|
|
Juegos de la memoria
JUEGOS DE LA MEMORIA
Reynaldo Vasco Uribe
PRÓLOGO AL LIBRO JUEGOS DE LA MEMORIA
Juegos de la memoria, poesía para despertar al dormido, fosforescencia hecha palabras para encontrar la llave que destrabe los cerrojos del
olvido. Este libro nos desafía.
El ser del hombre habita en su memoria, casa de la existencia donde el
recuerdo es ese peregrino que necesita errar, vagar incesantemente para
encontrar lo perdido. Errancia perpetua en el poeta donde la creación -el
gesto mismo de crear- se convierte en otra forma de recordar, de despertar
a la vida aquello que siempre está en pugna con uno mismo. Y se resiste.
El crear posibilita, también, infinitas reconciliaciones. Como el
recordar, que nunca es exactamente aquello que sucedió. La memoria tiene
sus juegos. Sus reglas intencionales y desconocidas. Ningún olvido es
casual. Recordar nos permite, al igual que el crear, darnos cuenta que no
hay clausura de la existencia, que siempre habitaremos en el poema general
del universo que es mucho más que el revés del poema que leemos. Poema que
se inscribe en un territorio otro impredecible y tan real como el juego de
los espejos, calidoscopio del pensamiento en la mirada.
Al mismo tiempo que un poeta escribe, le está prestando la mano, su voz, a
tantas voces y manos desconocidas que vagan por la tierra, por su mundo,
que son de todos y no admiten gobierno. En esa elección de vida, que es
militar para la poesía, aceptando la elección que le precede (porque la
poesía es anterior al poeta) el hombre testimonia el canto y el llanto de
su tierra, de los otros. Hay un punto en que su ductilidad es tal que una
palabra respira el aroma de una magnolia o un río incesante corre por la
cadencia de su poema. Así va apareciendo la historia de un poeta, de su
patria, acariciando la tierra y la existencia misma. Así nos desafía
Reynaldo Uribe a pensar el mundo. Su firme militancia por la vida le ha
dado, entre otras cosas, la posibilidad del pensamiento agudo, profundo, y
esto aparece en la estructura general de sus poemas por lo cual es algo
mas que poesía escrita -palabra aferrada al papel-, es palabra liberada de
sus prisiones y devuelta al mundo con dignidad resignificada.
Mónica Muñoz
2006
Toda esa rica, imperturbable humanidad se adhiere de algún modo a mí; me
siento sumergido cada vez más en el humeante resplandor del polvo y de la
greda milenaria desde donde, los seres que dejaron su silencioso paso
enredado en la tierra de los siglos, me buscan o los busco.
(Permanencia a través del olvido)
Liber Fridman
Y de pronto reanuda
el viaje
como
después del naufragio
un sobreviviente
lobo de mar.
(Alegría de náufragos)
Giuseppe Ungaretti
Epitafio para mi tumba
Aquí
duerme alguien
que tuvo la fortuna
de jugar con la muerte.
Un porfiado
que no perdió
ni ganó;
simplemente
amó la vida
y se fue con Ella,
vieja amiga
que lo llevó de la mano
a recorrer tiempos
que le hubiera gustado vivir.
El que aquí está
dejó cuatro árboles en pie
para su orgullo y vanidad:
cuatro puntos cardinales
que marcarán el rumbo
a futuros caminantes.
Aquí descansa
quien tuvo la suerte
de conocer
a la mujer de sus sueños.
No se acuerden de él.
No lo traigan a la memoria.
Está feliz
entre árboles y arroyos,
bebiendo en manantiales
de la tierra
de sus afectos.
Pequeña patria
El desierto
las montañas
selvas y llanuras
son parte
de mi pequeña patria.
Algarrobos
y chañares
son refugio o leña
en la extensión del camino.
Pero
mis pasos encuentran,
en cualquier territorio,
el suspenso para su propio peso
cuando la voz humana
fundamenta el equilibrio.
Nombres de mujer
Escritos
con tinta en los papeles,
grabados en la corteza de los árboles;
con aerosol pinté en las piedras de mis laberintos
las letras de sus rostros,
y dibujé cada sílaba de la piel
con la precisión
de los planos de Palladio.
Pero
quedaron bordados
en sábanas que ya no tengo.
Algunos nombres
no se recuerdan
ni se olvidan
ni siquiera
alcanzan a morirse.
Talampaya
Rojos paredones
carcomidos por el viento,
voces del silencio,
miradas de la luna.
También la tierra
tiene momentos de soledad,
cuando ve a los hombres
carcomidos por la luna
las voces del viento
las miradas al vacío.
Juegos
Ella
no me mira
pero sabe que yo sí,
y pone su mejor perfil.
Son para mí
sus gestos,
sus sonrisas,
el golpe de cabeza para acomodar
cabellos
sobre la frente,
que ondean y es bello su peinado
sabe que me gusta.
Después
se invierte el juego,
Ella me espía,
yo
distraído
busco una pose
de película antigua,
acaricio mi cara
y ella entiende
a quién estoy acariciando.
Cuando la luz se enciende
nos vamos.
Sin mirarnos,
Ella me lleva en sus retinas
no puede
llevarme de otro modo
yo escribo estas palabras
que está esperando
sabe
para quién son.
Allanamiento
Estantes desnudos
entregándose a un tiempo sin aliento:
poetas por el suelo
desamparados como pájaros sin alas
lloran
burlados y maltrechos.
Un gato temeroso
pasea por el silencio
su dignidad acobardada.
La luz de las ventanas
dibuja
una absurda rayuela en las veredas.
La ciudad,
solitaria
y sin testigos.
Puertas apagadas
Cuando el poema y el sueño
han perdido el poder de convocar
otro sueño
otro poema
el dolor
es un hueco
que corroe las entrañas
despojando a cada víscera de su nombre,
hasta dejarlas
como los corredores
oscuros
sórdidos
de los presidios.
Cuando
nos es vedado el gesto
y lo que queda de él
se repliega como un océano sin agua,
el cuerpo
es una morgue vacía
caminando a tientas
sin encontrar
su cadáver.
Madres
Los tiempos cambian,
madre.
Antes
primero se morían los viejos,
la juventud era emblema de futuro.
Antes
el único jueves trascendente
era en abril, para semana santa.
Los tiempos cambian
madre
otros vientos
un extraño frío
pero tengo tu pañuelo
por abrigo.
24 de marzo
Pasaron
alguna vez
tiempos felices,
donde la palabra amor
rebalsaba
las cuatro letras que intentan asfixiarlo.
Hubo también tiempos oscuros, que quedaron
en cuartos íntimos de la memoria
(vedados para amigos y extraños)
como la presencia de una torva heráldica;
los que dieron
otra mirada a cada nuevo amanecer,
otro sonido a las hojas secas y al silencio.
Quedó
inútil
nuestro cuerpo
paralizado
desmembrado
desgarbado
sordo a los sentidos
ajeno
a palabras que nunca
sirvieron de consuelo.
Quedó una mirada extraviada
con gusto a nada para iniciar el canto,
manos inservibles para amasar la palabra,
la pereza de un corazón que late
menos veces por minuto y un minuto interminable
que desafía la impotencia, el miedo
a la serenidad, a aquello que otros
llamaban amor, pero
hace tanto de los tiempos felices...
Las horas pasan, inexorables,
los tiempos viejos se guardan en la memoria:
son una casa abandonada
a la que han crecido árboles en los dormitorios,
enredaderas por las paredes en ruinas,
hermosos cardos en el camino de entrada;
hay también un buzón
esperando un sobre con el perfume de otras horas,
la palabra salvada del naufragio,
el color de los sueños, el gesto
que creímos perdido.
Los años pasan.
Las mismas veredas
fueron llovidas
caminadas
orinadas.
perdidas
encontradas
recordadas
y nuestros músculos
y huesos
reconcilian
la memoria que se amiga con la antigua risa,
que suena como en aquellos años y hace creíble
como en aquellos años
que nuestro sueño recuperará el amor
que nuestra mano atrapará al futuro.
Pero sin olvidos.
La vida esta en otra parte
No tengo la edad de las tinieblas
y la medida de mi risa o mi ternura
no abarca la dimensión de un haz de luz
ni la sutil polifonía de un prisma.
No tengo la estatura del ciprés
ni he caminado la distancia hacia el olvido;
desconozco el alcance de mis manos
y el contorno exacto de mis hijos.
No aprecié las bondades del infierno.
No he podido ser amigo del horror
aunque sé que ha estirado su mano tras mis pasos,
en aquellos tiempos del nunca jamás
que cerraron la puerta a Peter Pan;
he creído en la vida, en la palabra simple:
un madrigal, una copa de vino con amigos.
En mi pequeño libro
con moho, enmiendas, tachaduras,
están esbozados los trazos de mi rostro
que me mira sin reproches
desde el eco de mis propios sueños,
desde aquellas esperanzas que supimos conseguir
hasta las otras,
las que seguramente están
esperando que me atreva.
Cerro Colorado
Ahí está
esa curva del Río de los Tártagos
que Atahualpa contempla
descansando
bajo el roble.
Ahí está
el río
la mirada
que Pachi recoge
desde la sombra de su patio
y la convierte en copla
que sólo el viento
conoce.
He ahí el milagro,
pintado en las piedras
desde siglos,
escondido en el aire;
sólo visible
en el misterio de la noche,
en las orillas
del Río de los Tártagos.
Puertas
Estamos ante la puerta
que faltaba cruzar hacia la edad de piedra.
Ha pasado
la era del fuego y el vagar incierto.
La palabra búsqueda intenta conocer
significados para habitar su nombre.
Vanamente el hombre
desplegó su andar por vacíos continentes
intentando aprehender lo intangible de la búsqueda:
tal vez eternidad,
y matar haya sido sobrevivir a la muerte
en un juego circular de todo o nada
para que, al fin, tanta sangre coagulada
inmaterial y precaria
definiera un cuerpo presente e inasible llamado definitivamente muerte.
Edad de los metales.
Edad de los Estados y la institución de deidades.
Edad de buscar
la edad superadora de una edad no conocida.
A la diosa y reina
se le rinde culto con más muerte para elevar su talla;
quien la niega
inventa el pensamiento
dibujando extraños laberintos, recorriendo
las circuncisiones del cerebro, mostrando el sol
y la infinitud de sus rayos, la luminosidad plena del puro pensamiento,
para encandilar la soga o el filo de la guillotina
sobre esa cabeza empecinada
en mirar el lado equivocado de la vida.
Construcción de los signos, construcción de las ideas,
construcción de ciudades que protejan de la invasión,
salvaguarda de la mezquindad lograda
y a la vez
una mano dispuesta al zarpazo artero.
Pero la búsqueda germinal es la muerte
y la mano y el cerebro comulgan para consagrar el rito.
Estamos por cruzar las puertas
que nos llevan a la edad de piedra.
Conocer nuevamente el fuego
encontrar nuestro lugar en el mundo
reubicar a la muerte
hurgar símbolos
saber qué buscamos.
Marcas
La orilla sur
del Río de Los Sauces
guarda
la marca de su cuerpo
adolescente
sobre el pasto.
La orilla sur
del continente
guarda
muchas marcas
que vinieron después:
sobre el pasto y las veredas,
sobre la cama o el piso
de centros clandestinos de detención.
La memoria
siempre guarda
las marcas.
No las borra el tiempo,
la lluvia,
ni siquiera
sucesivas marcas que vinieron luego.
Pero
el Río de Los Sauces
cuida su cuerpo,
su adolescencia
y aquel amor
efímero
que el agua
los años
la distancia
no pueden
borrar de la ternura.
Aviso al enemigo
a Mercedes P. y a todas las
presas políticas en Carabanchel
La cárcel de mujeres de Carabanchel
quiere apresar las manos
las alas
los sueños,
quiere abarcarlo todo
como si fuera posible.
No es cárcel Carabanchel para Mercedes;
ella sabe que en los sórdidos pasillos
camina un visitante sin salvoconducto:
César Vallejo ronda por las celdas
y no dice “hay golpes en la vida
tan fuertes, yo no sé”, porque
la causa del pueblo triunfará,
mañana o pasado mañana triunfará.
No hay cárcel para Mercedes, no hay prisión
ni alambrados o tapiales sin ventanas;
no hay puertas, cerrojos o castigos
que aprisionen la memoria o la esperanza.
Cuando una mujer, aún en Carabanchel,
cierra los puños como el bebé cuando mama,
tenga cuidado el enemigo:
andará repitiendo
por los sórdidos pasillos
“hay golpes en la vida
tan fuertes,
yo no sé”, porque mañana
o pasado mañana
la causa del pueblo triunfará,
seguramente
triunfará.
Encuentros
El último cuarto
inmóvil
de la casa
es el panteón familiar.
Inmutable a las mudanzas ajenas
seguro
estable.
Por el vitraux cenital
del Sagrado Corazón
entra una luz tenue
que acompasa las palabras
de mi familia mayor.
No esperan a nadie,
pero cualquier visita es bienvenida.
La mesa de los domingos
está tendida para todos.
Helvecia
A mi madrina
Bordó
manteles para los altares,
fantasías para mi imaginación.
Después
sentí que su fe
acomodaba mis rodillas
para no caer:
amasó todos los panes
de cada comunión.
Hoy
intento recuperar su memoria
bordando trabajosamente
mis secretas celebraciones,
los tiempos que crecieron
con cada uno de sus juegos,
aquellas ilusiones
que armaron el esqueleto
sobre el que creció mi cuerpo.
Desafío
Quién será capaz
de salir del pantano.
Quién será capaz
de pisar descalzo
los peldaños calientes
buscando
la línea de horizonte.
Quién será capaz
quién
de traspasar el umbral.
Quién será capaz
quién será
el que escape del infierno
el que aún pueda aferrarse
a la esperanza.
Ruleta rusa
a Guillermo Ibáñez
Los días y los años
no han pasado,
mucho menos
las noches:
con la última ficha
apostamos a la vida.
No nos fue mal.
Compartimos
poetas amigos,
resistimos días inciertos,
años de plomo,
noches de soledad;
amores
como esa última gota de la copa:
no se toma ni se va.
No nos fue tan mal
amigo, al futuro
no le hemos mentido
y nos espera.
Los días y los años
¿qué importa?
la poesía
es la última ficha que nos queda:
la apostamos
o guardamos un vuelto
que no nos pertenece.
Antiguo amor
Los años pasan
efímeros como el sonido o la luz.
La ciudad cambia calle a calle,
algunos árboles no llegaron a viejos,
han crecido otros.
Los zapatos se gastan con las veredas
las veredas se gastan con nuestros pasos,
las estaciones
están vacías de trenes
y otros gestos reemplazan
lo que alguna vez
creímos permanente.
Sin embargo,
Bach viene de siglos,
hay calles que esconden todavía
lo efímero de nuestras sombras,
los tres robles permanecen de pie
dispersando su libertad por el mundo,
y de aquellos laberintos de ligustros y palabras
sólo nosotros conocemos la salida
porque disfrutamos imaginando itinerarios.
Los años se suceden,
el amor transitó
como esos pájaros que pasan de rama en rama,
atentos a los adagios de Vivaldi
o a los poemas de Nazim Hikmet.
El amor que supusimos promesa
no cabe en la palabra olvido.
Aunque ausente y gastado,
ahí está
latiendo en la savia de los robles,
palpitando como el corazón del pájaro
ante cada amanecer,
eligiendo rumbos
caminos
otras estaciones
en las que no nos esperamos.
En mi andar de soñador comprendí mi mal de vida
Andar
con la memoria a cuestas
refugiarme
sólo
en la estación que vendrá,
esa
que ya no recibe
ni despide trenes.
Buscar el amor
que siempre
parece cerca,
esconderme de la muerte
agazapada en mi sombra,
querer asir la vida
que inevitablemente
está en la línea de horizonte.
Habitar casas
como hoteles,
oler flores
del mantel y las cortinas
ver de las valijas
(como del vaso de vino)
la mitad llena
o la mitad vacía.
Alquimia
Mezclo
olores
que quedaron en mi almohada,
los agito
con cada gota de sangre
estremecida por el deseo
y los recuerdos.
Sin embargo,
no obtengo oro
ni plomo.
Apenas
un inventario de despedidas
que llenaron mi lecho
de olor
a lejanía.
He visto a Dios
Yo,
agnóstico declarado
ateo confeso
renegado por vocación
paria de dogmas
apóstata incondicional,
he visto a Dios.
Se sentó a mi mesa,
convirtió mis poemas en vino,
y lentamente
fue tachando las palabras.
No es agnóstico quien ha vivido para amar
ni ateo quien cree en la resurrección del amor.
No es renegado el que siempre busca una mujer para el abrazo,
ni paria si atesora todos los abrazos para hacerlos uno.
No es apóstata el que guarda su fe intacta
para entregarla al amor,
al abrazo.
Bebió de su copa
y se alejó despacio
dejando tan sola su luz en mi cuerpo,
esperando que sus palabras invoquen
una mujer
su ternura
el amor.
Cerrojos
Una llave extraviada
en la profundidad del océano o en
osamentas que calcinan las arenas
escorpiones que rondan pisan
anidan donde tiempo atrás habitó
un sueño
una ilusión
otro escorpión.
Viento. Sólo viento en las entrañas
de la memoria. Sólo memoria en las
entrañas. Sólo viento.
El mar es indescifrable para las tormentas
del desierto las arenas enceguecedoras
son indescifrables para los caracoles
o el canto de las sirenas.
El sonido suele ser una falacia
para aferrar a los sordos
al mundo de los ciegos. Hay rocas
volcánicas más duras que el corazón
más duro
más livianas que la mirada.
Mitos y epopeyas rondan el gesto
sombras chinescas sombras de los gatos
sombras de los sueños.
La fragilidad de memoria de los dioses
la proyección infinita hacia el olvido
de oraciones
rituales
sacrificios
flagelos para alejar a dios del cuerpo
comuniones con el lado oscuro e insondable
de uno mismo
su memoria
sus deidades.
Voces afónicas
agónicas
claman
exigen
suplican
extrañan
una llave
algo parecido
a una palabra.
Aquellos bares del 70
La nostalgia de mi corazón
no es de este tiempo.
(Ecuménico Peleta)
Ya no quedan
refugios para conspirar;
mucho menos
el viejo truco del café
para el más viejo truco
de enamorar a esa mujer,
sin la cual el suicidio
era casi imprescindible.
La ausencia de bares
y enemigos de uniforme
hace la vida difícil.
Las conspiraciones
son contra el vecino,
el café no tiene espuma
y no convoca,
enamorarse no vale la pena.
Tal vez sea necesario
refundar ciudades
sobre todo
algunas conspiraciones
Ella y mi madre
Madre supo
velar
por la muerte.
Larga
historia
de despedidas
sin reproches
apenas preguntas
Ella
se resiste a llevarla
teme
enfrentar su rostro.
La Tierra del Fuego
No hay asuntos extraños
en el confín del mundo.
Las noches de verano
son breves y frías:
cualquier horario es bueno
para el amor
y los gatos.
Las ciudades
entierran sus raíces
cada vez más hondo,
pero se las ve efímeras
etéreas
atentas a mudanzas
del viento,
de los sueños.
Los castores
cambian el curso
de los ríos.
Los turbales
cambian el curso
de los pasos.
Los hombres,
inmigrantes en su propia patria,
no tienen más caminos
para seguir huyendo;
el resto del mundo
queda tan lejos…
De los hijos
I
Nacerás un día.
No se
si el sol estará de fiesta
y los árboles serán concientes de su verde.
Pero serás dueño de tus manos.
II
Carolina
Algo
en tus ojos
construye futuro
algo que sospecha
ojos
mirada
atentos,
en algún lugar
está
tiene que estar
no hemos visto todo.
III
Nicolás
Y llegó por fin
una tarde de otoño
para espantar
con sus pequeños gestos
la voracidad de los sátrapas
y las caras mustias
que aún
tienen los brazos cruzados.
IV
Imanol
Mientras tu sonrisa
permanezca
como un gesto cotidiano,
será en vano
todo poema que te nombre.
V
Federico
silencio
complejo laberinto
que urde un mundo
otro
la vida
la palabra
tiene un sonido rojo
donde el amigo
comparte una trama
de palabras
y silencios.
Mis gatos
He tenido
casi
tantos gatos
como amantes.
¿Porqué
habría de olvidarlos?
Ellos también
me llevaron por la noche
a recorrer techos bañados por la lluvia
y hablamos un lenguaje
sólo por nosotros conocido.
Los gatos
las amadas
y yo
hemos sido fieles
a la libertad y el deseo,
estiramos nuestro cuerpo
amanecimos juntos
lamentamos despedidas.
En fin,
porqué olvidar a alguien.
Hermana
A Viviana
Tía vieja
gallina
que emula
a madre y las tías
con ala que cobija y salva.
Mujer
la búsqueda
de sí misma
valorada por otro
y la esperanza.
Hermana
en ese diálogo inconsulto
en que las palabras sobran.
Ciudad natal
Oh, la ciudad crecida entre maizales,
frescas aún las huellas de la indiada…
fuiste albergue fugaz, dulce posada
(Alejandro González Gattone)
Cada baldosa
que piso de sus calles
se transforma
en espejo de mi rostro.
Alguna vez
la casa en que nací
habrá sido borde
del desierto.
esos cimientos
recordarán los pasos de Bagual
hacia el arroyo,
o los cascos cansados de caballos
que llevaban almas a morir
por una Patria Grande que nadie conoció
ese techo,
cuánta sombra brindará al cansancio
de surcos y semillas en el tiempo
En este sitio
ya no hay cardos con su solemnidad erguida
ni ojos que se emocionen
por su tosca presencia en el paisaje.
Sólo ladrillos,
amasados con tierra regada por los sueños
y lágrimas por aquellos
que abonaron estas tierras.
Dejó de ser lugar de paso,
aquí se instalan
los luceros más hermosos
de la noche y el alba.
Alguna vez
estas paredes, estas calles,
disfrutaron de mi felicidad de niño
como yo lo hice de sus siestas,
sus rincones.
Seguramente
las veredas recordarán mis pasos
hacia el arroyo cuando era angosto,
y los caballos guardarán
los latidos de mi corazón
acompasados con la tierra,
con ese horizonte que parecía cercano,
apenas
después del viento.
La ciudad
creció en medio del desierto
como el maíz o el cardo,
y yo lo hice en ella
aprendiendo lo necesario
para el viaje.
A este lugar
no se regresa con la frente marchita.
Sus calles
la sombra de sus árboles
siguen siendo
espejos de mi rostro.
31 de diciembre
Intento
escribir un poema
al año que vendrá.
Después de hurgar
más de medio siglo
en aquél país de la memoria
donde luchan a capa y espada
los fantasmas, el olvido,
las escalas cromáticas del ánimo
y esa idea de realidad que es siempre vaga,
descubro
que nunca hubo
principios ni finales,
no hay registro cierto de mi verdadero nacimiento
y algunos agoreros no coinciden:
me han matado, vendido, traicionado
tantas veces,
que otras tantas sigo gozando
de mejor salud.
Es
que caminar un país
en casi todo el cuadrante
de su brújula,
ha sido un eterno renacer
en el asombro
de todos los colores de sus cielos.
Todos los días
de mi vida
anunciaron
el año que vendrá
este amor.
No quiero ya escribir.
Necesito compartir
de sur a norte
en mi memoria y mi futuro
este año
que aparece.
Juegos de la memoria
I
Fui un niño feliz.
Usaba gorra, trepé a los árboles,
me bañé en todos los arroyos,
bebí el agua de los manantiales
que brotaban en Pergamino;
mis amigos eran generosos
cómplices de sueños:
fabricamos batallas, circos,
aventuras insospechadas,
viajamos en el misterio de la siesta
a confines
tan lejanos…
Después bailé,
conocí
el beso furtivo,
el valor de un abrazo
una mirada
esa mano cálida sobre el hombro
que dice
lo que no saben las palabras.
Esperaba crecer
para compartir una copa
de hombre a hombre
con mi padre,
pero se fue sin esperarme.
Estudié
para dibujar la casa
donde la gente
encontraría abrigo,
y levantarla ladrillo por ladrillo
como si fuera mía:
disfrutar del sol de sus ventanas
aunque nunca lo viera;
pero
otras urgencias
delinearon
nuevos derroteros.
Luego
los hijos,
que crecen y son ellos:
tienen encarnada la semilla del amor
desde tiempo antes
de su primer llanto.
Amo tanto
a una mujer …
II
Ya se escapó la edad de la inocencia,
aunque no el niño.
Se fueron muchos sueños, ilusiones,
amigos,
no está mi padre,
los frutos del amor
engendrarán otros frutos.
Hoy me asusta
lo que no saben las palabras.
Y aquí estoy, desnudo en la fiesta
ante una puerta
que no sé si se abre
para que entre
o me vaya,
me cubra con la gorra
o las palabras,
o desvista lo que queda
de mi pobre corazón.
|