aquí fotografiada con palabras, Tina Modotti.

BARBARITO, Carlos PIEDRA ENCERRADA EN PIEDRA

 

La poesía de Luis Benítez ofrece la particularidad de que su estilo no pretende llegar a la mera representación de un estado anímico, sino resolver la ecuación entre las palabras, las emociones y los pensamientos. En esta tríada podemos rastrear la sustancia de su poética, distanciada de manera categórica tanto de las ampulosidades del discurso retórico como de los riesgos del intimista. Benítez no dirige al lector señales unidireccionales. La plurisignificación acentúa los planteos convergentes en sus textos y ejerce un liderazgo esencial en la elaboración de las imágenes. Cada poema -o cada verso- apunta a múltiples lecturas, no sólo desde el marco semántico, sino también desde la construcción sintáctica. La sintaxis de Benítez está dotada de una original conjugación de osadía e irreverencia formal a la vez.

Su poesía es tan gris como los interrogantes que vierte acerca del mundo. El autor volatiliza las contradicciones que exhibe la realidad aparencial, sepulta los absolutos que han predominado en la historia de la civilización (el bien y el mal, la verdad y el engaño, la paz y la guerra, por ejemplo) con el objeto de aproximarnos a un todo sintético que los unifique de modo armónico. Penetra en la raíz de la conflictiva experiencia humana en la tierra y por eso se anima a examinar las problemáticas más cruciales que nos invaden desde nuestros orígenes, como el tiempo, la existencia, la memoria y el conocimiento.

La poesía de Luis Benítez es, por qué no decirlo, algo enigmática. Nos sugiere un conjunto de pasadizos, labe-rintos o playas desoladas donde confluyen los fantasmas del pasado y la dolorosa mirada del presente. No recala en el futuro lejano, sino en la cercanía de lo que fue y también de lo que en la actualidad gozamos o padecemos. Se nos ocurre como un incesante juego de acertijos apropiados para despertarnos de la abulia existencial.

Estos pormenores de índole estético-filosóficos conforman el sustrato de sus preocupaciones, se hallan ligados a su necesidad de aprehender lo inasible. La sobriedad lexical y el vuelo impío de sus indagaciones no nos hablan entonces de un poeta oscuro, sino más bien de un creador de silencios que cantan los destellos del universo y el resplandor del vacío.

Sus referencias míticas, históricas y culturales nos internan en los intramundos de personajes reales o ficticios, pero integrados al caos que paradójicamente ordena al mundo. Con la emoción serena y algo desdibujada, a veces insinúa un horizonte de matices épicos donde no faltan los elementos heroicos. Como muy bien sostiene Pamela Nader "a través del mito, Luis Benítez construye una poética destinada a conectarnos con ese universo transpersonal, oculto sugestivo y más palpable que aquello que solemos llamar 'realidad'. El autor se propone contarnos historias concebidas a la manera de los antiguos relatos a los que son tan afectos los pueblos de tradición oral".

Pero el tema del mito nos lleva a otras reflexiones. Decía el crítico y traductor Antonio Aliberti, en 1990, a propósito de Guerras, Epitafios y Conversaciones, uno de los poemarios de Benítez que más difusión alcanzó en los suplementos literarios nacionales y extranjeros: "No es fácil la incorporación de tantas voces que Benítez asume con una gran dosis de naturalidad".

No hay definición más acertada que ésta para referirse al carácter abiertamente polisémico del discurso poético de Benítez, fuente de la inclusión de las múltiples voces en sus textos.

Por otro lado, si nos detuviéramos en estas profundas sutilezas discursivas, advertiríamos que la apertura de la que nos hablara Umberto Eco equivale en Benítez a la solidez del perpetuado fluir por las dimensiones de otros géneros, lo que termina produciendo en sus construcciones verbales un fino proceso exploratorio del lenguaje literario. Paradójicamente, el silencio impreso en sus versos tiene la peculiaridad de abrirse en un cúmulo de sonoridades y de determinar, a su vez, unidad de sentido y de forma. No hay lugar, pues, para la dispersión de imágenes e ideas. Los contextos se asocian solidariamente y constituyen un corpues dinámico y esencial. (...) Su obra poética es una incesante búsqueda, un itinerario, un conjunto de valores -es más que poesía, o en todo caso lo es desde las márgenes de lo dramático, merced a una teatralidad de ribetes míticos, pero también de lo narrativo, que aflora con su fuerza épica para resaltar perfiles humanos, describir situaciones y estructurar pequeñas historias encubiertas con la rara sistematicidad de un poeta que sabe conjugar la actitud observadora con la exaltación lírica.

Alejandro Elissagaray
BENÍTEZ, Luis ANTOLOGÍA POÉTICA

 

Mauricio Bernal Restrepo presenta en este poemario toda una teoría social, desarrollada en diferentes sonetos. La temática es variada, aunque todas las cuestiones confluyen en la reivindicación de la libertad y la dignidad de los individuos humanos, así como de la justicia social para su gente y la paz para su pueblo. Él lo explica de esta manera, como no, por medio de un soneto: 
"Gracias os doy mis señores por gesto queredme escuchar
estos sonetos amados que mi alma volátil gestó con placer
algunos de ellos algo alocados seguro os harán conmover
porque esta cabeza que tengo jocosa a veces intenta mofar. 

Es mi discurso expresión de un pueblo que quiere soñar
con pacto sagrado que busque la forma de bien compartir
acuerdo sensato que deje la vida querida sonriente cursar
a tiempos de gloria que presto deja la forma de bien dirigir.

Estos mis versos amados a todos vosotros os quiero ofrendar
muchos de ellos poquito discretos es mi deseo podáis digerir
en caso contrario a todas las musas de cierto yo debo culpar.

Contento me siento en este momento por causa tan especial
este compendio que en mí ha nacido feliz terminé de escribir
aquí os lo dejo podáis evaluar y gracias por trato tan fraternal". 

Bernal escoge el tipo de estrofa del soneto porque entiende que es el idóneo para su propósito de denunciar el sufrimiento de las personas que padecen en sus carnes los embates de la pobreza, la indigencia, la violencia política, el menosprecio cultural y la injusticia social. Esto insinúa al menos en el soneto titulado "Sonetofilia". Y es que él quiere ser embajador de su gente, como reconoce en el soneto "Anhelo", y pretende proclamar a los cuatro vientos la situación precaria de la población colombiana, sus ansias de paz y concordia social, su orgullo herido de pueblo trabajador y noble y la necesidad de un futuro cercano pleno de felicidad para los más desfavorecidos.

BERNAL RESTREPO, Mauricio SONETOS INDISCRETOS

 

En Natura y denuncia (El opúsculo de entrecasa) Ime Biassoni aborda desde la sensibilidad poética la compleja cuestión de la acción humana en su encuentro con la naturaleza. Denuncia la falta de amor, mientras la naturaleza muere y la "ausencia de esperanza seca torrentes" y se desangra en silencios. La tala de bosques, el incesante vertido de sustancias contaminantes a la atmósfera, el desierto que gana terreno por la creciente escasez del agua, el cemento que alfombra los jardines, la atracción fatal del humo del tabaco y, en general, la desidia humana, cuando no la mezquindad de los individuos con sus intereses económicos, que tanto daño infligen a la naturaleza son los contenidos de esa denuncia. Denuncia que no es gratuita ni, mucho menos, coyuntural o demagógica, sino el necesario descargo de conciencia de alguien que clama buen juicio y amor a la naturaleza a cada uno de nosotros, tras deambular historias viejas sin reconocer quimeras y recorrer estíos con los pies descalzos, agrietados de primaveras furtivas, con llagas donde anidan auroras disecadas, con olor a lamentos y sucios de sangre derramada en innumerables holocaustos ecológicos y de savias putrefactas. Este descargo recoge el llanto de los fantasmas de las hojas muertas, de los tocones cadavéricos, de las flores marchitas, de las briznas de hierba ahogadas en aludes de hormigón, de los ríos envenenados de basura, de los mares edulcorados con residuos tóxicos, de las nubes con sus vestidos de algodón perpetuamente manchados de hollines y CO2, de los pajarillos desalojados de sus nidos y de las mujeres y los hombres que imploran la vigencia del sentido común y se duelen en gritos de alerta. Pero, también, recoge algo trascendental para la consecución de la victoria definitiva en la lucha contra el deterioro progresivo de la naturaleza, como es el sueño de los poetas y poetisas, consistente en vivir las ilusiones, "morder la vida", "vestirse de ideas", "pegarse a la energía", "amarrar claros y oscuros", "desatar sombras", "caminar maravillas", "rescatar valores", "cabalgar en la búsqueda de una sola armadura", mutilar nuestro apego a la destrucción, no emponzoñarse con el vino rancio de la desventura, no dejarse engañar en la suerte de la espada, destilar el bálsamo de la autenticidad y cantar la alegría de la vida.

Ime Biassoni, con Natura y denuncia (El opúsculo de entrecasa), ha dado otro paso más, firme y decisivo, en este camino de los poetas y poetisas hacia la meta de una Humanidad sostenible y plena. Y nos invita a seguir su estela.

ADRIÁN ARZA
BIASSONI BARBETTA, Ime NATURA Y DENUNCIA (EL OPÚSCULO DE ENTRECASA)

 

En estos penosos días todo es duda. Todo es miseria y escalofrío como el perfume déspota que hace que todo se me escape o tema más que el yo, mío, desconocido, pavoroso, inclemente y dócil. Asesino, el poeta, a veces, es un asesino, pueril y misterioso, Caín y esplendoroso. Pero el enamorado es el dócil. Y el poeta el infértil. El que no produce y como el monismo, Dios, crea, destruye, pero crea al fin. Ya no siento nada o todo está poetizado y ya no hay espacio y ya no hay quien escuche, quien grite feroz como la flor original en el vacío. La flor, la única flor: la idea de la muerte hermosa. Sin embargo he vivido y me he trasformado en todo lo que no he querido. Porque todo ha sido pérdida, abandono, desesperación, fruición de aniquilamiento en amor, dádiva o violación... y hoy sólo puedo beber, fumar y tomar lo que no es mío; mujeres que destruyo o finiquito por ahogamiento de coral. Y me gustaría cambiar u olvidar, viajar y respirar, morir o renacer. Ya no me alcanzo para dilucidar el verso que me hizo nacer. El que me hace reparar mi propio o nulo superrealismo. Soy ya una abstracción de mi otro yo, florido, el olvidado y así he escrito el libro que parece estar completo, "Nave ilegal", bajo el seudónimo de Gregorio Block. Esperando se aquilate alguna original inspiración o perdición no mía. Porque ya quiero, o al menos trataré, olvidar eso que alguna vez desvestí como poesía. Todo lo que me hirvió al contemplar la desnudez con mi primera erección ...
BLOCK, Gregorio NAVE ILEGAL

 

El fin de toda la obra y de su parte es también múltiple, es decir cercano y remoto; pero omitiendo sutilezas, digamos brevemente que el fin del todo y de la parte es detraer a los vivos del estado de miseria en esta vida, y conducirlos al estado de felicidad. Finalmente el género de filosofía en que se desarrollan el todo y la parte, es la moral práctica, o sea la ética: porque toda la obra y sus partes no fueron hechas para la especulación, sino para la acción. Porque aunque en algún pasaje el tema se trata en forma especulativa, no es por especular, sino por el obrar; porque, como dice el Filósofo en el segundo de la Metafísica "por sus propios motivos inclusive los prácticos especulan algunas veces".Todos los hombres naturalmente desean saber. La razón posible y real de ello es que toda cosa, de su propia naturaleza impulsada por la providencia, está inclinada a su perfección propia; por donde, dado que saber es la más acabada perfección de nuestra alma y en lo cual reside nuestra suprema felicidad, estamos todos naturalmente sujetos a desearlo. Y ahora decir quiero, así como yo lo siento, qué es gentileza, y de dónde viene, y diré las señas que el hombre gentil tiene. Digo que toda virtud principalmente viene de una raíz; virtud, digo, que hace al hombre feliz en su obrar.

Ese artista convertido en hombre eres tu Roberto Carlos Canto García, que con tu extraordinario talento, te has transformado en ese ángel soñador, que cautivas con tu mirada escrita en la oscuridad, y que resurges de lo más profundo de la adversidad áspera, solo para resaltar que tu hábitat natural, siempre ha sido aquel manantial de luz, que siempre te ha caracterizado.
CANTO GARCÍA, Roberto Carlos EL BIEN, EL MAL Y EL EQUILIBRIO

 

En estos momentos donde la materialidad ha eclipsado casi en su totalidad la expresión de la espiritualidad. En este mundo cargado hacia la acumulación de riquezas, la metafísica es cosa de unos pocos. Roberto Canto en estos relatos fantásticos nos sumerge de nuevo en esa parte de la subjetividad humana que es el estar ligado a la inmaterialidad, a la creencia en un ser supremo que da y guía los destinos del universo. Nos regresa a nuestros orígenes. Este presupuesto que se antoja para muchos, parte de un pasado, en Roberto Canto es una flama viva, llena de pasión y de emanación inagotable. El autor aborda estos temas lleno de la fortaleza acumulada a lo largo de los años. Del contacto con lecturas de clásicos de poesía y de la literatura religiosa. Me recuerda a los autores del medioevo español donde la alabanza es una forma de agradar a Dios.

También se asoma a las profundidades de la mente de los humanos y en su relato “El Faraón” nos muestra facetas existentes en una misma persona que es victima y depositario de las almas que habitan en cada uno de nosotros, así el intelectual choca con el tirano y el santo, se solaza en el artista y sufre su propia oscuridad. 

Me remite al texto “El lobo estepario” donde Hesse de manera magistral nos muestra a un personaje atrapado en la lucha de sus dos Yo, el hombre y el lobo. Acá Roberto Canto nos muestra cuatro facetas de un mismo ser y Hesse nos dice en su texto “Pobre Harry cree que tan sólo son él y el lobo, no sabe que el hombre es una cebolla de cien telas” Somos muchos durante el día, durante nuestra existencia.

Por otro lado, las reminiscencias del lugar que le ha dado cobijo durante su incipiente existencia, lo ha impregnado del misticismo que conlleva el vivir bajo el manto de la Virgen de la Candelaria. Quilá es un pueblo de magia, la cual se palpa en sus esquinas, en sus aceras, en su gente… Canto se inspira en él y evoca innmumerables recuerdos en honor a su tierra. Es delicioso ir tocando uno a uno de éstos, ya que muestra que la felicidad está al alcance de la mano y por no darnos cuenta la buscamos con denuedo sin saber que habita en nosotros. Está en comprender una a una las pequeñas cosas de la existencia misma.

Dr. Nicolás Avilés González

CANTO GARCÍA, Roberto Carlos NARRACIONES EXTRAORDINARIAS INVENCIBLES

 

El hombre por naturaleza es un artista, poeta y escultor de la belleza y siempre ha expresado y los expresaba mediante esculturas de cerámica, piedras, tejidos, representaciones gráficas, pinturas, entre otros.

"Color Arco Iris" es poesía que permite pintar con palabras lo que llevamos dentro, haciendo uso de un lenguaje figurativo, de emociones, líneas y paisajes que se ven reflejados de alguna u otra manera en los colores de la vida con sus alegrías, tristezas, decepciones entre otros expresados en sus exóticos y vivos colores.

"Color Arco Iris" lleva en su interior el alma de la vida misma, la ilusión, el amor, la pasión, la intriga, el misterio y los sentimientos encontrados y aquellas cosas raras que nos ocurren y no tienen explicación, sólo sentirlas y dejarnos llevar por su aroma y bruma.

Color Arco iris, es eso, todo el entorno de nuestra vida misma expresada por nuestros sentimientos a través de nuestra experiencia, es el canto profundo del corazón que ve todo lo que ocurre a nuestro alrededor, las derrotas, triunfos, aspiraciones entre otras cosas que hoy me permito compartir con todos ustedes amantes de la poesía y el arte en general.

El Autor
CÁRDENAS ANGULO, Homer COLOR ARCO IRIS

 

Este poemario es la expresión poética del estado pasional de la poetisa, que muestra descarnadamente la nostalgia de la amante que advierte la noche de la lejanía, la angustia que le produce la sensación de estar vacía, el dolor que le constriñe el corazón al saberse sola y la obsesión por vivir, sentir, tocar, abrazar y besar al amado. Para la amante el tiempo pasa lento, mortecino, como si las horas fueran las losas de la eternidad, de suerte que las agujas del reloj son puñales que abren una herida por la que sangra la ausencia del amado en un borboteo de miedo y angustia. Sin él no hay vida posible, sin él sólo queda el dolor y los recuerdos, sin él se siente sola y moribunda, como en un cementerio en el que las rosas del búcaro que adorna la mesilla de noche se marchitan en cadáveres que no acompañan a su soledad y a sus ansias de amor, sentimientos ambos que devienen por momentos en un estado febril que sólo encuentra alivio en la recreación de la imagen del amado, en una presencia tan real como necesaria. Así que lebusca de un modo obsesivo en sus juegos fantásticos, en los sueños, en el espacio físico cercano y en los elementos vitales fundamentales. Esta búsqueda desesperada, dramática, se convierte en un delirio de amor que despeña a la amante a recrear al amado en la oscuridad y en las arrugas de las sábanas de la cama fría. Siente entonces, ahíta de amor, que el amado es el aire que respira, el tacto de sus manos, el calor de la piel húmeda y la noche que la posee. Y percibe la fragancia de su perfume, ve el abismo inescrutable de sus ojos y toca el anhelado cuerpo del amado, que le corresponde curando los brotes de la pasión con el bálsamo de los besos y las caricias y susurrándole su amor al oído en la voz del silencio.

NICOLÁS ZIMARRO

CASCARDO, Juana Catalina AMOR Y ROSAS

 

Palabras al dente.

Al reunir estos versos en un poemario vino a mí primeramente la idea de ordenarlos, pero inmediatamente quise creer, no supe, que aquellas “medidas en porciones” finalmente podrían terminar siendo ingredientes para añadir a gusto en un platillo o inventar una receta que tal vez el lector, corriendo yo con buena suerte, acomode dentro de lo exótico. Como la vida misma, para plasmar derroteros e inquietudes, en cada soliloquio hay un sabor, una probada al dente o aquel aroma inserta en la invención del momento, una sinopsis, una presentación del intervalo, ese pálpito inefable que se movió en mis dedos cuando el alma aderezaba un no ser yo. En cada momento que fui alma y piel en ingredientes, ignoraba si aquellas proporciones podían ser o no accidentales para una final fusión; me llevaron puede que sin quererlo y queriendo a la vez, a lo inasible, ahora a la feliz degustación de haber intentado una búsqueda para engendrar sabores, que por texturas llevan las de un alma tan ligada a su tierra y sus costumbres, las de un tiempo tan extremo e incertidumbres, y las de aquella cortedad ligada a la eterna magnitud de cada tiempo. De mi parte lo incompleto y en lo insólito sería decidir por lo contrario ya que afortunadamente un escritor es casi siempre fabricante inconforme. Quizá la suerte me permita intentar la imagen, la apariencia de aquel chef que quiso no perjudicar aún más una receta con nuevas volteretas y dejarla reposar; así el propio comensal decida, si se atreve a juzgar (por favor, no tan severamente), si es o no grata al paladar. Por lo pronto me limito, como el ama de casa que también me habita, valerme de este puchero pletórico de mar, islas, ríos y palmeras, de sentimiento, amor y dolor, para entrar en sus casas y dejarles sobre las mesas de sus ojos, este No soy yo, aunque tal vez puede y no deje de ser todo lo contrario.

María Eugenia Caseiro
Ciudad de Miami, enero 2008
CASEIRO, María Eugenia NO SOY YO

 

(...) Resulta doblemente valioso en este su cuarto libro, "Intimo Desorden", descubrir en su poesía una fina sensibilidad, una delicadeza expresiva y la 
irradiación de un espíritu capaz de plasmar situaciones angustiosas y auténticas que, en síntesis, nos sugieren experiencias vividas, ajenas del todo a 
la retórica exterior, que muchos autores emplean como un juego literario, impuesto por ciertas modalidades de la época. 
En su poema "Penúltimo Homenaje a mi Padre", leemos: 

Mi padre, 
poseía la paz 
de tantas noches 
que le cayeron por dentro.

Y este mismo sentimiento onírico lo vemos reflejado en otro de sus poemas "La Muerte del Poeta":

Anochece 
y el luto se introduce por las ventanas 
oscurece el vino 
confunde el pan con la sombra 
y la calle disimula sus angustias.

Y en este trance misterioso, con materiales desvastados de la cantera del intelecto, la poesía de Pablo Cassi, adquiere esa perdurabilidad, testimonio de 
su época.

Y antes de concluir esta carta literaria para un "Intimo Desorden", poema que da título a su obra, descubro en este hablante lírico ese desorden tan 
íntimo que es propio de cada poeta":

La ciudad 
alquila su traje de noche 
confeccionado por modistas 
de dudosa procedencia. 
Una muchacha 
bajo el farol de la esquina 
con su vestido de nylon roto 
da cuerda a su imaginación 
mientras cae de sus manos 
un pañuelo hecho de lágrimas.

Espero no equivocarme con el siguiente libro que me enviará Pablo Cassi, él que será sin duda lo que advertí, al leer sus primeros cuentos.

ALBERT WEISS

CASSI, Pablo ÍNTIMO DESORDEN

 

El Amor se Declara Culpable, un conjunto de poemas neo-románticos, marcados fuertemente por una concepción existencial, propia de las actual sociedad del siglo XXI. La temática se sitúa en el límite de aquellas situaciones que no son ajenas al quehacer cotidiano: hombres y mujeres que han perdido muchas veces la brújula y que intentan reconstruir diferentes formas de vida. Una visión diametralmente opuesta a la de una sociedad conservadora, la diferencia aquí radica que los protagonistas son capaces de vivir la otra cara de la realidad.
CASSI, Pablo EL AMOR SE DECLARA CULPABLE

 

El poeta es quizás entre los seres humanos el más singular y extraño, dado a que su ubicación en la sociedad es aventurada como ninguna. Si bien es cierto que el mundo no puede pasarse sin poetas, a su vez no sabe que hacer cuando éstos levantan su voz para decir que también existen. Por ello es difícil saber donde están y mucho más difícil saber si existen. Muchos de ellos, condenados irremediablemente al más absoluto de los olvidos, optan por renunciar a este oficio y sumergirse en la clandestinidad de la poesía. Quizás las tabernas sean sus mejores refugios, allí encuentran al otro yo, al que siempre está dispuesto a dialogar sin más concesiones que una botella de vino y un paquete de cigarrillos. 

Habrá algunos que compartan el andamio de esta vasta realidad, la que por ser muy real se transforma de pronto en algo irreal, y es ahí, donde surge la voz del auténtico poeta, él que conoce las claves de la vida e intenta descifrarlas a través de su propio lenguaje, un conjunto de sensaciones, recuerdos, nostalgias, frustraciones, sueños y esperanzas, éstas últimas situadas en el límite mismo entre la cordura y el vacío existencial. 

Esta aproximación a lo que denomino, "Poeta", constituye una apreciación subjetiva, una más entre las tantas que se han proclamado a través de la historia de la literatura. En vista de lo anterior es difícil situar a este individuo en un canon establecido. Ellos, a diferencia de los demás mortales, viven dos veces la misma vida, por lo tanto su sufrimiento es mayor que cualquier otro. Esta apreciación que bien podría catalogarse de pesimista, no es más que el fiel reflejo de una sociedad, la que ha perdido la capacidad de asombrarse con aquellas cosas sencillas. Hoy tal vez más que nunca los habitantes de este planeta, necesiten de la poesía tanto más como de aquel mendrugo que un pordiosero reclama en la calle. 

Valgan estas palabras de pobreza solemne y de humana fragilidad para referirme a este libro de Pablo Cassi, "Para un Peregrino Distante", él que de alguna manera cierta o incierta, nos permite avizorar que el mundo que recrea el autor, no es el mejor de los mundos. Pero la poesía tiene la virtud de ser recepcionada bajo indistintas ópticas, las que no siempre son coincidentes. De ahí que el lector tenga la última palabra para calificar este primer peregrinaje de Pablo Cassi por los infinitos senderos del sentimiento y del lenguaje. Sin duda alguna que nadie podrá maravillarse con estos poemas pero de igual manera, nadie se sentirá defraudado, ni menos traicionado con el mensaje que este vate consigna en esta edición artesanal, que bien nos habla del Taller Literario Andamio del Ministerio de Obras Públicas, él que tal vez sin proponérselo, y en hora buen, a dado un espacio importante a las obras literarias. 


Braulio Arenas 
Grupo Fuego de la Poesía

CASSI, Pablo PARA UN PEREGRINO DISTANTE

 

Advertimos en la poesía de Pablo Cassi una voz segura e intransferible. La forma coloquial y epigramática de estas breves composiciones líricas, se inscribe dentro de una corriente importante de la poesía contemporánea, aquella cercana a la antipoesía y a la desnudez metafórica, entendida ésta no como una carencia de símbolos poéticos, sin lo cual la poesía se esfuma y desaparece. sino como la ausencia de metáforas neobarrocas y ornamentales. 

La temática esencial de "Secreta Convicción' se orienta por rutas de trascendencia y de honda inquietud metafísica. La fugacidad del hombre acosado por calendarios y relojes, símbolos de la precariedad de la existencia, constituye el motivo central de numerosos poemas. 

"Envejeció de tanto esperar en un reloj imaginario 
la hora más silenciosa, más profunda
". 
('La Hora mas Silenciosa")

El tiempo inexorable corroe con su angustia y troncha futuras primaveras, sin posibles equívocos ni ilusorios sueños. 

"La unánime decisión del calendario no es señal equivocada". 

Este conjunto poético exhibe un sentimiento entrañable de soledad y desamparo existenciales. De ahí la visión de un mundo espectral e inasible. 

"La última sonrisa que se hospedó en sus huesos". 

La oscura presencia de la muerte adquiere connotaciones dramáticas. 

"Esta noche 
cuando el viento Oeste 
traía la paz 
en un telegrama 
le cortaron el corazón 
con una ráfaga 
al último hombre del año
". 
('El Ultimo Hombre del Año"). 

La ironía es un rasgo característico de 'Secreta Convicción" que Pablo Cassi sabe manejar hábilmente sin caer en exagerados prosaísmos o expresiones de mal gusto.

"Tú 
conjugas el verbo amar 
con el vestido 
medio puesto, 
besas 
a pulcros ejecutivos 
que te secuestran 
los fines de semana. 
Vives inventándote 
difíciles sonrisas 
& consigues en una copa 
olvidos casi perfectos
". 
("Vives Inventándote"). 

Poesía directa y agresiva, que intenta desenmascarar los falsos valores del mundo contemporáneo. Versos que sueñan un universo "que se prolongue / por cuatro largas primaveras", y que anhelan rescatar la imagen del hombre que "han expulsado del paraíso". 

Poemario que dejará un verso en muchos seres que lo lean y será tal vez una inolvidable "cosecha de palabras".

MATÍAS RAFIDE

CASSI, Pablo SECRETA CONVICCIÓN

 

La muestra de poesía de Jorge Castillo Fan, "Antología Esencial", la he denominado así no en sólo en el sentido que sea -a nuestro juicio- lo más representativo extraído de sus obras más conocidas, sino que es esencial para el lector de poesía hispanoamericana contemporánea, es decir, que se trata de una selección que, siendo sumaria, refleja la calidad literaria excepcional del autor peruano, una de las voces más relevantes de la poesía escrita en lengua hispana.

MIGUEL ÁNGEL ZALDÍVAR

CASTILLO FAN, Jorge ANTOLOGÍA ESENCIAL

 

La poesía de Susana Cattaneo es una transcripción en palabras de los sentimientos primordiales de todo individuo en su condición de ser humano. Es el relato de un enfrentamiento vital, íntimo y sincero con su circunstancia existencial, que en "Musgo en el sol" se traduce en un cara a cara con el dolor que producen en el corazón las heridas del paso inexorable del tiempo y, sobre todo, con la angustia que genera en el espíritu su consecuencia insoslayable: la muerte. Como dice Yadi María Henao, Susana Cattaneo "descifra la geografía de lo innombrable". Sí, ella misma reconoce en un poema de este libro que afronta el acoso de "los muros que esperan la noche para entrar al vacío", de "las nervaduras de los visitantes oscuros", de "los barcos que parten con proas de leche y pies sin sandalias", de los "muertos intranquilos desde tumbas de arena", de los "búhos en vigilia con pupilas de azúcar", de la "estrecha calle de la ventura tapiada de esperas", del "brillo de lagos que invaden sequías" y de "la sed teñida de aguas negras". Ciertamente su empresa se antoja titánica, pero al final resulta victoriosa, porque logra sacudirse la zozobra de una soledad atávica y la frustración de una poquedad "mensajera de agonías que teje velas de navíos anclados en un lugar sin tiempo.
CATTANEO, Susana MUSGO EN EL SOL

 

Para Juan Pedro Cerrato, la poesía más que literatura es un sacerdocio, una actitud ante la vida. A los 40 años creyó que estaba preparado para escribir un libro, y de ahí salió su primer poemario "Sentimiento de soledad y belleza" que ha publicado en Internet. Sus poemas cortos -extraídos de este libro- se refieren a paisajes marinos, guijarros, cruces de piedra de los caminos, barcas, casas abandonadas árboles y ramas, lagartijas... Todo lo que le sirve para expresar su meditación sobre las esencias de los seres y las cosas.
CERRATO, Juan Pedro SENTIMIENTO DE SOLEDAD Y BELLEZA

 

María Victoria escribe a partir del repentino fallecimiento de sus abuelos, Zoraida y Cayetano, para restaurar la palabra en donde la palabra está herida en su ser.

Su poesía obra como un llamamiento: es la ausencia o la herida que deja en nosotros la muerte, es la muerte que conlleva decir el propio nacimiento.

DENTICE, María Victoria LOS AÑOS VENDADOS

 

Este trabajo es un reconocimiento para toda la comunidad poética existente en el país, esos seres cuyo principal reto es romper con la hoja en blanco, y lanzarse a dominarla; expandir su creatividad, su talento, sus propias miserias, sus demonios, en la búsqueda de la frase correcta, de la oración exacta, y que comparten entre sí, una sola cosa: el arriesgarse a ser leídos.

Adán Echeverría

ECHEVERRÍA-PACHECO, DEL SILENCIO HACIA LA LUZ: MAPA POÉTICO DE MÉXICO.
POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO 1960 - 1989
VOL. I. AGUASCALIENTES - CHIHUAHUA.

 

Siempre es ineludible cuestionar los límites. ¿Por qué desde un borde y no desde otro? ¿Por qué desde una esquina y no desde la otra? Es preciso acotar con el fin de aprehender la información. El espacio en el cual conviven las diversas manifestaciones de la cultura es amplio. Y ello no signifique que todo lo que está contenido ahí pueda, con el tiempo, convertirse en referencia obligada. Existen los criterios que definen a la poesía -tanto temporales como universales- así como la legítima apropiación que las sociedades ejercen sobre los productos culturales que originan; la cual, de manera afortunada, está por encima, incluso, de modas e imposiciones, casi siempre subjetivas, dictando así la última palabra en cómplice alianza con el tiempo. Jair Cortés, poeta nacido en 1977, dice que "poesía es aquello que está más allá de lo que está, es la puesta del sol"; pero ¿quién dice donde está, realmente, lo que está? Todo depende de la percepción y de la clara, u opaca, visión del que observa.

En ocasiones hay tanta oscuridad que no es posible vislumbrar ni, mucho menos, valorar el sol más esplendoroso. Sin embargo, también en las tinieblas está la claridad
hiriente que muestra lo que a veces preferiríamos no ver, porque en función de las sombras se define la transparencia. Los dos espacios conviven y se confabulan para conducir al poeta al ámbito de las posibles respuestas. A este respecto dice Mónica Braun: "Hoy sólo en lo inverso de la luz me reconozco." Sin embargo, existe, también, la justa perspectiva de la historia. Esa disciplina, capaz de poner en práctica una metodología que permita una investigación seria en torno al hombre y sus actos (culturales en este caso). Este mapa poético, concreta esta tarea importante por inclusiva. Aquel que, en el futuro, desee interrogar al pasado a este respecto encontrará en este mapa poético una buena parte de la respuesta ya que en esta muestra está contenida la visión del mundo de estos escritores que un día decidieron volcar en música, imágenes y demás figuras poéticas los sentimientos que conformaban su humanidad.

El rescate de las individualidades y de los procesos sociales como objeto de análisis sociohistórico es una de las preocupaciones de la historia social preocupada por el estudio de la sociedad en su conjunto y no sólo de ciertos individuos (señalados, designados o elegidos por dedos divinos). La escritura y la lectura son fenómenos que coadyuvan a la conformación de las sociedades y sus características ideológicas, económicas, políticas y culturales. La escritura ha sido, desde hace miles de años, el medio por excelencia a través del cual el hombre ha dejado testimonio de su paso por el mundo. Afirma Walter Benjamin que la historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío, sino el que está lleno de "tiempo del ahora". Ese "ahora" es cada uno de los poemas que conforman esta muestra. Un "ahora" instantáneo y ubicable que habla de las personas que los escribieron y el mundo que los rodeaba. "Un ahora metido en el espejo" dice una poeta en esta antología.

El espíritu se despliega en la historia y quien se atreva a cuestionar a la historia debe cuestionarse a sí mismo, dice María Zambrano y Eduardo Mosches -en "Los primeros pasos", texto introductorio de la Muestra de Poesía Mexicana 1964- 1985, publicada en la revista Blanco Móvil 101- señala: "Cada poema puede dar testimonio de la humanidad del ser humano; en cada entramado de las líneas se va tejiendo la unión de los fundamentos de la existencia... El poema es ese mundo íntegro que representa una forma insustituible de captar y comunicar significados vitales".

¿Quién debe y quien no debe participar de una historia? Me parece de suma importancia dejar, para la conformación de una historia de la poesía en México, una constancia de los hombres y mujeres que intentaron y/o lograron dejar una señal de su paso por la vida cultural de México a través de la palabra poética. Si esta palabra es poética o no, en términos estrictamente definitorios, será, como ya dijimos, tarea de la sociedad, de los lectores que con su aceptación legitimen una obra; pero, sobre todo, del tiempo que es el más implacable y omnipresente de los críticos. Por lo pronto, los autores han decidido seleccionar a los participantes de esta muestra con base en los criterios de las instituciones que, oficialmente y no, reconocen el trabajo poético: jurados, editoriales y el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

He escuchado a mis colegas quejarse a menudo de una falta de atención hacia las generaciones de los sesentas, setentas y ochentas. Es por ello que se ha tratado de atender esta carencia compilando y publicando antologías como "La luz que va dando nombre", "Eco de voces" y, más recientemente, "Animales distantes" en lo que toca a la generación de los sesentas a la cual pertenezco. Y así, cada generación hace lo conducente con respecto a su labor trabajando por generaciones, de manera separada y separadora. Es por ello que me alegra encontrar aquí un amplio panorama que pretende incluir a los escritores que, desde 1960 hasta el año de 1989, trashuman por el devenir histórico de la poesía en México. Con toda seguridad, porque siempre sucede lo mismo, habrá quien se quedó fuera. Pero la razón, me parece, tendrá que ver más con limitantes relacionadas con el acceso a las fuentes documentales que con criterios discriminatorios porque los autores han dejado bien claro que no pretenden erigirse en "gurús" de la poesía lo cual, en primera instancia, se agradece.

Me ha sido encomendada la tarea de introducir esta muestra de poesía perteneciente al Distrito Federal y la labor no es sencilla debido a la amplia y muy diversa gama de tintes, tonos y temáticas que en ella convergen. El Distrito Federal es un lugar sui géneris que debe esta sinergia de voces a su característica histórica de ser un espacio de reunión al que confluyen personas provenientes de toda la República Mexicana desde tiempos prehispánicos -hace al menos 700 años aproximadamente- cuando los mexicas construyen su imperio y éste se convierte en un centro obligado de las actividades políticas, económicas y sociales de gran parte de Mesoamérica. Más tarde, con la llegada de Hernán Cortés, Tenochtitlan se convierte en la capital de la Nueva España y, por lo tanto, centro de los vastos dominios ultramarinos del imperio español. Riqueza y complejidad fueron el resultado del tráfico y la migración continua de personas. Además de mercaderías, las personas que arribaron, y continúan arribando, a la ciudad de México, traen consigo objetos no materiales que enriquecen, día a día, la vida social y cultural de la población: noticias, costumbres e ideas. Piedras preciosas no tangibles que llegan y se adhieren, se mimetizan o se metamorfosean hermanando los pensamientos en este acontecer que construye, en el caso particular que nos ocupa, la ruta poética que atraviesa y rodea, desde múltiples posiciones, el espacio geográfico de la ciudad de México.

Ya en anteriores apuntes acerca de este documento, mencionaba que el 29% que representa la muestra de poetas radicados y nacidos en el Distrito Federal, está constituido por una amplia población de autores que dan lugar a una amalgama de culturas y etnias no sólo internas sino externas; toda vez que la población del D. F. está conformada por personas nacidas en otros estados de la República que radican en el Distrito Federal y otras que nacieron aquí, pero cuyos orígenes se encuentran, hereditariamente, en otro sitio. Esto da pie a una singular convivencia de diversas visiones y formas de estar en el mundo. Y en la diversidad está, también, la riqueza así que en este Mapa Poético son rescatados los ojos, bocas y entresijos de 177 poetas que han decidido navegar, bolígrafo y metáfora en el bolsillo, por las calles y drenajes profundos -antes lagos, caminos y riveras- de esta ciudad, cantando a las luces y sombras que acechan debajo de los semáforos o que, alevosas, se esconden en las húmedas entrañas de alguna alcantarilla. El rápsoda habita edificando y edifica poetizando afirma Hugo Mujica, poeta argentino, porque habitar es edificar, construir, crear en el espacio y en el tiempo.

Los poetas que habitan el Distrito Federal edifican utilizando versos que hablan de sus domingos familiares, de las puertas que gruñen y las soledades a quien nadie sirve un plato de sopa. De las "ideas que son capullo" y de los ombligos "donde se abonan todos los vientos". Ofrendan su música a las raíces "que no tienen canto" y afirman que "este siglo alumbra el lado opuesto del porvenir". El tiempo y el espacio van a la poesía y se trepan en las palabras para hacerse visibles; para develar los muros y los instantes que el poeta toca con su palabra y luego desparrama sobre una hoja en blanco en el mejor de los casos o en algún papel sucio y arrugado que recogió en alguna calle luego que se percató de que no llevaba consigo algo sobre lo cual escribir.

Se dice que el tiempo en las ciudades se desliza veloz entre los cuerpos y las ideas y esto tiene su parte de verdad, pero también de mentira. Es cierto que las ciudades envuelven al hombre en su vorágine obligándolo a moverse al ritmo vertiginoso de un ente que no puede detenerse so riesgo de volverse vulnerable ante los millones de seres que lo habitan. Sin embargo, hemos sido ingratos al definir al tiempo. El tiempo pasa a cada instante y está ahí para que lo vea quien pueda y quiera verlo. Quien se atreva a detener su paso para intentar apresar alguna de las minúsculas partículas con que el tiempo nos mantiene siendo, podrá saber que, como dice Zambrano, el tiempo es lo que no nos abandona, lo que "nos sostiene, nos envuelve", lo que "eleva al ser humano sobre la muerte que siempre está". Pero, de manera paradójica, para poder detenerse hay que moverse sin tregua en la banda veloz de la historia.

Siempre hay un momento en el cual se puede atrapar una gota de tiempo como a un mosquito para revisar cuanta luz, o polvo, ha recogido en las alas. Los poetas de esta muestra citadina se detienen ante el tiempo y le revisan las alas para arrancar de ellas las palabras y acomodarlas en largas filas que atraviesan el papel de lado a lado o se desgranan una tras otra para construir oraciones y conjuros; para contarse a sí mismos su propia historia. "Hemos llegado y no es del mar donde somos", escribe una mujer en un poema y desliza su mano sobre el vientre siempre fecundo del origen conocido; ese que sabe a tierra y a maíz, que se desliza sobre los canales antiguos, pero que termina colocando la respiración en la chinampa. "La muerte es siempre un vuelo interrumpido, un acontecer de silencios y palabras deshojadas", escribe un hombre y va dejando el rastro de su propia muerte frente a los ojos de los otros que también son él tratando de saberse sustancia. "Qué hacer con el tiempo que está ahí, inalterable como un lago sin reflejos..." se pregunta otro porque está cansado de buscar, pero sabe que debe seguir esperando una respuesta. Voces citadinas que se atreven a cantar distinto. Voces que prefieren la suave seguridad del camino ya recorrido. Voces que cantan a los cielos y a las muchachas del verano en cuyo cuerpo se ciñe el día. Voces que recorren los parques en busca de algún secreto para guardarlo en el bolsillo. Voces que gritan para "crear lo aún no creado" asumiendo, aunque pese, la propia existencia.

La palabra transita por la enigmática desnudez de los cuerpos que aman y se sueñan luz en alguna habitación y a ratos se detiene, melancólica, en la añoranza de los grandes palacios antaño perfumados de incienso donde Netzahualcóyotl dibujaba flores y colibríes sobre el papel amate sin olvidar subirse al vagón del subterráneo sólo para calcular cuántos minutos le quedan por delante luego de un inesperado encuentro con la muerte. La palabra ejerce la memoria viajando a las playas, desiertos, selvas y páramos en donde todo comenzó "una vez, tiempo atrás, hace llantos" para venir a terminar en medio del tráfico donde un viajero, "equipaje de la sombra", "viene y nunca llega", pero se repite sin cesar: "yo me traje aquí", y aquí debo resolverme. La palabra misma es un peregrino que deambula por la plaza de Santo Domingo descubriendo "el lenguaje imantado del instante" sólo para llegar al origen.

Encontramos, en esta poesía defeña, los más disímbolos personajes. La Farmacia de Dios, Alonso Quijano, Aquiles, Dylan, Baudelaire, Frida y Ometéotl conviven con los dispersos en cuya "respiración hay un murmullo que parece canto" y con "la gente que se mueve como maullido de gato". Las "sonrisas Canderel" y las "angustias Tupperware" de las muñecas rotas se suman a los aullidos de un perro iracundo que furioso recorre los laberintos del olvido afiebrado por la obsesiva maña de amar. Los
recuerdos, deseos y presagios; las sombras, dudas y lamentaciones, son la miga de este pan amasado con la emoción de los poetas que viven y escriben en la ciudad de México.

El quehacer poético es el mismo en cualquier sitio de la tierra. Cambian los escenarios y los personajes, pero el sentir del poeta es el dedo en el gatillo que produce el disparo. El dedo que toma a la palabra y le coloca un alfiler en el centro para luego mirar los estertores de sus alas como señala un joven poeta de la generación de los ochentas; la más reciente generación, escribiendo, dibujando y cantando los haceres del poeta. Las expresiones son variadas como ya señalé, pero las intenciones estéticas y existenciales son las mismas. Por ello es justa la propuesta de Mónica Braun: "Siempre que prometa su corazón como una ofrenda habrá que recordarlo". En esta muestra está el corazón de una buena parte de los poetas del Distrito Federal quienes se han arriesgado a ser leídos, como señala Adán Echeverría; quienes han atrevido la pluma a pesar de sentir, en ocasiones, ser "una palabra que debería de retirarse". Queden para la reflexión acerca de esta muestra poética los versos de Jesús Gómez Morán:
"Aquí todo es contacto entre sombras,
abismo que se traspone con el puente
tendido entre un poema y otro."
ECHEVERRÍA-PACHECO, DEL SILENCIO HACIA LA LUZ: MAPA POÉTICO DE MÉXICO.
POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO 1960 - 1989
VOL. II. DISTRITO FEDERAL - PRIMERA PARTE.

 

Escribir la introducción a cualquier texto literario obliga a la recomendación de su lectura, análisis y disfrute. Pero en el caso del Mapa Poético, la recomendación se transforma en una calle sin salida. Primer motivo: quienes asumimos la misión de escribir la bienvenida al volumen correspondiente a cada uno de nuestros estados natales, somos jueces y parte. Es decir, compartimos la emoción de la lectura, tanto como la de ser una de las muchas voces compendiadas en este proyecto. Segundo motivo: la naturaleza de este mapa es en sí misma una invitación a la lectura por placer, pues sus líneas fronterizas no dividen, sino hermanan.
No estamos ante una antología, aunque a su modo bien podría serlo; muchos de los poetas aquí publicados seleccionaron y enviaron a los compiladores lo mejor de su producción inédita; y algunos más, son jóvenes valores hallados en los medios electrónicos, sin publicaciones formales, pero protagonistas de una labor digna de ser tomada en cuenta. Al no tratarse de un trabajo estrictamente antológico, podemos asumir que lo que encontraremos no ha sido pasado bajo la lupa subjetiva de un crítico, el criterio de lectura será tan libre como puedan serlo nuestros ojos. Lo importante no será etiquetar lo que es bueno o malo, sino ubicarnos en el mapa, leernos en los otros.
La utilidad de este compendio poético es múltiple. Los escritores podremos acercarnos a la obra de autores de toda la república, aún de nuestra región, que quizá nos eran desconocidos. Los críticos tendrán una vasta fuente de estudio de la poesía mexicana contemporánea. Editores y promotores reconocerán la importancia de la publicación y divulgación de la poesía joven y, esperamos, imitarán el esfuerzo aquí reflejado.
El Distrito Federal es la entidad con mayor número de poetas enfilados en este muestrario. Hecho que hace patente la necesidad de descentralización de la literatura nacional y nos compromete a ampliar nuestra mirada y dirigirla hacia todas las orientaciones posibles.
En el presente volumen, escritores noveles recorren el mapa de la mano de autores con trayectoria. Ganadores de premios y becas comparten un espacio editorial con plumas inéditas o poco conocidas; fenómeno poco frecuente, aunque necesario. Muy distintas propuestas, así como niveles de factura, nutren el territorio poético de la capital del país. Lenguajes heredados de la tradición y las vanguardias del siglo XX conviven con las construcciones frescas y depuradas, sin imágenes complejas, de los poetas incipientes. Diversos ritmos, espejos de las lecturas personales, componen una pieza ecléctica con estancias tónicas para todos los oídos y todas las memorias. La ciudad, sus habitantes, demonios, escenarios, su velocidad y sus sonidos son, sin duda, temas recurrentes. Pero también están las postales de otros paisajes, el amor, la conciencia social, soledad, sexo, muerte, filosofía, sueño, la poesía misma y hasta el alcohol.
Todo esto es posible encontrarlo en los otros volúmenes, pero el enfoque particular que nos confiere una geografía común podrá ser percibido por quienes tengan la oportunidad del leer el mapa completo. Una tarea ardua, pero jamás aburrida.
Les dejo, entonces, en brazos de noventa autores más seis, menores de cincuenta años, que, desde la enorme Ciudad de México, nos invitan a celebrar la poesía y disfrutar de su lectura.

Ibet Cázares.

ECHEVERRÍA-PACHECO, DEL SILENCIO HACIA LA LUZ: MAPA POÉTICO DE MÉXICO.
POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO 1960 - 1989
VOL. II. DISTRITO FEDERAL - SEGUNDA PARTE.

 

Adán Echeverría, compilador de ésta antología, menciona lo siguiente: "Este trabajo es un reconocimiento para toda la comunidad poética existente en el país, para quienes el principal reto es romper con la hoja en blanco y lanzarse a dominarla, expandir su creatividad, su talento, sus propias miserias, sus propios demonios, en la búsqueda de la frase correcta, de la oración exacta; y que comparten entre sí una sola cosa: el riesgo de ser leídos".
A primera vista ésta es una muestra de las ideas y las distintas estéticas (no de la regionalización) del mapa poético nacional. Es un conjunto de obras que continúan un proceso constante de reinvención. Del silencio a la luz: Mapa poético de México: Poetas nacidos a partir de 1960 hasta 1989.
Se incluye aquí una selección de 7 poetas nacidos o radicados en el estado de Durango. La mayoría de éstos pertenecen a la década de los sesentas: Petronilo Amaya, Gerardo Campillo Llano, Jaime Muñoz Vargas, Salvador Ortiz y Luis Carlos Quiñones. Ismael Lares y Miguel Ángel Ortiz pertenecientes a finales de la década de los setentas y principios de los ochentas respectivamente.
Los poetas mencionados dentro éste Mapa Poético de México (Durango) son poetas que discurren por itinerarios varios y que se presentan de maneras distintas, pero compartiendo características símiles en su visión de poesía. Las antologías, por último, deben ser reflexiones y diálogos que transformen a la poesía en una plataforma que contribuya a combatir el silencio por medio de su luz.

Ismael Lares.

ECHEVERRÍA-PACHECO, DEL SILENCIO HACIA LA LUZ: MAPA POÉTICO DE MÉXICO.
POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO 1960 - 1989.
VOL. IV. DURANGO - HIDALGO

 

I
Siempre he considerado que hablar del término "antología" es un tanto difícil.
Si aceptamos la definición propuesta por la Real Academia Española como una "colección de piezas escogidas de literatura" me hace pensar ¿cuáles son los parámetros para incluir o dejar fuera esas colecciones de piezas escogidas de literatura? Claro me queda considerar que los antologadores necesitan delimitar las piezas, en este caso "Mapa Poético de México. Poetas nacidos en el periodo 1960-1989" se enfoca únicamente en aquellos poetas nacidos en esos casi treinta años, y claro me queda que la labor de hacer una selección de las mismas es una ardua tarea.
No profundizaré, a ciencia cierta, en los problemas existenciales que siempre me ha causado la palabra "antología", sin embargo es imposible no pensar en la importancia y la responsabilidad tan grande que conlleva realizar una antología para asiduos compradores que procuramos adquirir ejemplares de ellas en ciudades o países lejanos para conocer lo que se produce ahí, y saber que el riesgo es muy grande, porque grande es el mundo poético y, al igual que cualquier mapa geográfico, siempre quedan lugares que no se alcanzan a ver, porque siempre quedan poetas fuera, porque siempre hay quienes trabajan bajo el suelo y sus poemas no están incluidos en dicho trabajo. O hay quienes, por mera causalidad, no están aquí.

II
Muchas antologías de poetas se han hecho en Jalisco. Imposible no recordar aquella intitulada "Poesía viva de Jalisco" en la cual fueron reunidas 142 voces que fueron seleccionadas de un total de más de 250. Muchos investigadores han realizado, incluso, diccionarios de escritores vivos de Jalisco. Sin embargo en todas han quedado poetas fuera de dichos proyectos, poetas que reunían los "requisitos".

III
Después de revisar con minuciosidad este mapa poético de Jalisco no pude evitar descubrir que faltaban algunos nombres como Abril Medina, Patricia Mata, Marco Antonio Gabriel García, Carlos Cortés, Angélica Maciel, Paula Zulaica, Elizabeth Salgado, Alejandro Zapa, Angélica Pérez, Felipe Ponce, Fernando Toriz, Juan Cervantes, Lucía Rostro, Fernando Carrera, por nombrar algunos, que podrían estar, pero no están aquí, luego algunos de ellos se encuentran en otras antologías y entonces hay otras ausencias. 
Por ello es que considero que una antología no debe ser la única guía de lectura, sino un eslabón que nos lleve a la búsqueda de otras cadenas para encontrar otros poetas, porque toda antología apenas puede ser un ligero trazo de la Realidad. Hay voces como la de Adriana Díaz Enciso que la geografía nos delimita, sin embargo su voz alcanzó a llegar a este mapa. Hay voces como las de Melissa Nungaray en donde el tiempo nos delimita, pero que vale la pena revisar.
Estoy segura que muchos se llevarán una grata sorpresa al leer el Mapa Poético de Jalisco, pero más sorpresa se llevarán si se atreven a indagar sobre los poetas que no se incluyen aquí, porque dicen que en Jalisco se encuentran poetas cuando levantas una piedra. Y, como dicen, para muestra basta un botón. O, mejor dicho, una palabra.

IV
Podemos considerar este "Mapa Poético de México" como la silueta de las voces que por causalidad se encuentran aquí y, a partir de esas lecturas, considerar la ardua indagación de otros autores que se reflejan en sus voces porque ellos son las principales fuentes para conocer a otros que están trabajando poéticamente.

V
Difícil es hablar de algo común en la poesía tapatía. Hay diversidad de temas y una infinidad de voces poéticas. Y en ese sentido la pluralidad de sonidos no debe escatimar la posibilidad de encontrar otra nueva. En este conglomerado de voces encontraremos el eco de nuestra ciudad y su rutina; la oscuridad y la falsedad de un posible amor; cigarros y botellas; el amor y la esperanza.

VI
No podría dejar fuera lo que alguna vez advirtieron Dante Medina, Jorge Souza y Raúl Bañuelos al decir que la poesía de Jalisco puede "compararse al fuego de una chimenea que arde con llamas desiguales pero alimentando una misma hoguera; o quizás a un lago agitado en donde las ondas proceden de innumerables sitios, y las crestas y los valles de las olas se encuentran en constante movimiento". Nuestra poesía es el mismo fuego que se convierte en el mismo tono del agua, un caleidoscopio de emociones y nostalgia que nos atrevemos a suspender en la palabra.

VII
Quizá es la intención de toda antología, reunir en sus hojas algo que se me ocurre llamar fotosema, imprimir con luz las palabras y sus posibles significados. Mantener un diálogo con los autores que nos presentan y recorrer la historia de quien nos interese conocer. Entremos pues, a este enfrentamiento de silencios y de luz; de imágenes y de sinsentidos, de sonidos pausados y de movimientos estridentes. Porque a los 52 poetas de Jalisco reunidos aquí nos une el mismo sentido de pertenencia, el deseo de ser permanentes: es ahí en donde se origina nuestro canto, la diversidad de posturas, todo lo que se edifica cuando escandimos nuestros sueños.

Leticia Cortés
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ECHEVERRÍA-PACHECO, DEL SILENCIO HACIA LA LUZ: MAPA POÉTICO DE MÉXICO.
POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO 1960 - 1989.
VOL. V. JALISCO - NUEVO LEÓN

 

Dentro de la complejidad del panorama poético nacional predomina la dispersión. Una muestra de ello son las crecientes divisiones en torno a su regionalización. La poesía no reconoce divisiones, ni los poetas deben ser valorados por condiciones demográficas, sería absurdo. Es necesario decir que una antología nacional puede permitirnos establecer diferencias en cuanto a estética, pero sin alejarnos de los principios fundamentales de la poesía.

El lenguaje poético se manifiesta de manera distinta y en diversos entornos como es el caso de ésta muestra. No se trata de buscar la claridad, sino de iluminar la visión frente a esta niebla de enfrentamientos poéticos. La realidad nacional es similar en cuanto a todos sus problemas. Por eso debemos dar sentido a la reflexión, pues allí está el punto de partida. No se deben delimitar las voces como si fueran fronteras políticas, tal vez pudiéramos establecer diferencias, pero rescatando el verdadero fin de la creación: imagen de la vida.

ECHEVERRÍA-PACHECO, DEL SILENCIO HACIA LA LUZ: MAPA POÉTICO DE MÉXICO.
POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO 1960 - 1989.
VOL. VI. OAXACA - SONORA

 

Hemos de hundirnos en las voces de Tabasco concientes de que la luz no dejará de alumbrar los horizontes de la palabra. Uno puede deslizarse sobre el pantano que nos inunda la carne, esa selva en la que tantas veces podremos recurrir a intoxicarnos. Ya se sabrá siempre las influencias, sin embargo, Tabasco no será eso solamente. Porque las fronteras no son límite para la palabra, porque un esfuerzo globalizador no podrá dejarnos de andar sobre los diferentes meandros del lengauaje.

En esta primera edición del Mapa Poético, para el estado de Tabasco rescatamos las voces de apenas 8 autores. Hemos querido dejar claro que nuestras búsquedas siempre han sido incluyentes, y somos concientes de la falta de algunos autores que no se sumaron al proyecto quizá por falta de conocimiento del mismo, y que esperamos puedan sumarse en ediciones futuras.

Sin embargo, paladear las voces de Magaña, Marquines, Solís, García Ruiz, entre otros, no puede sernos indiferente. Es por ello que habrá que reconocer que de las definiciones poéticas nos miramos hartos, no hay más que sólo un palabrerío obsceno para el destino de los sueños, dice el poeta y tiene razón su voluntad, porque la vida se nos presenta cotidiana y transparente y hay que ir más allá de la búsqueda, hay que ir siempre en pro de la creación insana, de la percepción demoledora que los sitúe llenos de voluntad y espacio de reconocimiento, hasta encontrar su voz, libre de influencias, lo que todo autor quiere.

He aquí un racimo de voces que nos hablan desde el espíritu, más allá de la humedad, bordeando las noches polvosas y llenas de ruido de las grandes urbes a donde sus autores han ido a intentar su destino.

Así se entiende la voz transparente de los poetas tabasqueños. Como cerrar los ojos y preguntar si el diablo ya se ha ido, como mirarse sumidos en el abandono hacia el arte. Los autores acá reunidos siguen formando la tradición literaria más allá de los límites estatales, justo como se presenta en el resto de las entidades que forman este megadiverso panorama de la poesía nacional mexicana.

Hay que reconocerlo entonces, se debe ser valiente para sentirse vivo y no titubear sino más bien seguir creyendo que Dios es una mierda, que se permanece mirando el cotidiano devenir del mundo bajo esa premisa de saberse inhóspitos, recalcitrantes y ajenos a dogmas conocidos y por conocer. Porque el poeta será dios y creación, creador y presencia de un mundo imaginado en sí mismo, de un mundo en el que el lector tendrá que ir entrando de a poco.

La poesía continúa marcando trazaduras reales, apoyada siempre en el reconocimiento del ritmo, así se marca la trascendencia de los autores de Tabasco, justo como se muestra en los siguientes versos que nos dicta Álvaro Solís:
¿Cómo pudo la luz emboscarnos en la nada?
Habíamos encontrado muchas luces en la selva,
pero perdimos el camino de regreso a casa.

Adán Echeverría
ECHEVERRÍA-PACHECO, DEL SILENCIO HACIA LA LUZ: MAPA POÉTICO DE MÉXICO.
POETAS NACIDOS EN EL PERÍODO 1960 - 1989.
VOL. VII. TABASCO - ZACATECAS

 

La intervención del deseo de la creación literaria no es un dato nebuloso, abstracto, sino que es una de las raras nociones que permiten iluminar una forma de producción. Esto lo vio con claridad René Char quien en uno de sus aforismos define al poema como "el amor realizado por el deseo que ha seguido siendo deseo".

"Al ojo de un cormorán" de Miriam Fuentes acuerda en lo medular con esta poética en tanto el texto está vertebrado por la tensión amorosa. Edificado en los límites de un eros harapiento, anhelante, la búsqueda del objeto amado se invierte a la hora del encuentro: "Sin herirlo lo dejo /insomne /con la experiencia y el mañana/Me voy porque cada día es uno/creyendo de antemano/que las presencias difícilmente cicatricen/al ausente/ y que de ningún modo renunciaré al ojo de un cormorán". En toda escritura de género debemos rastrear la "doble voz". Hay una voz en sordina que deja en la superficie textual las marcas de un sujeto que disuelve una identidad social sobrecargada de mandatos y deberes para proyectarse en otra distinta que es básicamente reformulación (Alicia Genovese). Como mujer Fuentes torsiona el discurso dominante y hace de la representación un campo de batalla donde se enfrentan dos cosmovisiones la femenina y la masculina. Situacional iconoclasta, la mano que se niega a escribir con una pluma-pene inscribe un palimpsesto que brota de ese "continente negro" que es "Instintivo movimiento/hendidura y preguntas/tantas preguntas por desesperar/¡Urdir interrogantes es cosa mía/".

Este extenso poema que por ciertas marcas parece responder al género epistolar nos recuerda la simetría pasional de la monja portuguesa. Pura tensión de flecha lanzada hacia un ausente, paradójicamente revierte su tropismo en boomerang: la búsqueda del amado invierte su dirección y deviene introspección, desnudamiento de un yo enamorado, inquisitivo, polémico.

FUENTES, Miriam AL OJO DE UN CORMORÁN

 

La poesía en Hispanoamérica ha tenido en casi todo su desarrollo la marca del grito, la marca de la urgencia, este llamado fue un pedido de atención al lector, al hombre hispanoamericano, para que abra sus oídos y su corazón a una realidad que no debe dominarlo. Quienes hemos vivido en este Norte argentino, donde campea la resignación, difícilmente podamos escribir una poesía ajena a ese grito.

Miriam Fuentes en este poemario no solo demuestra que se hizo cargo de las tensiones humanas, sino que además ha encontrado un modo original e intenso de decirlo.

Este poemario puede definirse como poesía de la cornisa, aquí los hombres y las mujeres aparecen como eternos equilibristas en el circo del mundo, acosados por la contingencia en un mundo injusto y decadente. El referente es un espacio de la realidad con pájaros, árboles y mangos, que se presentan en el poema a través de imágenes caóticas y en mutaciones permanentes.

La palabra, entonces es el reflector que desnuda los detalles, construye, colores y sonidos que se apiadan del mundo, lo comprenden, lo aman y lo padecen.

Gatos, palomas y lagartos pueblan este libro, con su valor de referencia, pero también como símbolos del movimiento, de la vida y del deseo. Ratas, mariposas y moscas son también elementos de imágenes que sorprenden y de una adjetivación para nada convencional. La voluptuosidad y el hedonismo que saturan el texto no alcanzan para ocultar la enorme soledad del yo, que ve al otro como una angustia que acosa y como una realidad insaciable.

FUENTES, Miriam DE LAGARTOS TATUADOS Y PÁJAROS DE MANGO

 

Miriam Fuentes nos sorprende con este poemario, escrito a impulsos de una necesidad perentoria de participar a los lectores la intensidad de los latidos de su corazón, la grandeza de su amor a la madre tierra, la infinita alegría por la suerte de vivir, la esperanza en la magnanimidad de los seres humanos y su visión íntima y entrañable del mundo. Según la propia autora, el libro no satisface todas sus perspectivas de logro poético. Responde a su espíritu femenino de urgencias, razón por la cual puede parecer irregular y carente de mordiente, como si le faltara dar un giro o alcanzar el punto justo de retorcimiento y corrupción. Esta apreciación de la poetisa es consecuencia de su eterno descontento con los resultados de su actividad creativa, del obsesivo afán de autocorrección, pero no se corresponde con el tenor de los treinta y cinco poemas que componen la obra. Porque los textos que Miriam Fuentes presenta en "La giralda" son genuinos diamantes poéticos de muchos quilates. Traslucen sinceridad y espontaneidad a raudales. Y son la muestra de una poética auténtica y peculiar. "Soy una gota original" afirma la autora en el último verso del poema "El temporal". Y, también en el último verso del poema "De ver tantos sombreros", añade: "Agua fresca para los que caminan". Indudablemente lo es. Aún así, reconoce que afrontó su tarea creadora entrando con la boca seca al dominio del viento, poniendo de manifiesto la dificultad que entraña abordar la realidad de la propia conciencia. Con todo, lo cierto es que su fuerza interior venció los embates del ciclón de las pulsiones, el temor y la incertidumbre, y manó un torrente de extraordinarios versos. A veces son bocanadas de espanto; a veces, pálpitos de libertad sin mesura; a veces, globos de colores pinchados; a veces, alas rotas de mariposa; otras veces, estertores de una muñeca de trapo abandonada en una esquina del desván; otras, súplicas al viento; otras, brindis al fuego de los besos futuribles; otras, apretones de manos; otras, esquelas de sueños agostados; y otras, lágrimas vertidas a un papel en blanco. En fin, Miriam Fuentes ha cumplido su palabra, y ha sido esa giralda que nos ha mordido los corazones desde el suburbio, tal y como prometía en los versos del poema "De ver tantos sombreros".

FUENTES, Miriam LA GIRALDA

 

Esta mujer de ojos lejanos llegó desde el asfalto y se quedó en Vespucio, el pueblito del tártago. Puso su corazón sobre la tierra.
Y renació "preñada del verdor del abismo, del polen del follaje" cantando su amorosa canción.
No hay nada frío en ella, nada superficial. Es una poesía que se derrama como un jugo de granadas en los labios, como rocío o sangre," sol madurando el monte", intensa, visceral.
El suyo es un lenguaje carnal y desgarrado, "empapado del sexo de, sudado de aguacero, saliva conjugando los huecos y los labios".
Y "para que lo poco no nos baste" juega con palabras "parecidas a cuchillos brillantes".
Es un torso desnudo de mujer interpelándonos, con "una mirada inquisidora y ardida, furiosa de pena hasta la realidad".
Nos habla de mujeres en la noche, con su "alcancía silenciosa de entrepierna", de Pedro, el ferroviario, el que" guardó recuerdos en su saco como boletos inauditos que vendió" y ahora tiembla, con un telegrama de despido entre las manos.
Ha "perdido detrás del cementerio ser heraldo d peligrosas inmundicias". Le pesa "lo que duele en los zapatos de otros".
Usa de la severidad y la ironía, pero sus ojos como los de los ciegos, mas que mirar parecen ir palpando a los seres. Sabe que detrás de las mascaras habita la materia dolorida, despojos, cielos rotos, huecos de soledad. Y ella les va lamiendo la tristeza como un perro a su dueño.
Pero también celebra "las voces de la aurora", los fuegos que se encienden en los ojos de un niño, la rama desnuda del lapacho en flor.
Canta "la condena de esta maravilla". 
Camina con "la piel húmeda como un rezo... tapándose los dientes para cuidar los besos", alucinada y tierna.

FUENTES, Miriam LAS BESTIAS DEL ARCO IRIS

 

"Cuando cumpla mil años" es la crónica poética del peregrinaje de un hombre que antes de ser hombre, fue un árbol. Un árbol bueno, donde amanecían primaveras y atardecían esperanzas. Un árbol firme, empeñado en colmar el hambre de los niños, en servir de cobijo a los pajarillos, en guardar los secretos de los amantes, en precipitar lluvias de lágrimas salvíficas, en promocionar jardines de libertad y en ulular sueños. Un árbol de excelente maderal colmado de fantasías que le tenía miedo al leñador y al fuego. 

Pero un buen día éstos llegaron: el leñador taló todos los árboles del bosque y se llevó sus troncos; al tiempo que el fuego quemó los matorrales, las hojas y el ramaje. De este modo, el árbol se hizo leña; luego cenizas; y definitivamente hombre.

Y ese hombre nació en una ciudad, en un cementerio de hastío y soledad habitado por otros hombres, todos ellos pululando por las calles, todos ellos a la deriva, todos ellos con el corazón acartonado de egoísmo y egolatría, todos ellos procreadores de una estirpe de hurones y sanguijuelas.

El hombre, que antes fue árbol bueno y firme y temía al leñador y al fuego, era un hombre justo y cabal, amante de la naturaleza, compañero de sus iguales, merodeador de corazones, cantor de todas las lenguas, navegante de madrugadas, adalid de la paz, defensor de utopías y constructor de sueños inmortales.

Así que, viendo que en la ciudad imperaban el hacha del leñador y el fuego- convertidos ahora en violencia poliforme y miseria humana-, cuando cumplió mil años, decidió irse a vivir al mar.

Como antes de ser hombre fue árbol, quizá por simpatía natural, o tal vez por prevención, germinó en el fondo marino con condición de coral. Allí, fue testigo de historias de amor entre viejos lobos de mar y bellas sirenas, de cientos de naufragios, de no pocas peripecias de piratas y corsarios, del sosiego en el fondo de las aguas y de la agonía de los peces atrapados en las redes de los pescadores. Allí conoció la majestuosidad del albatros, la fortaleza de los vientos, las aventuras de las olas, las confidencias de la luna y las tonadas de las nereidas.

El tiempo, inexorable, transcurrió en siglos. Y el coral devino nuevamente en hombre. En hombre in-corporado que regresó a la tierra, pero no a la tierra mezquina y tétrica de los antepasados, sino a una tierra de promisión. Imaginó este hombre galaxias de amor libre, un planeta sin abismos ni alimañas y ciudades insólitas donde desplegar bulevares de concordia y calles que condujeran a los despeñaderos, para los jinetes del Apocalipsis. Se erigió en guerrero de la vida, conversó con las estrellas, dialogó con sus congéneres, participó del vuelo de las aves y se hizo amigo del águila y del cóndor, de quienes aprendió la altura del amor. Finalmente, fue a habitar una ciudad inventada por las golondrinas. Y se hizo sombra en la choza y la reja del individuo humano y se transmutó en canción para la vida.

Hoy, aunque su cabaña se ubique al borde de un barranco por el que a veces se precipita hacia el vacío y aunque, otras tantas, sienta la tristeza de la hoguera, sabe que su destino es ser madera, un humilde poeta.

ADRIÁN ARZA

GARRIDO CHALÉN, Carlos Hugo CUANDO CUMPLA MIL AÑOS

 

Cuatro rosas y un sueño de Ana Herrera Barba se presenta como un enfoque histórico, un trasfondo de exotismo, cuatro mujeres de otro tiempo, cuatro rosas 
que nos hablan desde el ayer para hacernos reflexionar sobre el presente más cercano.

Cuatro mujeres que sintieron las mismas inquietudes de la mujer actual, que se entregaron a sus sueños y al amor, y que padecieron el dolor sobre sus almas 
de violeta. La primera es la voz de una mujer del antiguo Egipto, que dejó grabada su historia sobre una losa de piedra que se encuentra en el Museo 
Británico de Londres. La segunda, Hipatia, la última directora de la Biblioteca de Alejandría, primera filósofa y científica de occidente, lapidada en su 
ciudad en el 415 d.C. Walläda, la última princesa del califato Omeya de la ciudad de Córdoba; vivió en el siglo XI, y fue una mujer rebelde y una excelente 
poeta. Mumtaz Mahal, la mujer que inspiró la construcción del Taj Mahal, esa maravilla de la arquitectura moderna que Tagore bautizó como "Una lágrima en 
la mejilla del tiempo".

Cuatro relatos y cuatro poemas que nos desvelan las voces de ayer que no son sino las voces de hoy y las voces del mañana.

HERRERA BARBA, Ana CUATRO ROSAS Y UN SUEÑO

 

"El árbol de la memoria" es un conjunto de poemas producto de distintas épocas en publicaciones de diferentes libros de Guillermo Ibáñez, quien afirma: "La edición conforma un corpus y es definitiva, después de sucesivas correcciones, a mi entender necesarias, para esta antología que en cierta forma es, en su totalidad, mi trabajo poético hasta el año 2000". La reunión de poemas de las distintas etapas de la obra de Guillermo Ibáñez se hacía necesaria. En las condiciones de conocimiento por parte de los lectores de poesía en Argentina, nada más proclive al error que conocer a un poeta por sólo un libro o un par de libros. Más aún en el caso de Ibáñez, que se trata de un poeta complejo cuya obra posee un desarrollo no lineal, caracterizado por recurrencias y superposiciones; que además, la suya está parcialmente dispersa en publicaciones y volúmenes colectivos.
Por su fecha y lugar de nacimiento, nuestro poeta debió haberse adherido a los parámetros del creacionismo o, mejor aún, del cotidianismo. Con el primer nombre hemos preferido designar a la corriente que suele identificarse como "Segunda generación vanguardista", o "Vanguardia surrealista". Pero nuestro apelativo connota inequívocamente para mayor claridad la relación de estos poetas con las teorías de Vicente Huidobro: "no cantéis la rosa, poetas/hacedla florecer en el poema", que sirvieron de principio rector para la corriente y la distinguieron del vanguardismo primigenio, que otorgaba a la poesía un papel más restringidamente celebratorio.
G. Ibáñez nace en Rosario en 1949. Al llegar a la adolescencia, cuando empiezan a dársele los primeros poemas, termina de florecer el creacionismo rosarino, ciertamente algo atrasado con relación a movimientos porteños como el invencionismo de Edgar Bayley o su posterior decantación en los poetas de "Poesía Buenos Aires", liderados por Raúl Gustavo Aguirre. Para entonces, autores como Aldo Oliva, Alberto Carlos Vila Ortiz, Rafael Ielpi, Elena Siró o Armando Raúl Santillán -precedidos de Rubén Sevlever, que hace de nexo con la sensibilidad anterior, la de la Generación del 40-, ya están publicando revistas literarias, y dando a conocer sus primeros libros.
Pero simultáneamente otros poetas, de la misma o parecida edad que él, circulan por bares y foros culturales de la ciudad, defendiendo una sensibilidad distinta: si los anteriores se han beneficiado con la democratización cultural aportada por la bonanza económica que aprovechan los sectores medios y humildes, éstos viven esa democratización como natural, y proyectan los valores antes privativos del libro a los géneros despreciados de la historieta, la canción, la novela policial y de ciencia-ficción; y odian el tuteo en la narrativa (aunque difícilmente se animarán a suprimirlo de la poesía). La corriente que van a generar ha recibido nombres como “cotidianismo”, “coloquialismo” o “generación del70”

Eduardo D´Anna

En la misma medida en que lo han hecho otros autores, la obra de Ibáñez, todavía sigue situándose -como la de tantos poetas rosarinos- en ese lugar lateral que caracteriza a los textos «inapropiables», para los aparatos culturales dominantes. Pero esa marginalidad (o excentricidad, o incluso excesividad), respecto de tales aparatos, tal vez sea el lugar que mejor le cuadre a una poesía como de este poeta, puesto que su lenguaje y los asuntos que trata, difícilmente podrían ser recuperados por una perspectiva que consagra lo obvio y lo común".

Roberto Retamoso

IBÁÑEZ, Guillermo ÁRBOL DE LA MEMORIA

 

"Voces de la palabra" lugar de aserción, de la interrogación o interrogación de la aserción misma. "Sombras sonoras" metáfora que circula como un río (siempre el mismo, siempre otro), que se baña en su propio reflejo creyendo encontrar al Padre, al otro, a Narciso...
Búsqueda de un tiempo primigenio edénico donde "El hombre ha descubierto/la voz que lo hermana/escucha desde lejos/entiende la distancia/El hombre es todo voces/silencio, todo alma".
Pero también la palabra desprendida como de un pentagrama cósmico "Miro/desaparece Maya/pero lo sólo visto/no ilumina el centro"; la caída, las infinitas imágenes especulares siempre otras, distintas de esa letra original olvidada, enterrada en su propio lecho, la mirada, mirada desde otra orilla, la caída, la enajenación de la propia subjetividad. "El uno/ ido en otredad /no se alcanza/ nunca más"
La grieta como marca original de la caída, brecha por donde transitarán las palabras una detrás de otra, reflejo del reflejo como gesto agónico en su doble acepción: tensión del hombre con su palabra y como vano intento de una (descentrada) esperanza: "esa imagen/estimado Freud/ es insuperable/. Sin espejos y despojo/ todo el inútil/."
Pensar la palabra como cuerpo viviente, como zoon de acuerdo a la concepción platónica: La palabra como pulso, ritmo del universo, floresta y floración: arbórea escritura donde la dicho está siempre por decirse y siempre por olvidarse. Poesía de soledad o de comunión, al decir de Octavio Paz: ¿dónde el límite del gesto y el acto del poema?. Palabra casi secreta, casi inaudible, madre de todas las palabras que trama su propia figura que forma una constelación donde la voz íntima se esparce en ecos y resonancia donde la voz se multiplica hasta parecerse a sí misma pero esta vez dicha por el otro.
Comulgar con el paisaje es en "Sombras sonoras", comulgar con la palabra, asistir desde la palabra al nacimiento del poema, contraponer el devenir "humano, demasiado humano", al misterio de la rosa "que esta en su eternidad y no en sus palabras" como dirá Borges.
"Las voces de la palabra- Sombras sonoras", recorrido de la mirada, de la voz serpenteando en cada poema como variación, como fragmento de una misma partitura; sombra chinesca que se agiganta y empequeñece, pero siempre sombra de la sonoridad, imagen de la sombra que asombra en voces palabras.

Ana Victoria Lovell

IBÁÑEZ, Guillermo LAS VOCES DE LA PALABRA - SOMBRAS SONORAS

 

Ya en la primera parte de "26 Poemas Fundamentales", Guillermo Ibáñez nos desvela su propósito al escribir este poemario. Abre el juego una clave, que está dada por "De los niveles", un poema que advierte sobre la irrupción del lector en un universo abierto, pero fuertemente condensado en torno a la unicidad del sujeto autor, que tiene conciencia de su multiplicación en el otro como una dialéctica donde la identidad no se pierde, sino que se posterga, que es diferida en la multiplicidad. Esa individualidad que es la que crea el poema pero que no puede crearse a sí misma hasta que no se produzca un discurrir entre los otros, un periplo del que necesita para conformarse. En la aparente paradoja instalada por Ibáñez, el sujeto autor es definido como un hombre solitario que necesita tanto de los otros como del entorno no humano para ser, para alcanzar su mismicidad, al tiempo que incorpora elementos que, ubicados fuera de lo humano, forman parte de ese viaje entre los seres y las cosas que habrá de resolverse en la identidad. En el sustrato, sin embargo, la misma conciencia que advierte que el sujeto es muchos -el "yo es otro" de Rimbaud- también se siente espectadora y entidad comprendida por lo que se encuentra fuera del área de lo humano, dado que como bien enuncia Ibáñez, esa conciencia gestora del poema es capaz de apreciar el decurso de un espacio / tiempo, la tarde hecha sinécdoque del tiempo y del espacio, pero asimismo se sabe capaz de olvidar el instante, lo que equivale a optar por el continuo en detrimento de lo particular. Este juego entre las partes y el todo es el resumen y la aseveración final de la mayor importancia del conjunto respecto de la parte, donde el colectivo es mayor que lo particular, aunque acertadamente se imponga luego el juicio de que es precisamente la conciencia ampliada del peso definitivo de lo colectivo lo que culmina por conformar lo individual. Asistiremos en "26 Poemas Fundamentales" a otras reverberaciones del mismo concepto inicial, pero el hecho de ubicar en el frontispicio de la colección de poemas a la que ingresamos esta aseveración fundamental, la exhibe como un eje del conjunto y una de las llaves de la necesaria hermenéutica que nos brinda el autor. Ibáñez nos recibe así, mostrándonos su multifacetada condición de sujeto creador / creado por su propio mundo poético.
El mismo dice, por si alguna duda cupiera en nuestra lectura que avanzó hacia el segundo poema, ratificándose en sus dichos: "Recién consciente / de la nadidad del ser / salí a la luz./ Transité corredores,/ y apenas conseguí/ la primera llave / ignorando aún / innumerables puertas.". Estos siete versos abren otra instancia que amplía aun más lo referido en los anteriores: los "26 Poemas Fundamentales" son un largo viaje, breve en términos de la horizontal extensión del texto -le alcanzan 888 palabras para hacerlo- pero extensos en otra dimensión cara a la poesía, que es la de la profundidad, cuyo norte es precisamente la adquisición del dominio de esa conciencia que se sabe plurifacética, multidimensional, que se extiende más allá del sujeto pero que conoce que en su periplo no hay una pérdida de esa individualidad, sino muy por el contrario un apropiamiento, un conocimiento de sus extendidos límites, que están expandidos inclusive más allá de lo humano.

Luis Benítez
IBÁÑEZ, Guillermo 26 POEMAS FUNDAMENTALES

 

Simplemente quiero aludir a la propia autodefinición del poeta. Guillermo Ibáñez dice: "A vos/ que eras viento/ te escribe él/ que es viento."
Y ese "él", que no es artículo sino pronombre en la tercera persona del singular, un lugar ocupado por el poeta en todo el texto de esta obra. Desde aquel "Poema último", que para quienes no lo hayan leído fue uno de los textos más jugados del autor, desde aquel viento que tuvo un cariz de tornado tempestuoso y apasionado, a este Ibáñez poeta de hoy, hay una distancia, estaciones de la vida, modos de concebir la realidad más despojadamente, con más silencios y preguntas que con aquella ardorosa vehemencia.
Y Justamente, es en esas preguntas retóricas donde radica la imposibilidad de una respuesta y por lo tanto, el cuerpo del libro se vuelve existencial, plagado de incertidumbres humanas, coherente con el transcurso del tiempo y de la vida, coherente con el dejar paso a la observación. Podría decirse a la contemplación casi venerable del ser, de la naturaleza y de todo lo que por viviente hace que valga la pena ser visto y rescatado. 

A pesar que el poeta alude a la muerte en varias ocasiones, éste es un libro vivo, respira como él, es también un cuerpo. 
Aquí todo es ir como el viento, ese viento que junta y esparce, que reúne y disgrega sin preámbulos ni advertencias, sin pecado, sin arrepentimiento. Él es el viento. En este libro parece que no ha quedado experiencia por hacer, lo que respira y lo que exhala Ibáñez es el hálito de su propia vida, lo que respiró con aquella pasión del Poema Último, ahora lo ha transformado en un instante de meditación y el libro es casi un instante, pareciera escrito así, en medio del compás respiratorio, todo de golpe y uno. Para ser más exacta, pareciera que ese compás hubiera durado tanto como llevó la escritura del libro, que nunca se hubiera cortado o decaído, que hubiera sido un largo juego de sostener la respiración hasta haber quedado concluido, y esto es lo que logra su autor combinando y recombinando momentos hasta dar con un final provisional y tal vez promisorio de nuevos vientos como lo anuncia o bien nos encarga, nos invita en una cesión de metas y voces, para que sigamos todos los que hacemos el oficio, esta ruta propuesta que nunca concluirá, como el mismo viento.

Guillermo Ibáñez es próspero en sucesiones de imágenes que hablan de una gloria, su territorio, tal vez Zavalla, tal vez Rosario, tal vez el mar de sus viajes.
Tal vez cuanto territorio pise. 
Es un poeta de lo tangible pero ahora, de construcción despojada, casi lacónica. Va reparando en paisajes, pájaros, cielos, pero apoyado en ellos busca el otro lugar, el que lo saca de la inmediatez palpable, visible, real porque él necesita salirse de esto y busca el vacío, la nada, ese sitio del "desterritorio" en el que se excluye del ámbito amado y natural y va hacia un lugar, zona inaccesible en el que se complace y dice: 

"Soplo o desprendimiento/ en que el cuerpo/ desaparece/ se transforma en vuelo" o "Dentro del vacío/ palpitan rituales/ sangre adormecida/ puertas abiertas."

Es el acceso a un estado vacante, sin imágenes y sin conceptos. Espacio desierto pero fértil que volverá a ser habitado por nuevas imágenes, que se volverá a llenar de sustancia poética mientras este viento siga soplando.

Ana María Russo
IBÁÑEZ, Guillermo LIBRO DEL VIENTO

 

Cuando decidí reunir en una publicación electrónica, al menos hasta ahora, notas publicadas en diferentes medios sobre poetas, poesía y alguno que otro libro; lo hice pensando en actualizar aquellas que lo ameritaran de algún modo, tratando de respetar los textos originales, con las pequeñas salvedades que,<dada la cantidad de años transcurridos>, debieran realizarse. Tal el caso de notas que en su momento, trataban de poetas que aún vivían y hoy algunos ya no están.

Creo que estas notas, también constituyen el trabajo de quien se ha ocupado de otros poetas contemporáneos, que conoció personalmente o conoce; para contraponerse a la tan remanida jerga universitaria en la que los estudiantes tratan a Virgilio o el Dante, pero, o ignoran o hacen que no existen sus coterráneos, sus contemporáneos o sobretodo, sus "colegas".

Asimismo, porque la letra de los diarios donde aparecieron estos textos y a pesar de los cuidados que se les prodiguen, con el paso del tiempo se van haciendo cada vez menos nítidas, apenas visibles y quiero recuperar para el lector, aquello que hace tantos años atrás, tuve el honor de escribir sobre los autores que trato, y ahora, este modo electrónico preservará por otro tiempo más que el de la tinta y el papel.

Aquí se habla de Héctor Yánover, Guillermo Harvey, José E. Peire, Jorge Enrique Ramponi, Luis Franco, Orlando Calgaro ominosamente olvidados por muchos y que sin duda, constituyen el acervo poético contemporáneo argentino. Para con ellos, esta edición constituye un pequeño homenaje a sus vidas y sus obras.

A quienes viven, tales los casos de Edgar Morisoli, Reinaldo Sietecase, Eduardo D'Anna, Lucía Carmona, María del Carmen Suárez, Sofía Acosta, Alejandro Nicotra, entre los que elijo para incluir, están produciendo en ese ancho y rumoroso río de la poesía y la literatura y mantienen hoy, como diría Rubén Vela, "la palabra en armas". Para ellos, es un gesto de mi admiración y amistad.

Para los tres autores de libros, Nicolás Rosa, Noé Jitrik y Gabriel Zaid, un renovado reconocimiento a quienes con su obra, han contribuido de manera sobresaliente a la formación de un corpus de la crítica dentro del habla hispanoamericana, comparable a las voces más autorizadas del mundo como lo son Umberto Eco o Julia Kristeva.

Eso es todo. No son ensayos. Son invitaciones que hice y reitero a todo lector para hacerlo partícipe de mi goce y lo aprendido con esos autores. 
Son puertas, como ando diciendo últimamente. Puertas que son llamados, asteriscos para que algún lector, a través de estas notas, se interese por los poetas y críticos mencionados y los busque, los encuentre y los disfrute.

Guillermo Ibáñez
IBÁÑEZ, Guillermo ESCOLIOS

 

La poesía de Gabriel Impaglione está marcada por un profundísimo respeto hacia los demás, o sea, hacia aquellas personas nombradas en los momentos de dolor y de desasosiego. Las vidas trazan una espiral de recorridos en su obra, que es -definitivamente- relevante, porque es humana.

La muerte es una presencia visible en sus versos. También las historias políticas, los sucesos mal nacidos que dejan desamparados a los hombres, las mujeres y los niños. Y además el amor, la claridad de los sentimientos.El mundo se instala en sus poemas que tienen, casi invariablemente, la calidad de una doctrina. Como los versos generosos de Pablo Neruda, sus poemas entran en la vida de todos los lectores.
IMPAGLIONE, Gabriel 1825. BREVÍSIMA ANTOLOGÍA POÉTICA.

 

Hay poetas que construyen su voz en un largo camino de actividad literaria. Tanto el material ideológico como las experiencias personales, los sentimientos ingresan para someterse a la presión de lo literario, a la dominación -afortunada o desafortunada- de una estética. Otros poetas prefieren el camino del afinamiento personal. Se diría que la página en blanco sobre la que inscribirán su estética, son ellos mismos. Es un propósito difícil y hasta riesgoso, no cabe mucha posibilidad de subterfugio ni de distanciamiento (aquel "extrañamiento" de que hablara Bertold Brecht.) Todo el yo del poeta pasa a ser instrumento del decir poético, del canto; el hombre, poeta en estos casos, intenta ser laúd, órgano catedralicio o quizás melancólico silbido humano enriquecido por el temblor de los humanísimos labios. Si tuviera que definir a Ester de Izaguirre preferiría este símil. Asume todos los riesgos de nombrar sentimientos y situaciones. Lo hace exponiendo su sensibilidad al desnudo, sin adornos de conclusiones morales -esas falsas alturas políticas, religiosas o éticas- consigue vencer el difícil desafío y nos alcanza estos poemas humanísimos, sinceros, verdaderos. En ellos aparece la cotidianidad sin arrogancia ni agregados épicos, simplemente la verdad de lo cotidiano y lo simple, pero tamizados por una sensibilidad atenta, una sensibilidad de poeta, capaz de una percepción profunda y significativa que transformará esos hechos simples de todos los días, en experiencia profunda y trascendente. Se dijo que los poetas son los más encumbrados constructores de esa "conciencia social reflexiva", ese arduo trabajo de los hombres -los únicos seres incompletos (y por esto imperfectos) de la creación-. Somos los espectadores, estamos obligados a tomar conciencia. Toma conciencia el ingeniero, el científico, el periodista, el hombre que medita sobre su situación y sus conflictos. Pero el poeta es el más alto exponente de esta necesidad porque su toma de conciencia es la más universal y completa: opta por captar -o lucha por capturar- el sentimiento del existir. Puede intentar hacerlo con un Himno holderliniano o en un ciclo terrenal y celeste como el de la dantesca Commedia, pero también puede hacerlo a través de lo mínimo, a través de las cosas de nuestro entorno, del aquí y del ahora. Si es verdaderamente poeta, comprenderemos y sentiremos en su voz que al nombrar lo que vemos y sentimos todos los días, como por arte mágico, esa realidad aparentemente inmediata, es devuelta a una profundidad que se nos escapaba antes del verso. Si el sociólogo explica y el político y el filósofo interpretan, el poeta nos da, en cambio, algo total: el sentimiento de vida como conciencia del existir. Ni la piedra ni el animal necesitan sentirse vivir, pero sí el hombre. Y entre todos corresponde al poeta entregar la expresión de ese sentimiento total. A lo largo de las generaciones los poetas son -pura y simplemente- nuestra conciencia humana. Ester de Izaguirre no centra su libro en temas o series de temas excluyentes. Su conciencia poética, libre y emocionada, se posa en el más variado paisaje, desde lo personal hasta el ambiente ciudadano. Sus versos encuentran seres queridos, las casas, las calles de la ciudad -hasta sus personajes como "El deshollinador" (poema logradísimo)- el amor y la meditación del amor, y la muerte, el interrogante eterno. Pero los temas de todos sólo cobran altura en la pluma de muy pocos, y Ester de Izaguirre logra darnos una clara prueba de sensibilidad omitiendo las sonoridades del arte elocutivo tanto como el prestigiado recurso de las interpretaciones fáciles (aunque se revistan del prestigio de lo filosófico o lo político) y queda un despojado sentimiento de verdad, de pura realidad. Es aquí cuando su poética se hace altamente significativa, reconfortante, ya que hay una afirmación final de la vida. 

Ester de Izaguirre nos eleva a una celebración verdadera, a una afirmación, diría, religiosa final, que nada tiene que ver con facilidades fideístas. Creo que éste es el aspecto que más tenemos que agradecerle a E. de I. Yo, formalmente, lo hago con entusiasmo, al haber encontrado verdadera poesía en estos tiempos de falsas cosmogonías y quejas plañideras.

Abel Posse
IZAGUIRRE, Ester de MORIR LO IMPRESCINDIBLE

 

En este libro, en su profunda poesía, se nos describe en imágenes bellísimas o trágicas la vida del habitante natural de las tierras fueguinas: sus representaciones, sus creencias, sus formas de ver la realidad. No sólo es un libro para salir de nuestro mundo e intentar entrar en el de ellos, es un libro en busca de la sabiduría de quienes vivían tan pegados a la naturaleza y a sus apariciones sin huellas. Un aporte a la comprensión de todos esos mundos que fueron desapareciendo a medida que llegaba el hombre blanco.

Osvaldo Bayer


Un libro que le habla al pensamiento y al corazón de sus lectores. Un libro a contracorriente de las modas más urbanas de la pequeña escena poética. La construcción de un mundo y la fidelidad de quien lo escucha. Homenaje de un poeta cuya alma oye el alma grande de un pueblo al que persigue y ensueña. Un indio del norte, diría Lola Kiepja, a quien sus cantos han llegado, y lo acompañan en la dulce intemperie de la poesía.

Diana Bellessi

JUAREZ ALDAZABAL, Carlos NADIE ENDUELA SU VOZ COMO PLEGARIA

 

Cualquier aficionado al arte no puede quedar indiferente ante una exposición de Gunther von Hagens, sus epitafios no son arte por lo que dicen sino por lo que son, ya que son el propio muerto. El visitante tiene las obras junto a él, puede palpar, mirar, pero al hacerlo recibe el imponente hallazgo de su verdad, como en un espejo el ser expectante queda reflejado en su exacta medida.

Esta colección de arquetipos reales son el fruto de la comunión entre ciencia y arte, a través de un diálogo cada vez más abierto y necesario. El gran hallazgo científico de Gunther von Hagens recibe el nombre de plastinación y se presenta como un método avanzado para la conservación de material biológico, que supera las limitaciones de los métodos tradicionales.

Básicamente consiste en extraer el agua y los lípidos de las células y sustituirlos por polímeros, que pueden variar en función del resultado que queramos obtener, si queremos podemos potenciar las propiedades ópticas (transparente u opaco) o si queremos podemos potenciar las propiedades mecánicas (flexibilidad o firmeza).

Influido por este novedoso sistema de trabajo surge esta obra breve, intentando combinar por una parte arquetipos orales y por otra nuevos artificios literarios que no hacen si no reflejar la pervivencia incorrupta de la esencia poética.

El autor
MAÑOSO FLORES, José VERSOPLASTIA

 

En esta obra Mario Meléndez nos ofrece su percepción del mundo. Mira las cosas, y hace que las cosas oscuras, fúnebres, enormes, sean luz. La luz de su mundo, de su poesía. Es franco consigo mismo, con nosotros, con el lenguaje. Dice las cosas que hay que decir, con absoluta astucia, con un aire de suficiencia, como que con su trabajo podemos salvarnos. Yen verdad, nos salvamos. Su forma expresiva es directa, o sea, en ella late lo que algunos han dado en llamar la direccionalidad del discurso, consistente en desusar las imágenes crípticas para asumir, inclusive, el lugar común, como un recurso nuevo y establecido que asombre. Este recurso es la metáfora insólita. El discurso de Meléndez es inaudito para muchos, pero siempre deja una dosis de enorme bifocalidad, de aquello que el lenguaje tiene en su matriz, pero que no todos podemos usarlo siempre, que es la connotación sobre el hecho denotativo. El enfoque de los temas sobre la unidireccionalidad pasa por todos los subtemas que sus imágenes entregan a lo largo de cada poema. Meléndez, por lo general, se aferra a un sentido primero que es la autocontemplación desde el poeta grande hacia el aprendiz, para terminar hablando del mundo en su substancia.
MELÉNDEZ, Mario VUELO SUBTERRÁNEO

 

La poesía es la maestría de decir el silencio, llegada inicial, abierta a lo que nadie dijo, aventura sin edad que conjuga el asombro con la experiencia renovada. El presente poemario culmina inauguralmente una extensa profesión de la palabra. Vivir, sobrevivir entre palabras, es el trasfondo de una escritura que alcanza de manera natural unidad de ritmo y precisión semántica. Si la poesía debe contar y cantar, estos poemas ponen el acento en el vivir humano con todas sus vicisitudes, desde lo más sencillo hasta las vastas reflexiones. Sería inconcebible sin un sujeto real de quien podemos adivinar su identidad, coordenadas y circunstancias.

La duración, el amor, la amistad, el instinto, la historia, la dimensión de lo social y el milagro cotidiano, son los temas disímbolos que transitan este libro. Más que ante un primer poemario estamos ante la decantación de una vida vivida, personal y literaria.

Exploración de asuntos y distancias, estos poemas indagan misterios que emiten sus señales en el tiempo. La conciencia los interpreta y cada vida desarrolla su lectura. El poema construye una apuesta de sentido a la existencia porque la salvación no está fuera sino dentro del sujeto que redime al absurdo. Laberinto y salida son producto de la persecución, acecho metafísico de la inaceptable finitud. Si preguntamos por qué un ser ajeno nos refleja en el espejo diario, la respuesta es algo más que la mera suma de acciones y renuncias que han labrado nuestro rostro siguiendo pautas desconocidas.

Desde la infancia temprana enfrentamos la radical interrogación de la nada. A merced de su imperio la pérdida fatal nos marca para siempre. Pero no es lo mismo contemplar un cadáver que ser testigo y protagonista de la lucha con la muerte. La agonía es un drama eterno, insoportable. Cataclismo de carne, incendio de entraña equina que no logra sofocar una lluvia de crines desesperadas, la muerte es animal. Sin sábanas, sin rezos ni drogas piadosas, el cuerpo vivo en carne viva se abre para alojar el sol nocturno de la muerte, cuyo deslumbramiento se graba incandescente en la memoria. El animal que somos sabe que va a morir y construye con arte y vida un testimonio tramado sobre el rescate de una trascendencia siempre fugaz. Una mirada amorosa recorre este poemario "sin otro más allá que el robado al instante", creando una épica de lo cotidiano. Un humanismo a escala doméstica elude retórica e ideología para cobijar cualquier manifestación, porque nada de lo humano le es ajeno. 

Iliana Godoy

El presente poemario arroja luz sobre piedras veladas por la cortedad de visión de los hombres de nuestro tiempo. Eduardo Molina y Vedia se habita a sí mismo y desde ahí busca penetrar en otra realidad para comprender lo que la vida significa. Se sumerge en la búsqueda a partir de la imagen infantil de una yegua insolada que parece la propia metáfora de la infancia, una patria que nunca puede ser abandonada del todo. Volvemos a ella o la miramos desde la lejanía de los años, e intuimos que la llevamos tatuada por siempre en el alma. Tiempo, recuerdos, memoria. Los afluentes de este río poético nos pulsan las cuerdas dormidas para integrarnos a una sinfonía de palabras que baña cada página.
MOLINA y VEDIA, Eduardo Lucio RÍO MAR ADENTRO

 

Ausencia, nostalgia, fuga, búsqueda de la silueta en fuga son las obsesiones constantes en Ariel Montoya. En él hay mucha fuga personal hacia el cuerpo habitado por una muchacha, hacia las convulsionadas horas del mundo que no se ha negado vivir y sufrir, hacia su reencuentro fatal con los perdidos seres de la ciudad corrupta, hacia su ausente corazón de joven que aspira a la perennidad. 

Perfil de la hoguera confirma ese afán de fuga, ese sentimiento de estar y no estar, no desde el exilio físico geográfico, sino desde el retorno a la patria, el retorno gozoso donde se construirán las torres del futuro sobre los escombros sollozantes de la malversada época de la posguerra. El poeta reflexiona con distanciada serenidad sobre el exilio y lleva a cabo una indagación sobre la naturaleza o la peculiaridad del tiempo vivido, indagación con la siempre difícil y compleja relación amorosa. El tiempo vivido (pasado, presente y futuro) es inseparable de la experiencia amorosa, de la búsqueda, concreción y descripción del exilio. "No nos habita ningún presente puro", exclama desamparado el poeta escrutador de la hoguera, es decir, del fuego sagrado que anima y alucina su vida escondida entre el reclamo inútil de pasado y futuro; reclamo, palpitación que no hace exigir un presente puro,, el instante supremamente vivido, el presente perpetuo.

MONTOYA, Ariel PERFIL DE LA HOGUERA

 

Estos poemas son pasajes de la vida que, otorga dones y los quita, y que con sus palpitaciones eufóricas, nos lleva desde el presente a los recuerdos, desde la felicidad a la desazón, de la diversión al horror de las tragedias y las guerras, de la seguridad que otorga la madre y la familia a la soledad, el desamparo y hasta el desarraigo.

Alguien dijo que la poesía no es de quien la escribe, sino de quien la necesita. Por eso fluyen mis temas y, hoy, deambulan entre la naturaleza perfecta y generosa que prodiga sus racimos y las ruinas de nombres manchados de humedad en las viejas fotografías. ¡Vayan entonces estos poemas helados pero con el fuego de mis llamas!

Teresa Palazzo

PALAZZO CONTI, Teresa LLAMAS EN EL HIELO

 

Mis palabras, que no construyen puentes ni estrellas y que a menudo crepitan como fuego cogido de los rescoldos duros del corazón, mis palabras, digo, hoy las pongo con cuidado aquí, en estos versos, como sin luz ni tiempo apenas, dudando casi; poco hay que ofrecer desde el don no habido, desde esta aciaga intemperie de los hombres que vamos con las manos en alto, preguntando sólo; (una fragilidad pavorosa me toca
cuando insisto en qué he de dar sino besos obscenos al aire y el silencio aprieta y hace daño con su honda inteligencia, honda y desmedida)
... oh amigos, aunque tristes y pocas, unid, juntad mis palabras, tal vez algún sueño pueda hacerse con ellas.

Orión de Panthoseas

PANTHOSEAS, Orión de ÉPICA Y LÍRICA DEL DOLOR

 

Orión de Panthoseas nos explica con estas palabras la esencia de este poemario, así como el propósito que le ha impulsado a escribirlo: "A estas alturas, debería ser capaz de escribir un poema bellísimo, apto para extractar en trozos puros tantos años, juntarlos, hacer que puedan mirarse mutuamente y después resucitarlos y vueltos a resucitar para poder llevarlos conscientes a la mesa de sol;pero no sé; uno siempre espera algo extraño, un manjar, por ejemplo, algo divino y proveniente del sur, de más allá, agua y fuego puros, más aún; porque fatigados los pies y doblegados los brazos, de entre la escasísima costra arrancada a la tierra y al corazón, siempre esperamos haber salvado y fundido entre sí una perla de mar y un destello del cielo; hilo a hilo y pieza a pieza debería ser capaz de instruir un mínimo flujo de sangre viva,
un exiguo asombro vivo, o tal vez menos, quizás sólo articular el viento, la luz, la levedad y fe con que pudieran traer a ser algo unas palabras; y es que, créanme, lograr esto no es fácil; bien lo saben quienes vinieron de lejos y tuvieron que contener sus alientos frente a brutales lapsus de memoria; y mejor aun lo saben los que ni siquiera murieron porque sus vidas no estaban perseguidas y al marcharse dejaron sus ropas,
sus sillas y zapatos como trasuntos propios de un don que todavía continúa fascinando a los mortales; en fin, debería poder construir una flor siquiera y dársela; sería una forma hermosa de amarles, de mostrarles mi parte, bien que nimia, en aquella belleza que aún se me oculta y, con ello, se niega sin más a aceptarme y recibirme."

"Arquitecturas" es la prueba de que Orión de Panthoseas ha logrado su objetivo de articular la luz, el viento, las estrellas, la mar y toda suerte de sentimientos en un crisol de palabras en carne viva y de versos en plena candescencia.

ADRIÁN ARZA

PANTHOSEAS, Orión de ARQUITECTURAS

 

En este andar a vueltas con/por el mundo, Manuel Quiroga Clérigo se nos presenta como un indómito viajero, observador de las más variopintas realidades y coleccionista de rosas de texturas inverosímiles, rosas que nos brinda en poemas desgajados en pétalos de lluvia ácida. Así nos ofrece "la inalcanzable rosa, la rosa de aluminio con su color de sangre, la rosa de Belgrado (de un jardín en penumbra)", la rosa de cualquier calle, "la rosa natural del Rockefeller Center" y "esa rosa del Líbano cargada de metralla". Colecciona las rosas del mundo conocido, incluso las heridas por la guerra y los odios, porque son sólo rosas que los hombres destrozan:
"una rosa de azufre de México D.F.", "las rosas perfumadas que hay en Mahé, Seychelles", " y "ciertas rosas espléndidas que contemplan Granada".

Quiroga Clérigo promete regalarnos una rosa roja en primavera, "antes de la llegada del fuego del verano", "una bella rosa rescatada del río Usumacinta o de los ríos limpios que aún viven en los valles, conseguida con riesgo del Danubio, extraída del Bósforo una tarde, obtenida en la noche de Belmopan (Belize), recogida en silencio en los acantilados de Dana Point un día".

Preparemos pues el búcaro de nuestro corazón para recibir tan insólito ramo de flores poéticas.

ADRIÁN ARZA

QUIROGA CLÉRIGO, Manuel A VUELTAS CON/POR EL MUNDO

 

Si la poesía y la narrativa respondieran a parámetros equivalentes, yo propondría este subtítulo para las OC de Rolando: novela de iniciación.

Es que, precisamente, y en tanto relato, se han puesto en marcha fragmentos de una historia personal, se ha establecido un diálogo con padres, novias, abuela, maestras, se han recorrido los espacios y las modas que cifraron un aprendizaje y una pertenencia adolescente. Pero el tema excluyente es el de las relaciones humanas.

¿Cuánto de seducción habrá en esta escritura? Por lo pronto, no la habitual, no la conocida y devaluada; y, desde luego, no parece casual la insistencia de su autor por licuar cualquier mirada complaciente. Dentro de un esquema donde el chiste, la ocurrencia y lo caricaturesco se despliegan con desigual fortuna, y más allá de los procedimientos que, consciente o inconscientemente, Revagliatti hubiere incorporado, una sombra deseada sobrevuela sus textos: la del lector estupefacto. ("Un globo ocular estupefacto", así concluye uno de los poemas, pág. 17)

(...) Mediante la vena amatoria, Revagliatti ensancha su registro desde lo que podríamos llamar su orilla más convencional hasta su ampulosidad más fervorosa. Subordinado al discurso coloquial (peripecial y/o lúdico) el tema del amor frecuenta su poesía, particularmente en las secciones "El fotógrafo cargado" y "Espasmitos espantosos": 
"Como": Qué bueno que el amor/ se imponga en el poema/ qué bueno que qué bueno/ yo te poemo como te amo/ te poamo (pág. 84). 
"¿Tropezón?" (estrofa final): No me embauqués/ cuando no sea tu propósito hacerlo/ desprestigiáme de a poco/ ante mí/ prestigiáme de golpe/ tropezáte conmigo una vez/ que después siempre (pág.87).

"Obras completas en verso hasta acá" es un magnífico ejemplo de su forma de entender la poesía. En el poemario abunda "el sarcasmo, la ironía, el humor falsamente ingenuo, la burla, el trastocamiento... ES una atrevida apuesta literaria que huye del "espectro de la mediocridad, de la perduración en la repetición y del conformismo del gimoteo". Revagliatti prefiere desplegar el tránsito de los personajes de sus textos por las pasarelas de sus vidas, más que presentar las anécdotas que pueblan las mismas. El poemario está constituido por 4 secciones, a saber: "Los papás queman", "El fotógrafo cargado", "Espasmitos espantosos" y "El cirujano poetón".

En "Los papás queman" se perfila una época (los '50 y '60), las tiendas Harrod's y su descripción enumerativa, los paseos familiares, las preferencias infanto-juveniles, la consolidación de la sexualidad (complejo de Edipo mediante, ineludible), las posibilidades de nombrar la nostalgia (con no poca crudeza). El título de este capítulo, codificado por mi burdo intento de dilucidación personal, sería: "Los papás cogen".

Pero hay joyitas como esta:
Diana Dors/ acerca sus tetas de nácar/ a mi sopa/ ¡Yeeeeeah!... Diana (pág.18). 

"El fotógrafo cargado" alude a un extraño personaje en el poema inicial e inmediatamente comienzan a aparecer los nombres de unas señoritas de linaje vario. Ahh, las pasarelas del ojo poético..., niñas: esplendorosas como Constanza, inconsecuentes como Ana, instantáneas como Nora, anheladas como Eliana M. Cada una con su estereotipo, configuradas por un decir que las vive y reinventa.

...toda que es toda/ que si usted no la ama ni la deja/ 
es que ni la critica/ es que ni es/ usted/ 
y ella sí/ ella es toda. 
(fragmento de "Constanza", pág. 36)

De "Espasmitos espantosos" habíamos adelantado algo. En este bloque de hacer el amor se trata. (El yo poético, fuertemente presentificado, no iba a perderse tamaña oportunidad, esa "graaan aventura", como reza uno de los poemas.) 

Transcribo una curiosidad gramatical donde con eficacia se enlazan 6 verbos consecutivos:
...me toca saludarte/ emocionarte/ dejarte haciendo que te vayas.

La serie "El cirujano poetón" que cierra el volumen, a diferencia de las anteriores, ofrece una diversidad temática. Destaco especialmente "La musa merodeadora" y "A la nostalgia", poemas donde lo poético logra una fuerte impronta existencial.

Otros textos apuntan a desestructurar el sentido con un trabajo directo sobre el lenguaje tal como se ve en "La dexyuprilora" y "Cirú". El extenso y arrollador poema surrealista "Mil novecientas ochenta y cuatro" responde a esta última propuesta.

José Emilio Tallarico.
Epílogo de "obras completas..."

(Texto adaptado por Adrián Arza)
REVAGLIATTI, Rolando OBRAS COMPLETAS EN VERSO HASTA ACÁ

 

[…] Toda la obra de RR está ligada por señales de un lenguaje netamente autotélico (derramar un diccionario es un acto de belleza). Se hará evidente que estas palabras pretenden, también, ser la astucia que antecede a la definición; meditadas para el caso, plantan miradores, pretenden hacer que el otro comparta mirar donde lo hizo uno. […] Viendo el uso dialéctico que la psicología antepone al acto explicativo, comprendo el rol absoluto que las representaciones autosemánticas tienen en la escritura de Revagliatti. De lo contrario me quedo con el pintoresquismo eufórico de un rato.
Acometo Del franelero popular, una lógica sin intimidad con otra zona de juicio con moralina; detrás de toda gran frase se esconde una mejor… ¿Escuchaste, lector, el segundo en el cual RR, agotado su gárrulo contra nosotros tal un sacerdote “cachador”, te sacude con guasa y despección su mundo contaminado de sensorialidad? Te saca del dogma al que te apegas con resonancias pasadas, porque este poeta ancla sus significancias en el pasado del descontento. Para materializar la resignificación, la mejora quirúrgica de frases que se sospechan ya inútiles, ya minusválidas. Sólo donde el universal ha dejado de ser folklore, Rolando las reescribe las más de las veces unívocamente; otras, inmejorables.

[…]Este franelero popular es prueba del empirismo como escepticismo. En Versos hasta acá y en Del franelero popular, se hace masivo uso del epigrama, un epigrama acriollado, adulterado por puntuaciones problemáticas que exaltan y a la vez arman con rigor el error, llegando a tropezar con delicadezas de efecto y de lectura que considero antológicas. 
En los verdaderos refranes, que son ahora los que ha escrito Rolando, conmueve el destino de la pregunta.

EL LIBRO, ESE EBRIO DE RUMORES
A falta de palabra para libro, muchas lenguas dicen el lugar para las palabras; en una lengua que prefiero apartar de la consulta, pregunta se dice donde penan las palabras
Esta insistencia mía con la pregunta es por creerla diseñadora universal del sentido estético y solitario de la poesía revagliana; poética que se desnaturaliza hasta el punto de hacerse diálogo en el otro; así se ha consolidado en Rolando lo que otros autores rozaron no sin preocupación, ungidos en la tontería que disculpa a cualquiera que no quiere adentrarse seriamente en la zona negativa del humor, el homoludens rompe con algunas, sólo algunas premisas de prestigio, conserva las de grupo. Consulto un diccionario de “…” buscando humor y prestigio –aparece como valor potlach que garantiza la proyección- ; para la primera encuentro (as´t cha) de donde te vas y para prestigio-importante (d´ tál na) para que no seas. Qué pobres que somos en esta aldea cuyo diccionario sindicalizó los significados. El franelero no nos engaña, nos vuelve de donde nos fuimos y nos deja ser.
Todo está cautivo de un pacto circunstancial no hay órdago ficcional; Rolando recrea hábitos del habla de los años 40 y 50 que, aunque tardíos para mí, supe estar de niño y como niño dentro de esos estertores sonoros de un argot. No tengo razones, pienso mal (todo es penuria en mi memoria quieta). La esperanza de poseer un lenguaje nacional ¿funcionó sólo como lengua editorial? La prensa de la prensa ¿mortifica la escritura periférica a los grandes temas con un modelo sitiado por la tradición de lo correcto? La poesía y Del refranero conspiran con alegorías de alegorías… Para la manía de profesionalizar el arte, montaremos un hospital interior que sane, sane, sane al escritor injuriado de garantías de herencias y vernissage, le devuelva la fe en la palabra (aún rota la palabra por la temporalidad, se mantendrá compuesta del imbrico significado…). A tener valor vinimos, también… y hay que escribirlo…

Daniel Battilana
REVAGLIATTI, Rolando DEL FRANELERO POPULAR

 

La obra poética de Rolando Revagliatti (Buenos Aires, 1945), por lo menos la que nos motiva a este trabajo, se vivenció y escribió en el lapso que va desde la aprobación de las leyes de obediencia debida y punto final (mes más o mes menos) hasta su anulación por brutales e increíbles, y aun algunos tramos más acá. O sea, en años en que la democracia turca, o virtual, o como se le llame, dejó un pozo, entre el cablerío cortado y la pared caída. Tiempos, recordemos, de los grandes desembarcos y de las apuestas mayores, también en la cultura, con su producción de humo y de reflejo. Una realidad que el poeta fue entendiendo, y digiriendo, también como una demasía para él solo, pero tampoco quería ponerse a vivir por nada, y se entiende, en la queja de bandoneón y en la derrota. Y de ahí su paso, su vibración y su actuación sin tregua, que son muestras palpables de un nervio a cielo abierto, pero también de una herida palpitante; y así lo hemos observado más de una vez en el silabeo, a veces grave, a veces sobreactuado, de sus poemas, que van colmando el espacio con su gracia desinhibida y tensa. Así, a menudo, su poesía termina derivando en el sainete, un sainete atravesado, y condenado, de abismo y de vacío. Un modo, con una intimidad, que el poeta escogió sin más para dialogar y representar una realidad (y una trizadura, un aire), por momentos más cercana a la absurdidad, que, está visto, lo golpea y lo estremece. Un poeta que escribe -tantas veces así lo imaginé- contra las cuerdas, a veces mirando conmovido al ring-side, sabiéndose solo, para sacar finalmente, apoyado en ese espaldar de sogas, su seguidilla de golpes más precisos. Otras veces, no pocas, seguramente en la calma de su hogar, en tardes o noches lentas, el poeta juega, ríe, se da un respiro, como quien avanza en las páginas vacías, no para más que por eso mismo y para situarse mejor en su trabajo, donde la materia prima es su propio cuerpo, su propio tiempo, el tiempo de todos, comprendiendo que el juego, el sainete de los cuatro vientos nacionales, es serio, muy serio. O bien sale a caminar, a embeberse del aire de parques tan distintos, indagando en las grietas, y regresando, bajo su camisa y su pantalón puestos a prueba. En este camino, que es andado y demarcado en poema y poema, el poeta deja traslucir sus costumbres y tonos de familia y sus ancestros, y en este ejemplo, su intención, sus lugares, su voz, son muestras elocuentes y extrañas, o muy de estos tiempos, de tejidos rotos y huellas entrecruzadas, y donde más que los trayectos y procesos de la historia de una lírica, y de una mística, hay la conjunción de los materiales más diversos, en sorprendente apareamiento, del sacudido y contemporáneo mundo. Ahí aparecen, como vecinos de sus calles, y como tíos mayores y maestros, Nicolás Olivari y Julio Huasi, tantas veces abrazados o fundidos, muy en Rolando, en una u otra esquina, desde el humor y la pincelada suburbana hasta esa tensión o insinuada crispación, que, con fondo de hora pico, pueblan la escena y la mirada del poeta. Una confluencia, la continuidad de un curso, no exentas de apoyaturas, que han venido confirmando un campo singular en el marco abierto de la poesía porteña. Entre sus diversos, intensos poemas, entre lo significativo de su salsa, obrando como verdaderos carnets de identidad de su obra -y además hábitat de crecimiento de este trabajo-, surgen por sí solosn al recuerdo poemas como: demasiado yo para mí solo; el que refiere a la sartén (por el mango); el que atañe a las rameras y a la policía de sus cuadras; el dedicado al Episcopado o el que ahonda en su fastidio, y, entre algunos otros de la lista, finalmente, ese poema-declaración en que el poeta, otra vez en los bordes, o más allá, esgrime su arma cargada de defensa. Rolando Revagliatti, un poeta de flores, un poeta en los límites, un poeta dramático.

Eduardo Dalter
Buenos Aires, 2008

En los tramos finales de preparación de esta
antología, Eduardo Dalter mantuvo diálogos con los
poetas José Emilio Tallarico y Carlos
Alberto Roldán, conocedores también de la obra
poética que aborda este libro, por lo que deja
constancia de su agradecimiento.

REVAGLIATTI, Rolando ANTOLOGÍA POÉTICA

 

Voces diversas (¿vocinglerío?), fragmentos que deben haber quedado entre los rieles del tranvía en cuestión, ese al que Blanche(1) subió huyendo de sus fantasmas para terminar en un hospicio.

Que te pise un deseo: no sé si es mi deseo. Si tal deseo arrolla, "descuajeringa", se torna inmanejable, no sé si lo deseo.

Tantas voces nos ponen sobre aviso. Porque pueden hablar de la crueldad, del sufrimiento pequeño o no, de personajes verosímiles o no y, en todo caso, activar el desconcierto.

El Revagliastés, poema que cierra el libro, acaso busque desconcertarnos también, erigiéndose en tamiz, en disyuntor de la violencia alcanzada, en suavizante del fragor que corona.

Libro de fragmentos donde las palabras juegan con "lo que queda" ("mirá lo que quedó"(2) cuando pasó el tranvía) y dan vueltas de tuerca en torno a esa máquina imposible que somos. La máquina Revagliatti, en nuestro caso, ha forjado un trayecto que va desde el anatema del: "ojalá te pise", hasta el augurio de: "un deseo". "La 
pulsión me ceba al alba demasiados mates", dice una de sus voces.

Propongo rescatar de entre lo múltiple el verso que a cada uno co-responde. Propongo atesorarlo. 

José Emilio Tallarico


1) Blanche Dubois, personaje central de "Un Tranvía Llamado Deseo", de Tennessee Williams, interpretado en su versión cinematográfica por la actriz norteamericana Vivian Leigh.
2) Verso final del famoso tango "Los Mareados", de Enrique Cadícamo y Juan Carlos Cobián, que diera título al ciclo de poesía "Mirá lo que Quedó", coordinado durante el año 2007 por Rolando Revagliatti junto a los poetas Alicia Grinbank, Alberto Boco y Alfredo Palacio.
REVAGLIATTI, Rolando OJALÁ QUE TE PISE UN TRANVÍA LLAMADO DESEO

 

...asiste al transcurrir de las otras vidas / Asiste incluso / al transcurrir de la propia.
En la novela fantástica de Bioy Casares "La invención de Morel" un náufrago asiste a un improbable teatro de sombras mecánicas. En la contemplación de ese artilugio conoce a una mujer (la imagen de una mujer) de la que se enamora. Para lograr ese amor (la apariencia de ese amor) lleva a cabo lo que en la moderna jerga artística se denomina intervención: el náufrago se introduce, subrepticio, en la trama de esa realidad fantasmagórica. Le resulta indiferente o anecdótico el que tal operación suponga su propia muerte ya que ahora forma parte de una historia que lo incluye y lo trasciende.

Como se dice en bibliotecología: / no es clasificable 
En los últimos años, en candorosos encuentros poéticos under, solían celebrarse lides de imitación del "estilo Revagliatti". No he de mentir: también yo, con variable fortuna, participé de esas chuscas aproximaciones a la obra que hoy me toca presentar. Es sabido que el imitador busca acercarse a su modelo. ¿Qué intentaba atrapar con esos torpes remedos? Aún hoy, no lo sé. Sospecho que quien sólo ve en Rolando Revagliatti una "performance" ligada a lo gestual o a un cierto modo de decir ve la mitad del paisaje, la felicidad de un instante. Es posible que la obra (las palabras que irrumpen libres desde el texto) le resulte extraña, oculta. Irónicamente, superflua.

Equilibrio entre este espejo factible / y ese otro, improbable
Tal, de algún modo, el cabo suelto de lo que podríamos llamar la paradoja Rolando Revagliatti: quien se acerque a su obra escrita después de presenciar a su obra "dicha" está condenado, si no a una decepción, por cierto a una trabajosa relectura: es difícil demoler un clásico. Déjenme anticiparles que vale la pena. Puede intentarse un esquema simplificado: suponer que coexisten dos artistas conjugados y distintos. Llámese Revagliatti al primero, al "recitador argentino"; en tal esquema bien podríamos designar como Rolando al autor oculto, casi secreto. Al poeta.

con la naturalidad y hasta simpleza / que me caracteriza
Revagliatti se confiesa ante nosotros, la barra de amigos que con ineficaz e inclaudicable envidia lo escucha. El se ha acostado, quizás contra su voluntad o en amores mercenarios con Kim (Novak y/o Basinger), con Anouk, con Sharon y con Stefania... ¡Si sabré qué padecer es el de las rubias / lascivas! En su particular humor de mesa de café, los relatos transcurren en escenarios exóticos, extraños, lejanísimos. Revagliatti, canchero, nos permite colarnos a esos mundos mediante el idioma (que nos es) común. Así, desfilan policías en curda, heterosexuales turros, zoncitos en corazoncitos, rimadores amasijados en pelotas, morondangas... En el mejor momento, Revagliatti nos guiña y nuestro corazón se alboroza porque sabemos que viene el chiste, como cuando retuerce el fino cuello de la actriz hollywoodense o cuando fotografía a la artista tropical de varieté / pulposa. En medio de la actual proliferación de poesía supuestamente amatoria, trasgresora o sencillamente desfachatada, Revagliatti hibrida elegantemente géneros, maridando ironía, erotismo: Satisfaciendo al sensible señor / una chica lo que se dice / corta de faldas. Qué fineza, qué toque amable de sutil chanchadita.

Es / en soledad / donde es
El otro, Rolando, es el que permanece. Nuestro gerundioso amigo es el náufrago que elige quedarse para la eternidad en la isla de Morel, no preso ya sino entregado a la fabulosa, inexorable máquina de imaginar. Sospecho que Rolando, al contrario de Revagliatti, no nos necesita. Los contornos de su personaje son vagos, de difícil sujeción, un rostro en disgregación que buscara adaptarse, proteico, al tipo de materia que conforma los sueños: Cualquiera de nuestras enrarecidas atmósferas.
¿Qué podemos afirmar acerca de Rolando? Poco. Aparece ante nosotros como un fantasma, un incorpóreo (tener una vida / por fin y sin embargo) fugaz (así es él, de mundo, aun en las malas / huyendo, ocultándose...) un ser que percibe un mundo oculto (No me imagino / más / que a un cierto / canto / envolviéndolo / todo) con novedosos sentidos (Dios ama / la voz de mi mente). Como en una parábola cabalística de sabios que intentan ingresar al paraíso místico: no todos consiguen entrar, no todos logran salir. Sorteado el peligro de haber fallecido casi sin abrir el alma, debemos permanecer en el equilibrio entre este lado de acá del simulacro / y la parodia contigua donde quizás podamos encontrar al sosías, al siamés parodiador Revagliatti. Al cerrar el libro, la pregunta queda, insidiosa, desesperada: ¿Cómo es / donde no es / acá?

Y aprende a despedirse el invitado
Al aceptar el encargo de estas líneas, dudaba acerca de mi capacidad para descubrir o describir algún aporte significativo, una verdad secreta cuya revelación sorprendiera, si no al mundo, mínimamente a los amigos. Compruebo ahora, con tranquilo deleite, que tenía razón en dudar: fui felizmente derrotado por la dupla Rolando Revagliatti.
Hasta aquí llegó mi amor. Caro lector, te abandono sin más. Como decía la propaganda de Malboro: donde comienza la aventura. Te deseo, en gozosa complicidad, mi misma suerte.


Gerardo Lewin

REVAGLIATTI, Rolando TOMAVISTAS

 

Título, dedicatoria, epígrafe y seudónimo señalan lo que me parece una elección (decisión[¿]) importante: exhibir un lugar femenino que reconoce su fragmentariedad horizontal y vertical en el canon y, al mismo tiempo, la ineludible puesta en texto de una opción vital por la “literatura”.

De entrada, la voz femenina parece resonar como la de una memoria amasada en los recodos de la infancia casi onírica y de una vida habitada por dos fuertes pasiones: la literatura y la amistad que le dan sentido. La pasión literaria (como “oficio de fe”) es, en realidad, una fuerte pulsión de deseo artístico modelado en la infancia y amasado en letra como opción involuntaria, como resultado de algunas impotencias. El arte es camino, mediación para el acceso a un mundo paralelo, liberador, “mágico”, develador de los secretos de lo real dentro de lo que se oculta lo distinto, lo que se des-ata cuando el propio cuerpo se transforma en el cuerpo de la escritura, se desanuda, se explaya y se abre dolorosamente como en parto. 

Si el arte literaria (escrita y leída) es eso, tiene entonces potencia para mostrar, señalar, demostrar, enrostrar, golpear todos los dolores metaforizando injusticias, genocidios, muertes, la cara enferma de la humanidad. Y esto más allá de que respete o no las formaciones rigurosas del verso o del relato acerca de las que ya ni siquiera es necesario interrogarse. A veces, sin embargo, todavía es imperioso dar “forma al caos” aparente del recuerdo, contando lo que sucedió o se cree sucedió en algún momento de la experiencia; cosmo contaminado con “cuentos” escuchados o leídos que insisten en hacernos recordar aún –tal lejos de la crítica pos- a ciertos fragmentos de los fundadores que se nos meten entre los ojos y no se alejan aunque intentemos espantarlos con el gesto de la mano.

Porque –a, porque para la voz que narra hay sólo una Luisa con su gato y su historia de amor, y sólo un pavo cuya muerte se aferra a la memoria, y sólo una manera de leer a Shakespeare y de homenajear a los viejos dorados españoles y a los nuevos y aventureros semiólogos que hacen posibles estos relatos y estas especulaciones.

Por eso las narraciones se vuelven poemas, se ensimisman con un ritmo peculiar y repetido que aproximan otros aires y miradas dulces, un tanto nostalgiosas cuando no un tanto autocompasivas pero finalmente redimidas en la imagen de la madre siendo madre-mujer-pasión como la misma mano que escribe, la misma boca que pronuncia.

Otra página y acá se privilegia, con más fuerza que en otras anteriores, una discursividad preñada de ironía para calar en las ferias de vanidades características de la estupidez humana cuya pequeñez no obstante asoma en el gesto oculto y silencioso apenas percibido por la mirada crítica. Mirada que acusa también a las mujeres-macho que profundizan la cultura masculina, que estigmatiza a los héroes inventados por la imaginería de sus indudables herederos en un mundo cuya cartografía es recorrida descubriendo no los museos plenos de reconocidas “maravillas”, sino los intersticios donde se guarecen los desechos miserables que aquellos desconocen. 

Es demasiada vida la que se bebe la literatura para existir, se señala en homenaje a un poeta del dolor y de la muerte y es el esfuerzo de ponerla en texto lo que este conjunto de “fragmentos” ejecuta. Después de viajar por ellos hacia un mundo muy ancha y nada ajeno, me voy a dormir con los ojos llenos de imágenes, sonidos, escenas que ya no sé si son mías o ajenas, pero sin duda íntimamente compartidas.

Zulma Palermo

RODRÍGUEZ PETREI, Susana A. C. PROSAS FRAGMENTARIAS Y POÉTICAS

 

Con sus manos urgentes, acaba de encender el fuego, para la eterna fiesta de la fama evocando la madera multiplicada, el nido, las hojas, la memoria del pájaro. Él, enciende a dentelladas la fogata, se arrima, se coloca cerca, revuelve los olores del café con su último poema "Los sin Tierra".

Él busca el calor de otras hogueras y escribe a galope de desbocado, sin que nadie lo detenga. Acuñando todos los cielos, en sus dedos acerca mares, va de Barcelona a Brasil con la misma velocidad e intensidad. En su territorio crujen; llaves, trenes, asombros, callejones, y un viento que nos trae el olor del pan caliente, un teclado de leños resistiendo a las primeras lluvias.

Él tiene en sus manos la poesía, como a una mujer caminando por un húmedo bosque encantado. A esa suave piel, la acaricia bajo las circunstancias de los signos, porque sabe decir la palabra que lo habita, porque empieza a tener la certidumbre de una tarde de bermejas ciruelas, la certeza morada, que nos imprime como sello la locura, Marcelo a mano alzada, ha comenzado su safari, con la complicidad de una paloma mensajera, va descalzo en infinitas interiores, comparte los leños, a la misma hora que los amantes se encuentran bajo la misma mirada de un ángel. Ahora ha remontado vuelo, libre, planeando alto, más arriba de las luciérnagas, y en sus alas la belleza y la memoria del pájaro.

Miriam Fuentes, poeta salteña

ROMANO, Marcelo LOCURA POÉTICA

 

En "El color con que atardece" Ricardo Rubio simula distracción, un "si yo sólo pasaba por aquí", mientras agita un oleaje de sentimientos que alcanza las costas de un nuevo tiempo promisorio y arrastra a los lectores con una fuerza inusitada al fondo del mar de la poesía. Él afirma que "tiene una palabra en la boca", "el recuerdo de un beso" que estrelló en el aire y "el encanto fugaz de un sueño" y que le acompañan la madrugada y "un destino confuso" que lo hace más cierto. ¡Casi nada! No es de extrañar pues que su propuesta poética sea un amanecer que inflama el alma con la luz de la mañana, alma que, cuando abre caminos, descubre que la lucidez se espanta y se ahoga la ilusión; amanecer radiante que nos invita a seguir sus pasos y, así, a cerrar los ojos para crear los signos de un lenguaje universal, a buscar razones en nuestro corazón perplejo y a palpitar "tristezas atónitas" en una navegación milenaria de la conciencia. Razones y tristezas que, definitivamente, proclamarán que "nadie es la luz de la distancia", ni "dueño del color con que atardece".

Adrián Arza
RUBIO, Ricardo EL COLOR CON QUE ATARDECE

 

Hay eufonía, penumbras de un raciocinio díscolo a la fría claridad del concepto y emociones íntimas que deambulan entre variados parajes de los sentidos en el inicial poemario de Beatriz Saavedra.

Ecos de una gruta a veces enigmática, espejos de memoria, nos conducen a instantes medulares por las regiones ambiguas de este sueño obscuro que somos.

En los pliegues del silencio donde se desnuda la palabra poética nadie sabe ya el nombre, las formas de la llama, el polvo desleal.

El idioma se rehace en nuevas fraguas y destila significaciones inéditas hacia un ámbito de revelaciones.

Un desfiladero de intemperies, bajo la indecisa luz, nos lo devela como un haz esparcido entre el fulgor de sus señales, a pie de mundo.

Desvaríos, simetrías, cauce envolvente de imágenes que, una vez más, inauguran el lenguaje.

SAAVEDRA GASTELUM, Beatriz SUEÑO OBSCURO QUE SOMOS

 

Luego será mañana (en otra habitación) se escribió el 16 de abril de 2006, casi siete días después de la desaparición de Claude Esteban y tres días antes de su cremación. Los poemas aquí vertidos deben su existencia a los versos del poemario Quelqu´un commence à parler dans une chambre, publicado por Flammarion en 1995. 

Cuando Jean-Michel Maulpoix le comunicó a la autora la muerte de Claude Esteban ésta se encontraba en plena relectura de su obra, tomando algunas notas para la preparación de una ponencia sobre su poesía que presentaría en un Congreso dedicado a este poeta, ensayista, traductor y, sobre todo, gran persona, que la Universidad Paris X-Nanterre organizaba desde hace varios meses.

En diciembre de ese año iba a conocer personalmente a Claude Esteban. Por desgracia esto no fue posible. Ni Paris, ni Nanterre, ni ella misma pudieron entonces, ni podrán estrecharle la mano ya nunca, pero su voz sí estará presente, ahora y siempre en el corazón de quienes le conocieron.

Luego será mañana (en otra habitación) es un homenaje al poeta, a su poesía. Por ello Ángela Serna ha querido dedicar las páginas pares a sus versos, incorporando en las páginas impares esos otros versos que, sin saber cómo, le visitaron un 16 de abril, casi siete días después de su desaparición y tres días antes de su cremación. Desde el 19 de abril de 2006, el cementerio Père Lachaise acoge sus cenizas. Descanse en paz. Este poemario es un brindis a su recuerdo, en el que Ángela Serna nos ofrece un sorbo elegiaco en su honor, una andadura íntima por la vida y por la poesía, a la que podemos dar comienzo con esas palabras suyas tan hermosas con las que clausuró Quelqu´un commence à parler dans une chambre:

Tu étais si belle dans le matin
que j´ai cru que je n´allais pas mourir.

SERNA, Ángela LUEGO SERÁ MAÑANA (EN OTRA HABITACIÓN)

 

Utilizando las alas de la imaginación que sólo pueden ser otorgadas por la poesía, María Elena Solórzano sigilosa se introduce al estudio de la pintora, la mujer de vanguardia y la amante que fue Frida Kahlo. Observa cómo sus manos trazan ágiles vuelos, ella misma es una mariposa que revolotea dentro de un vergel pletórico de colores, aromas, sabores, plantas y frutos. 

Desde la poesía de Solórzano, Frida al igual que las mariposas, sufre una metamorfosis: pasa de ser la protagonista de una historia de dolor sublimado en la pintura, para convertirse en la libertad y la belleza mismas. Es mariposa y bruja oficiante de un vuelo gozoso. 

En cada uno de los 37 cantos que componen este poemario, la escritora logra una insólita empatía con la pintora y la celebra más que como a un icono femenino del siglo XX. Solórzano pinta los sueños que Frida seguramente tuvo. La obra recrea la atmósfera del estudio de Frida cuando a solas, deja volar su imaginación y su pincel. 

El sentido estético y el oficio de María Elena Solórzano como poeta, están presentes en Fridamariposa. Es por ello que el poemario en conjunto, puede ser leído desde distintas dimensiones simbólicas y representa una muestra de la madurez de la autora. 

Estela Guerra Garnica 


Frida Kahlo utilizó la imagen de la mariposa por su múltiple simbolismo, lo cual posibilita diferentes lecturas e interpretaciones de su obra. La mariposa ha sido tomada como símbolo de libertad, de fragilidad, de encarnación de diosas y entre los mexicas eran sagradas, en las leyendas celtas se les mencionan como encarnación de hadas, también son mensajeras divinas o de presagios de bienaventuranza. Representan la liviandad y así les llaman a las mujeres que venden su cuerpo. Las mariposas negras anuncian la muerte.

Frida, pintora mundialmente famosa, fue como una mariposa: frágil y bella. Siempre le rondó la muerte, el infortunio. Convirtió su sufrimiento en arte y en su lecho de dolor se pintó a sí misma, para lo cual hubo de colocar un espejo encima de su cama y trabajar en un caballete adaptado a sus posibilidades de movimiento. Con todo, tuvo la fortaleza de volar con la imaginación,de cantar a la vida, de minimizar el deterioro físico cubriendo sus lastimadas carnes con hermosos vestidos típicos de México y de vivir intensamente. Fue una mujer de vanguardia que jugó a ser hombre y mujer y que buscó con ansiedad la otra mitad de su ser. María Elena Solórzano confiesa: "Todas las mujeres tenemos algo o mucho de Frida y queremos levantar el vuelo como las mariposas para probar todos los néctares y sentir esa libertad que nos da el sentirnos suspendidas en el suave viento de la vida o llevadas por las fuertes ventiscas cuando se desata una tormenta". No duda en reconocer que al realizar la obra sintió la primera frustración de Frida al enfermar de polio, la soledad, el afán de saber y de igualar a los varones más brillantes, el accidente que sufrió y que la dejó más lastimada e inútil que antes, esa sensación de sabernos polvo (nada), su determinación para vivir, su gran amor por Diego y la agonía de sus últimos días, que fueron terribles. Y todos estos sentimientos los vierte en latidos a los versos que conforman Fridamariposa.

María Elena Solórzano/Adrián Arza
SOLÓRZANO, María Elena FRIDAMARIPOSA

 

Los secretos del enebro es la recreación poética de varias de las antiguas leyendas célticas más importantes. Generalmente, estas leyendas se clasifican en tres grupos principales, conforme a su cronología, composición y temática. Un primer grupo lo constituirían las Leyendas Primigenias, aquellas que nacieron en la Edad de Hierro y se desarrollaron hasta bien avanzado el imperio romano y que recogen la originalidad de la cosmogonía y mitología celtas; un segundo grupo estaría formado por las Leyendas Nuevas, aquellas que, influenciadas por la hegemonía ideológica del cristianismo, muestran la cosmogonía genuina celta interrelacionada con elementos, héroes y mitos de la cosmovisión cristiana; y por último, un tercer grupo lo integrarían las Leyendas Artúricas, aquellas que se generaron a partir del siglo VI y que se centran básicamente en las andanzas del rey Arturo, este personaje ilustre de la mitología británica y francesa, y en las aventuras de sus caballeros y cortesanos. Solórzano se inspira en algunas leyendas que corresponden exclusivamente a los dos primeros grupos de leyendas mencionados, y se transforma en una peculiar druida que aúna en un único relato poético la fuerza incontestable de la maestra guerrera que adiestra a los y las elegidos/as en la lucha por la vida, con la sabiduría del unicornio y con la belleza de un canto a la naturaleza. Es la druida enseñante del arte de vivir, la druida vidente y filósofa que preconiza el sentido de la existencia humana y profetiza el porvenir y, también, la druida barda, la poetisa que celebra con alegría la fiesta del descubrimiento de los secretos del enebro y baila junto a los héroes y heroínas de la tradición celta Niam, Oisin, Finn, Saba, Angus, Crunden, Conchobar, Cormac, Fuamnach, Macha, Caer, Naisi y Deirdre, en medio del bosque mágico de la poesía, la danza de la noria de los solsticios y los equinoccios y de la armonía de los contrarios. Esta druida viviente sigue el rastro de ceniza del último caldero donde hirvió la carne blanca de la sierva, erigiéndose en la bruja que ofrece al lector un brebaje de amor inconmensurable, pasiones primarias y sentimientos seculares, y haciendo posible que todos estos personajes legendarios renazcan a la poesía, en un sortilegio de poemas modelados, según el ámbito temático de que se trate, a veces con un estilo contenido, pudoroso y hermético, y otras, con un estilo desbordado de significación, voluptuoso y desprendido de tópicos estéticos, poemas que están escritos en pálpitos de latido auténtico, en esencias de íntima verdad y con los colores del alma, y que desvelan a quien los lee el mágico universo interior de la poetisa, un universo en el que resplandece el firmamento estrellado de la poesía. Solórzano, lejos de mostrarse como una poetisa de la abstracción, una profeta de la idealidad, una intrigante de la ecuanimidad o una vendedora del paradigma del bien y del mal, se nos revela como una tejedora de girasoles que hila sueños y verdades en la buhardilla de los elfos, y que anhela degustar la fragancia a luna y madreselva de la poesía, mientras en el gineceo de las flores maduran las palabras que, a la postre, devendrán en metáforas y versos. El resultado es este extraordinario poemario que nos desvela los secretos del enebro.

ADRIÁN ARZA
SOLÓRZANO, María Elena LOS SECRETOS DEL ENEBRO

 

"La lluvia de los días sobre la selva" es un auténtico orvallo de escenas bucólicas de una selva que sólo perdura en los sueños y los recuerdos de la autora; escenas que se despliegan en imágenes de una estética exquisita que hacen aun más dolorosa la remembranza del antiguo esplendor natural de la selva y más traumática la constatación de la cruda realidad de una exuberancia vegetal reducida a triste paramera , de unos cerros despoblados y alfombrados con cascotes y de un paisaje desvanecido en las tinieblas de una civilización al borde de su propio exterminio.

NICOLÁS ZIMARRO

TREJO SIRVENT, Marisa LA LLUVIA DE LOS DÍAS SOBRE LA SELVA

 

Juegos de la memoria, poesía para despertar al dormido, fosforescencia hecha palabras para encontrar la llave que destrabe los cerrojos del olvido. Este libro nos desafía.

El ser del hombre habita en su memoria, casa de la existencia donde el recuerdo es ese peregrino que necesita errar, vagar incesantemente para encontrar lo perdido. Errancia perpetua en el poeta donde la creación -el gesto mismo de crear- se convierte en otra forma de recordar, de despertar a la vida aquello que siempre está en pugna con uno mismo. Y se resiste. El crear posibilita, también, infinitas reconciliaciones. Como el recordar, que nunca es exactamente aquello que sucedió. La memoria tiene sus juegos. Sus reglas intencionales y desconocidas. Ningún olvido es casual. Recordar nos permite, al igual que el crear, darnos cuenta que no hay clausura de la existencia, que siempre habitaremos en el poema general del universo que es mucho más que el revés del poema que leemos. Poema que se inscribe en un territorio otro impredecible y tan real como el juego de los espejos, calidoscopio del pensamiento en la mirada.

Al mismo tiempo que un poeta escribe, le está prestando la mano, su voz, a tantas voces y manos desconocidas que vagan por la tierra, por su mundo, que son de todos y no admiten gobierno. En esa elección de vida, que es militar para la poesía, aceptando la elección que le precede (porque la poesía es anterior al poeta) el hombre testimonia el canto y el llanto de su tierra, de los otros. Hay un punto en que su ductilidad es tal que una palabra respira el aroma de una magnolia o un río incesante corre por la cadencia de su poema. Así va apareciendo la historia de un poeta, de su patria, acariciando la tierra y la existencia misma. Así nos desafía Reynaldo Uribe a pensar el mundo. Su firme militancia por la vida le ha dado, entre otras cosas, la posibilidad del pensamiento agudo, profundo, y esto aparece en la estructura general de sus poemas por lo cual es algo mas que poesía escrita -palabra aferrada al papel-, es palabra liberada de sus prisiones y devuelta al mundo con dignidad resignificada.

Mónica Muñoz

URIBE, Reynaldo Vasco JUEGOS DE LA MEMORIA

 

Heinrich Böll decía, refiriéndose a la situación de los escritores alemanes de posguerra: “Se debiera saber algo que es mucho más atinado, es decir: la búsqueda de un lenguaje habitable dentro de un país habitable”.

Una definición, que hoy continúa vigente en nuestra sociedad. “La generación más reciente tiene que trabajar con empeño, tiene que hallar la salida, tiene que hacer habitable este país también en el plano de la literatura. Un país es habitado y habitable cuando uno puede sentir nostalgia por él”.

Y yo pregunto, ¿quién puede añorar la última década de nuestro país? Pero tanto ellos (los sobrevivientes de la segunda guerra) como nosotros, hemos dejado —porque era nuestro deber para las futuras generaciones— testimonio del horror.

“A los que no pudieron escribir su último poema”. Así comienza resistencia, de Reynaldo H. Uribe: con una dedicatoria despojada de todo artificio; el destinatario implícito es el ausente.

El título coincide con el tema central de la obra: la “resistencia” que surge de parte del hombre aislado por la represión frente a una sociedad no elegida que lo oprime y margina; como contrapartida está la búsqueda, a veces infructuosa y otras desesperada, por rescatar la dignidad humana.

Este tema se desarrolla mediante dos ejes semánticos contrapuestos: individuo versus sociedad, que corresponde a la oposición eros-tanatos. 

Los motivos que representan esa sociedad deshumanizada serán entonces: la corrupción (“No hay / un solo rincón / uno / donde la lágrima / permanezca intacta / limpia /ella”); el exterminio (“que devora los últimos poemas”), el amor degradado (“alguien quiere / que el amor / sea una rata...”); el poder (“cuidado nuevos dioses / con programar amaneceres...”).

En contraposición, aparece el segundo eje semántico representado por los sentimientos más íntimos de la condición humana: la lucha (“se puede / aún / resucitar el sol”); los sueños (“los sueños / de hoy / son pájaros / sin cielo”); la tristeza (“cuando vea una rosa / y esté solo”).

Poesía nominal, libre de toda retórica, utilización precisa de la síntesis. Emplea un lenguaje desgarrado, ícono de esa realidad. Intenta desde el plano de la escritura plasmar la represión vivida cotidianamente; para esto se vale de imágenes expresionistas como “alguien quiere que el amor sea una rata...” o “no sé / si prostitución / es abrir las piernas / o cerrar los ojos”.

Tal vez uno de los hallazgos más sorprendentes de resistencia es que en ningún momento menciona el referente real, sino que está implícito en cada palabra o frase del poemario. No hay protesta fácil sino un reclamo justo del hombre hacia el hombre.

Esta segunda edición significa, en este caso, mucho más que una cantidad de volúmenes vendidos; implica a un lector, a un coautor que ha sobrevivido, que ha elaborado su propia “resistencia”.

Ana Victoria Lovell

URIBE, Reynaldo Vasco RESISTENCIA

 

Casa de vidrio es un poemario de Reynaldo Uribe. "Arte poética" inaugura la serie y presiona como el manifiesto lírico de quien ha rozado tierra firme y apuesta a defender ese lugar: Yo llevo tranquilamente / mi alma en un plato / al almuerzo de los años futuros. ¿Qué características rodean dicho lugar? Quizás el del cuartito de atrás -la metáfora le pertenece- donde las herramientas familiares potencian los trabajos más gratificantes. Allí se alimenta la resistencia. Resistencia a la intemperancia de una época, donde el ruido del mundo ha ensordecido la voz de las utopías. Resistencia a no dejar de ser uno mismo.
Parece oficiar como portada y cierre de los poemas que le suceden, y nos invita a un recorrido por sucesivas etapas o estaciones existenciales que se insinúan en el resto de la muestra lírica.
Su imagen poética dominante concentra el croquis de un proyecto ético. El alma=plato es una invitación, es circular como la amistad, proscribe la arista -siempre mezquina y discriminatoria-, tiene un centro, pero está abierta y disponible. Aparece como un exorcismo de todas las formas de la muerte.
Enhebran el resto de los poemas un mismo vibrar: la emoción se hace palabra, pero cuando lo visceral presiona busca la sentencia más clara. Ausculta sin concesiones, pero manifiesta con parsimoniosa calidez. Da vuelta en sus pensamientos pero no revuelve una retórica.
Su imaginación roza lo visionario, pero urbaniza sus escenarios significativos. Esta urbanización visionaria tiene un centro simbólico, la "casa materna", ese Paraíso perdido donde se respiraba la inmortalidad, que es sólo un apunte fugaz en el recorrido azaroso del existir humano como constante expulsión, hasta enfrentarnos con los límites del último umbral ("El riesgo de lo vivo").
Entre estos dos hitos -Paraíso perdido y "último umbral"- está la intemperie de las calles ciudadanas ("Otoño", "Poeta por la ciudad") en cuyas veredas se acumulan el saldo, lo descartable, el olor y el detritus de la soledad que es igual en todas las esquinas del mundo, cuando las ensombrece alguna injusticia.
En esta polis de los desesperados, desestimada por apresuramiento de los que tejen lazos en la polis de los satisfechos, la acumulación cierra toda garganta: Las palabras caídas / mientras tanto siguen allí en la alcantarilla / tapando las hojas secas que caen tapando / a las palabras que caen y nadie / está dispuesto a recoger. ("Otoño")Aquí aparece una figura fundamental: el testigo. El poeta alude sin estridencias a una misión, la de ser un militante de la memoria, porque puede reconstruir "ventanas" entre el ahora y el mañana ("Los testigos").
El mapa de la ciudad es una manera de situar y sitiar su morada, que no es sino el recinto de otro límite: "el espejo", duplicación del rostro y de su historia ("De espejos, poemas y suicidios"). La instancia del "espejo" es el tópico donde confluyen todas las preguntas.
Pero no deja de lado otros elementos protagónicos: los conspiradores, los monstruos, los fantasmas que anidan en la sombra o aparecen en distintas formas de opresión. Sólo el amor es el paliativo y el alimento de la resistencia. Porque amar es conspirar o respirar juntos, la forma más consistente de vibrar al unísono, de consolidar la fuerza.
Pero en este forcejeo entre esa plenitud amorosa -última y cristalizada trinchera de la resistencia- y la intemperie, donde asedian la soledad, la incomprensión, los fantasmas, los conspiradores, hay una tensa espera ("Alguien"). "Alguien" es un anónimo y azaroso paladín de la esperanza, "alguien" que pueda reemplazar al centrofoward que murió al amanecer, tomar su lugar y dar con la jugada certera que revierta la derrota de la justicia.
Reynaldo Uribe arquitectura sus imágenes con símiles de la construcción urbana: ciudad, calles, casa-morada, espejo, ventana, cerrojo, umbral. El lector percibe que es convocado a un recorrido que no le es ajeno, es su propio transitar desde el mundo hacia su soledad. El poeta señala al espejo como testigo o como barrera infranqueable, a la ventana como bisagra para pivotear entre la memoria y el futuro, pero sintetiza en la imagen del cerrojo tenaz ("Cerrojos") sus propias posibilidades liberadoras: encontrar la llave extraviada que se parece a una palabra.



Inés Santa Cruz
URIBE, Reynaldo Vasco CASA DE VIDRIO

 

He dejado que las palabras silenciosas de la noche/ se deslicen por una gárgola infinita hacia el corazón/ que habita en el centro de tu pecho/¡Que bella esa mujer dormida con su desnudez crepuscular!/Una y mil veces he besado su cuello dormido/ Una y mil veces he recorrido suavemente su cuerpo sin despertarla/ He dejado que la memoria se inserte en mis manos/ He custodiado su sueño en una vigilia intensa mientras ella…/ Ella duerme sosegada/ abrigada de candor. Un sentir propio/ Musical/ Transformado en permanencia renovada/ Consagrada en ir y venir/ Largo viaje silencioso/ Una nota templada en cuerdas de guitarra//Un rostro diluido en néctar/ Un todo/ Rugido de esperanza/ Una llave olvidada/ herrumbrada por el tiempo/ Cuatro barcos soñando en aguas calmas/ se desplazan en silencio/ ante cientos de espigas plateadas/ Quietas/ Expectantes/ Formadas simulan ejércitos en alerta/ Visiones invisibles/ Calidez de contraste/ Armonía/ Sugestivas muestras de impactante vida/ Camino inexplorado del ser/ Una sorpresa/ Una promesa/ Un viento suave/ Remeda brisas envolventes de misterio/ ¡Que bello!.... /Imágenes encaramadas/ Envueltas/ Casi prisioneras sin ataduras visibles/ Libres ellas/ y a su vez/ esclavas del arte/ Imagen de recuerdo/ Misterio de color.

Gustavo Vaca Narvaja
VACA NARVAJA, Gustavo ROCAS EN FLOR

 

Amórfor es un libro que se ampara en el acto puro de quebrantar o de cambiar algo mediante la ejecución. No hay nada pasivo. Porque no se entiende la ley o porque no se ve el límite de proseguir. Las consecuencias. Para este caso pecado y pureza son sinónimos absolutos. En esa mal entendida pero vital liberación que implica infringir una ley, humana o divina (para todo lo que no entendemos), por el "simple" hecho de ser naturaleza en naturaleza. O alguien le va a decir a una rara mariposa: Espérame en esa flor que voy a traer la cámara para tomarte una foto. Todo lo posible la naturaleza lo permite. Vivimos en el mundo imaginario y no en el real. Los versos están tan medidos que se tornan desafiantes para la forma en que pueden verse. Es mi manera de mostrarle al mundo que no hay nada que germine en nuestra mente y que no sea posible de realización. Y esto porque el estado de pensar también es una acción natural. De la naturaleza. De la filosofía si se quiere.

VALDERRAMA CRUZ, Salomón AMÓRFOR

 

El conjunto de poemas que he titulado Facción de imperdido al arte resuma en el descontrol. En ese orden "aparente" que nos envuelve por reconocimiento. En la pérdida de ese orden para ver otros. Se revela la probabilidad de ya no creer en nada. Ni en vida ni en muerte. Se desarrolla las antípodas de nuestra especie para ver por los ojos de otros hombres más distantes, más fuertes, más imaginarios que nosotros. En camino a la última guerra, el sempiterno atardecer. Y tal vez alguna lograda libertad.

La escenografía de espejismos que articula Facción de imperdido al arte enfatiza la batalla contra las sombras de una mecánica impuesta por códigos inútiles, por ineficaces programas que sólo recortan los innumerables puntos de mira ante una realidad asfixiante y caduca. El libro invita al lector a ser partícipe de un esquema liberador de potencias interiores para derrocar la falsa validez de lo visible, para celebrar nuevamente la contradanza frente al fuego y los elementos, para por fin "revivir el inconsciente una y otra vez atropellado". Chrystian Zegarra

Un mundo de violencia verbal atraviesa el libro de principio a fin... El poeta sufre y ese sufrimiento lo hace escribir los poemas que ha escrito y que nos conmueve, precisamente, porque luchar por la justicia forma parte de una moral o de un estilo de vida que permite transformar las cosas a imagen de lo deseado. Enrique Verástegui 

Salomón Valderrama Cruz es un poeta 'víctima' del torrente, de la incontrolable inundación en que nada, se hunde, traga agua, palabras, barbotea y se deja arrastrar por la visión desesperada de decirlo todo. Saludo a un nuevo poeta... que ya era hora de relevar la guardia. No es egoísta, sino generoso como su propio vendaval poético, incluye en el anaquel de su historia a todos los que puede -quiénes algún día se felicitarán y tendrán que estar a la altura de ese honor. Sigue soñando poesía, poeta, me has alegrado la vida. Cecilia Bustamante

VALDERRAMA CRUZ, Salomón FACCIÓN DE IMPERDIDO AL ARTE

 

Una sed infinita de beber en los cauces de la "verdadera poesía" instan e impelen a Camilo Valverde-Mudarra en su tarea creativa. Él recorre, sin estridencias,, con su mochila repleta de pálpitos e ilusión, la senda que tantos y tantos poetas, preocupados por el sentido de la labor poética, dejaron insinuada en la superficie de la mar. Sigue su estela quebradiza y, como ellos, camina a tientas sobre las aguas de su propio piélago poético, sin hundirse, con la mirada hendiendo la calígine que borra el horizonte donde reverdecen los campos de la tierra de promisión literaria. F. G. Lorca, en carta a J. Guillén (9-9- 26), dice: "El mar empequeñecido y los marineros de jalea de muchas poesías recientes se ahogan en esta monótona y depurada "agua duramente verde” que va como un friso de mármol al sitio eterno y simpático de la verdadera poesía que es amor, esfuerzo y renunciamiento”. Tal sitio eterno se encuentra en la maravillosa cadencia del "dezilde que adolezco, peno y muero" de S. J. de la Cruz o en la conjunción calificativa del "verde que te quiero verde" de Federico. La emoción poética se plasma en hondura fehaciente cuando los versos de estos dos sublimes poetas nos inundan y sobrecogen. Ciertamente, la poesía, la verdadera ondulación lírica, reside en el amor, en el esfuerzo y el sacrificio.

Camilo Valverde, por su parte, cumple sin duda esta triada de requisitos, y en este poemario ofrece al lector la emoción y la vibración líricas que rozan los ámbitos de aquella "verdadera poesía" que camina al lugar "eterno y simpático" a que alude la expresión lorquiana. Así ocurre con "Arrecifes del alma". El poemario consta de cuatro partes, muestra y principio de diferentes proyectos. Renunciando a la unidad temática, Valverde-Mudarra ha optado por esta estructura para reflejar otras posibilidades y otros poemarios que duermen empolvados esperando sacudirse la obscuridad y hallar ocasiones propicias a la voz del “Exi foras”.
VALVERDE-MUDARRA y CARRILLO, Camilo ARRECIFES DEL ALMA

 

Silencios es una introspección caleidoscópica en la conciencia del autor, que se revela en una expresión poética de su interpretación del mundo. Es un diálogo íntimo con los seres inertes, esos seres sin vida que forman parte de nosotros mismos, y que es necesario mirar, sentir y pensar para conocernos mejor. Así, por ejemplo, un viejo zapato informe tirado en la esquina de una acera es algo más que cuero amorfo, es la manifestación del sin sentido de un objeto inútil. Sugiere la soledad y el abandono de quien ha perdido su pareja, aunque también nos permite imaginar las veces que fue charol en el que se miraba la luna. Una concha vacía que arriba a la playa es una tumba en el cementerio de las conchas, mas pronto se convierte en el hogar de un cangrejo solitario. Una pequeña piedra perdida en cualquier camino es ciertamente insignificante; pero, cuando la luna se refleja en su piel mojada por el rocío, se torna en una luciérnaga de plata que titila con luz trémula. Un piano abandonado en una casa deshabitada es como un ataúd guardado en un mausoleo, es la muerte que desola el cuarto de la música. Y si quisiéramos hablar con ellos, su respuesta sería el silencio. El silencio de una boca abierta en forma de puntera rota que esconde una lengua abarquillada y muda. El silencio que presagia la presencia de un cadáver. El silencio de quien perdura hundido en el barro o a golpes de puntapié. El silencio de una sonrisa de hielo, la misma que esboza el piano que muestra una dentadura perfecta e impoluta, que no es sino la mueca de una calavera.

ZIMARRO, Nicolás SILENCIOS

 

Cartas a Fan es la expresión poética de los cinco estadios de una experiencia amorosa vivida desde la distancia.

El salitre en la piel, las brumas de la ausencia, el tuétano de los huesos hecho lumbre, la horma del zapato de una ola y la suavidad de los pétalos de la margarita del reencuentro podrían ser los nombres de estos estadios.
ZIMARRO, Nicolás CARTAS A FAN

 

En Morada de mi sombra Emilse Zorzut se zambulle en la profundidad de su propia sombra, o lo que es lo mismo: muestra su más íntima realidad, el auténtico pálpito de su entraña, a través de las formas que adquiere su sombra proyectada desde todos los posibles prismas lumínicos. Decía J. Ortega y Gaset que el individuo humano se conformaba por él mismo y su circunstancia; L. Wittgenstein, por su parte, afirmaba que éste se constituía por él mismo y su mundo; asimismo, J. P. Sartre sostenía que el individuo humano era proyección existencial y que su esencia se explicitaba a la conclusión del proyecto de vida que cada individuo humano es. Pues bien, Emilse Zorzut viene a decirnos, por medio de versos de extraordinaria factura e insólitas metáforas, que ella no es sino ella misma y su propia sombra en todas y cada una de sus posibles proyecciones.

Esta sombra se manifiesta en múltiples formas y en espacios diversos, así p. e., en una corona de guirnaldas o en las espinas del tallo de una rosa, en la espalda de un ser miserable o en los pies del ser amado, en la superficie de la mar o en el rincón del dormitorio, etc... A veces es una sombra pendenciera, despiadada, casi inhumana, que la acorrala en la reserva de sus sentimientos; otras veces se extiende en un abrazo al infinito; otras, es la imagen del silencio, un rayo de oscuridad que atraviesa el corazón, ajeno e indiferente; otras, reverbera en el murmullo de las aguas de un río; otras resulta taimada y traicionera, y apuntala el dolor del alma; otras, se presenta extraña y enigmática, como un halo de misterio que cautiva sus sueños; otras, es el filo de la daga que amenazante empuña la adversidad; y otras, es tierna caricia, reflujo de luna... Sí, ciertamente, Emilse Zorzut es la morada de su sombra, un templo único e inefable que se significa en una umbría polimorfa, en un baile de sombras propias que crecen hasta confundirse con lo inabarcable y se contraen hasta concentrarse en un punto de noche bajo los pies, que se desplazan avanzando el perfil del futuro u hostigando a la espalda con la rémora del pasado, que se insinúan en la distancia y se aquilatan en los ojos de los más próximos a ella, y que embruman los sentidos con su voracidad de tiniebla o se desvanecen al calor de un beso.

Adrián Arza
ZORZUT, Emilse MORADA DE MI SOMBRA